Boca perdía ante Atlético Tucumán, pero encontró en el empate en el alargue y tomó aire tras la derrota ante River

Argentina Superliga
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Atlético Tucumán

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  • Javier Toledo
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Boca Juniors

Boca Juniors

  • Walter Bou
Franco Tossi
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18 de marzo de 2018  • 17:45

SAN MIGUEL DE TUCUMÁN.- La consigna antes de meterse dentro del campo estaba clara para Boca : luego del duro golpe que provocó en el vestuario la caída ante River, por la Supercopa Argentina, sentía que no debía perder en la casa de Atlético Tucumán, un estadio siempre difícil y hostil. Lo importante era responder mentalmente al desafío y sumar más allá de lo que había dicho Guillermo Barros Schelotto el último miércoles: "Trataremos que esto no nos perjudique en el campeonato. El objetivo ahora es ser campeones y pasar de ronda en la Copa Libertadores". Sumar para volver a reencontrarse, de a poco, con la confianza perdida repentinamente. Y lo consiguió a través de la misma fórmula que ante Tigre: el gol agónico se hizo otra vez su amigo y le permitió rescatar un punto a un equipo que intenta con más empuje que juego, pero que ayer lo salvaron los pies de Emanuel Reynoso , el zurdo que ingresó en el segundo tiempo y lo hizo jugar mejor.

Es cierto, el gol que tanto se gritó en el xeneize lo convirtió Walter Bou , que se volvió a encontrar oficialmente con la red luego de un año y tres meses, cuando le había convertido el primer tanto al Millonario en el recordado 4-2 en el Monumental. Ahora, coincidencia o no, otra vez convirtió en otro Monumental (José Fierro). Pese a que el equipo de los Mellizos volvió a estar bajo futbolísticamente, con espíritu, empuje y voluntad protagonista, mereció más que el Decano. Pero la diferencia la hizo Bebelo en la última media hora: desde ese momento el conjunto azul y oro empezó a tener mayor claridad, especialmente porque anoche el entrenador puso al exTalleres en el sitio indicado: por la derecha, donde puede enganchar y perfilarse para su pierna izquierda, la más hábil.

El gol de Toledo

El gol de Bou

Tanto era el desconcierto con la pelota, que el Mellizo empezó a pedirle a sus hombres, mediante gestos, que empezaran a patear desde lejos. Reynoso cumplió hasta con eso y por eso fue el mejor del partido: en la primera que tomó, exigió a Augusto Batalla desde 25 metros. Luego empezó a ser fructífero con la filtración de pelotas y elaboración de llegadas. "Entró muy bien al partido: jugó, hizo jugar, gambeteó, arriesgó. Lo hizo muy bien", elogió luego su labor el entrenador.

Esa función, en el inicio del encuentro, estaba claro que era para Tevez, que moviéndose detrás de Ramón Ábila jugó tan mal como cuando él es el centrodelantero. Por momentos intentó sumarse a la zona de Pablo Pérez para entrar en confianza luego de varios desencuentros, a veces se juntó con Wanchope para armar un doble '9'. De enganche, como intentó jugar, tan solo se vio una pincelada Riquelmeana: pase filtrado a Ábila, que mano a mano erró un gol imposible a los 33 minutos del primer tiempo, cuando el local había abierto el marcado en la anterior jugada con un cabezazo de Toledo mediante una pelota parada, fórmula que para el Boca de Guillermo es un dolor de cabeza en la presente Superliga.

Muchos posiblemente se queden con el error que cometió Julio Fernández, el juez de línea N°2, al sancionar equivocadamente una posición adelantada en lo que era el segundo gol de Atlético. Sin embargo, el propio Bebelo generó con su habilidad una jugada que Álvarez cortó con infracción adentro del área y Darío Herrera no sancionó como penal. Polémicas al margen, si el xeneize se llevaba los tres puntos no estaba mal: tuvo muchas más situaciones claras y los tucumanos fueron ingenuos en no sentenciar la historia cuando tuvieron espacios de sobra debido a cómo Boca buscaba enloquecidamente la paridad.

"Estábamos golpeados por lo del miércoles, pero el empate suma y estamos bien. La camiseta de Boca hay que transpirarla e ir al frente como lo hicimos hoy", dijo el entrenador boquense tras la igualdad en San Miguel de Tucumán. Está claro que es consciente de que no se ven mejoras en el juego de su equipo. Por eso, mientras no se resigna en la búsqueda por encontrar un diagnóstico más alentador, cree que su equipo debe sostenerse en las intenciones.

Dentro de la alegría por el empate merecido y agónico, también hay un gusto amargo por no mantener la ventaja con sus perseguidores, uno de los objetivos que se había propuesto Guillermo en sus declaraciones posteriores a la derrota en Mendoza con River. El punto le duele al plantel desde ese pequeño lado: Talleres, el más cercano, ganó y se puso a seis unidades. El tema es que Boca lo recibirá en la próxima jornada, a la cual habrá que esperar dos semanas debido a la fecha FIFA que se asoma. En la Bombonera, cuando llegue el día, se vivirá un ambiente de partido de campeonato, más allá de que Independiente es otro duro rival que está en carrera.

Lo cierto es que Boca no se quedó en el vacío que generó el superclásico perdido. Otra vez la euforia final tomó su mano y lo acompañó a festejar algo que tuvo un valor más desde lo mental que desde lo futbolístico, pese a que con algo más de fortuna se podía haber llevado la victoria. Pero pudo rescatar algo. Se acerca la recta final de la Superliga y los hombres de Barros Schelotto tienen prohibido dar pasos en falso si quieren, al menos con el bicampeonato, sanar una herida muy profunda..

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