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Una gran playlist para escuchar en vivo, el espíritu del Lollapalooza

Anderson Paak & The Free Nationals, una de las perlas del día 1
Anderson Paak & The Free Nationals, una de las perlas del día 1 Crédito: Leo Vaca
Día 1. Red Hot Chili Peppers, Anderson Paak y Camila Cabello se lucieron en el comienzo
Gabriel Plaza
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18 de marzo de 2018  

Una chica camina con naturalidad vestida de unicornio y un chico lleva puesta una cabeza de caballo. La escena llamaría la atención en otro lugar. Pero están en el predio del campo del Hipódromo de San Isidro. Es el primer día de Lollapalooza.

Lo que sobran son los looks estrafalarios y divertidos y la falta de una tribu musical. El público es una masa diversa que refleja ese gran random musical donde conviven el rock, el pop, el rap, lo clásico y lo moderno. En el primer día, la gente -niños, adolescentes, jóvenes, adultos y veteranos- escucha más de diez horas de música en vivo como si fuera una gran playlist diseñada por el Sr. Lollapalooza.

Es el día en que cierra Red Hot Chilli Peppers, un grupo que parece clásico y de vieja escuela frente a propuestas centennialls como las de Camila Cabello, una estrella emergente del pop que todavía no se sabe cuántas temporadas durará.

En el Lollapalooza suenan artistas que están en pleno ascenso, otros que nadie recordará el año que viene, otros que son los que quiere ver todo el mundo y otros que ofrecen momentos memorables y sorprendentes, según el perfil del consumidor.

El primer día tuvo de todo, pero sin duda la cuota audaz y fresca (más allá de la buena reacción que despertaron bandas como Spoon y Royal Blond) fue para dos nuevos íconos del hip hop contemporáneo: Anderson .Paak & The Free Nationals y Chance The Rapper.

Paak es de California, soulero por naturaleza, rapero por adopción, baterista y con un sentimiento para cantar que recuerda a Marvin Gaye. Lo tiene todo en dosis perfectas: un flow contundente para rapear; un groove demoledor que pone a bailar a todos, aunque buena parte no lo conozca; una banda que puede rockearla dentro del hip hop como lo hacían los Beastie Boys, y un feeling para cantar soul que eriza la piel. En vivo demuestra con creces todos los elogios que recibieron sus dos discos: Venice (2014) y Malibu (2016). Su presencia fue solar y el mejor momento de la tarde, por lejos.

Chance The Rapper, es el hombre del momento. Es de Chicago, lleva una gorra de béisbol con el número 3 y un jardinero que parece de un blusero. En sus canciones como "Mixtape" y "Blessings" potencia sus dos aristas más originales y contundentes. Puede sonar como un rapero feroz y un predicador con alma gospel. Tiene esa doble capacidad. Y, sobre todo, suena real cuando canta. Ante el público se presenta con humildad, aunque en Estados Unidos con sus mixtapes y su estatus de artista independiente se convirtió en toda una celebridad. Cuando canta "Some Drugs", del mixtape Coloring Book, convierte el escenario en el atrio de una iglesia. Con las manos elevadas, Chance canta su plegaria y logra que la gente vuelva a creer en algo. Allí reside su potente belleza.

Temprano, Dante Spinetta estrenó los temas de Puñal con un trío eléctrico que recordó por sus pasajes lisérgicos y su rabia rockera a dos bandas emblemáticas de su padre: Invisible y Pescado Rabioso. Dante se dedicó a volar con su música y las buenas canciones de su último disco Puñal. Hasta envío un mensaje inequívoco. "No crean en todas esas giladas que se dicen por ahí estos días". Dante se refería al tema "Gisela", que no fue parte del repertorio y que estos días volvió a circular en las redes y lo envolvió en una extraña polémica.

La cuota local más rockera quedó cubierta con Las Pelotas. El grupo puso el condimento más nac & pop logrando los primeros pogos, la aparición de las banderas argentinas y los cánticos más festivaleros con los clásicos "Será" y "Si supieras". La banda se guardó para el final dos temas icónicos de los tiempos de Sokol, para alcanzar el clímax de la tarde. "Sin hilo", prendió el ritual rockero de los chicos que estaban adelante del escenario. La despedida irónica fue con "Capitán América" y la imagen de Donald Trump partiéndose en mil pedazos en la pantalla. Los texanos de Spoon y los británicos de Royal Blood, también, aportaron un toque garagero y de distorsión a ese largo playlist en vivo, entre la tarde y la noche.

En el primer día, también suena el pop millennial de Zara Larsson y Camila Cabello. Una es sueca y la otra cubana. Sus canciones llegaron muy lejos gracias a la explosión en las redes sociales. Ahora están bien al sur del continente haciendo bailar a los adolescentes del festival con sus temas. Larsson, vestida con la camiseta de la selección argentina, tiene su gran momento de la tarde en el escenario alternativo con la canción "Ain't My Fault".

Más tarde, Camila Cabello reproduce esa escena con su propio hit "Havana". La atmósfera es divertida, burbujeante y naturalmente pop: rosas, violetas, verdes, turquesas en los pelos y brillos en rostros adolescentes que no dejan de filmar con sus teléfonos mientras bailan.

Las remeras del grupo liderado por Anthony Kiedis y el bajista Flea ofrecía desde temprano una postal de la expectativa que había despertado el grupo, aunque fuera la banda más vista por los argentinos de todos los grupos internacionales de la grilla del Lollapalooza. Otro de los grupos esperados fueron los Imagine Dragons que estuvieron en la primera edición del festival. Ahora volvieron en un horario central y con un público que sabía todas sus canciones. La épica rockera y teatral de Imagine Dragons, además de los clisés del grupo a la hora de comunicarse con la gente, fue efectiva y bien festivalera.

Los Red Hot Chilli Peppers ya estaban allí tocando en un sótano cuando las nuevas estrellas del pop ni siquiera habían nacido. Suenan como viejos gladiadores de otra época, con una propuesta que suena inoxidable y termina acaparando la atención de las 100.000 personas que llenan el predio el primer día.

Los Red Hot completaron la dosis necesaria de rock al final de la jornada. Empezaron con un tono más experimental y de zapada entre el bajista Flea, el baterista Chad Smith y el guitarrista Josh Klinghoffer. Pero la banda verdaderamente se encendió cuando apelaron a canciones como "Keep of Running" y regalaron clásicos como "Californication", "Under the Bridge" y "Give it Away". A esa altura la cantidad de gente era tanta que dificultaba la salida del predio por la mala iluminación en el sector central, donde se generaba un tapón entre el vip y el escenario principal.

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