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TELEVISION, NATURALEZA Y RATING

Los documentales se multiplican y son señal de que la gente quiere ahora una televisión con contenido. Detrás de la escena de los programas sobre la naturaleza, hay amantes de la aventura que dedican años de su vida a esperar el momento apropiado para tomas que duran, quizá, segundos
Paula Urien
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18 de abril de 1999  

A veces, el rating no es tan misterioso o incomprensible. A veces sí. Cuando en enero los argentinos pasados por agua tuvieron que optar por un canal de cable que suplantara las películas, se volcaron al Cartoon Network. Sí, al de los dibujitos.

Esa fue la primera sorpresa de quienes manejan las cifras del rating: no sólo los chicos se enganchan con los dibujos animados. Otra sorpresa fue que los canales de documentales tuvieron más oportunidades a la hora del zapping. Es decir: ante una menor oferta de la televisión abierta, entró en escena con más fuerza la televisión por cable en general, y los documentales en particular.

Entre diciembre y enero, los canales de documentales prácticamente duplicaron la cantidad de audiencia. Claro que no son puntajes tan altos como los del rating de la televisión abierta, pero constituyen toda una tendencia.

"El documental no es un producto que se piense en función del rating -dice Miguel Brailovsky, de la producción de TVQuality-. No es un producto masivo, como lo son las películas. Y ante el éxodo de HBO y de Cinemax, la audiencia se volcó hacia este género." ¿Qué hay detrás de los documentales sobre la naturaleza? El interés de las personalidades más variadas, entre ellas, del mundo del espectáculo. Ali McGraw, Olivia Newton John, Julia Roberts y Goldie Hawn adhirieron a este tipo de programación filmando documentales en lugares remotos.

La prueba de que ésta es una tendencia en alza la tiene (en el banco) John Hendriks, un joven universitario de Alabama que en los años 80 estableció un servicio de cable con documentales sobre la naturaleza, ciencia y tecnología, además de historia y aventuras de exploradores. Ahora, el Discovery Channel tiene 111 millones de suscriptores en 145 países. En estos 13 años, Hendricks ha ganado más de 100 millones de dólares.

Para Hendricks, la idea primaria fue educar de una manera entretenida y que además diera sus dividendos. "Una de las mejores cosas que uno puede hacer es tener una empresa exitosa que además contribuya a la sociedad", afirma.

Discovery Channel es sólo una de las empresas de Discovery Communications Inc, compuesta también por Discovery Kids, Home & Leisure Channel, Civilization Channel, Science Channel, Health Channel, Wings Channel y Discovery en español. Además tiene su página on line, agencia de viajes (para visitar lugares tan exóticos como los que se ven en los documentales) y 110 negocios de merchandise establecidos en los shoppings del mundo. ¿Quién dijo que la cultura no es un buen negocio?

Si fuera de otra manera, National Geographic no tendría 200 equipos completos produciendo documentales en todo el mundo. Este canal, que actualmente emite algunos ciclos por el canal Quality, y que planea instalarse en la televisión local, se ve en Europa, Asia y Australia, y sus producciones ganaron 800 premios en los últimos 30 años.

Pero detrás de los canales y de sus éxitos empresarios están los documentalistas. Son exploradores y aventureros que se niegan a un mundo de traje y corbata para sumergirse en rincones inhóspitos y poco accesibles. Tienen la paciencia infinita de esperar días y noches con tal de lograr una buena toma. Saben de primeros auxilios, mecánica y supervivencia en las condiciones más adversas. Y aunque pasan por experiencias a veces más que duras, son catalogados como bohemios, que se dan la buena vida y se la pasan viajando.

En cambio, ellos se ven como sufridos trabajadores. "La gente a veces no se da cuenta de cuánto esfuerzo lleva hacer un documental", dice desde Chicago, en Estados Unidos, Vic Banks, productor y realizador de El Pantanal, emitido por Discovery Channel.

Vic se enamoró de este lugar del norte de Brasil básicamente porque, según sus propias palabras, "allí podés ver muchas especies animales muy de cerca". La filmación llevó tres años, y su costo, según su productor, es de "diez años de tu vida y dos litros de sangre".

-¿Estuvo expuesto a situaciones peligrosas?

-Varias -relata, como con orgullo-. Un día estaba en shorts y remera filmando a un gavilán peleándose con un buitre por un pescado, cuando me di cuenta de que en la media tenía una pequeña mosca. Casi como un reflejo, la aplasté. Tenía un pequeño aguijón que me picó. Luego vinieron más moscas, que en realidad eran abejas, y más, hasta que una nube de abejas me atacó. Comencé a correr y a gritar, pero no había nada ni nadie a 3 kilómetros a la redonda. Finalmente llegué al campamento en estado de shock y me desmayé. Cada pinchazo me provocó una roncha como de media naranja.

"Unos días después un veterinario alemán me dijo que tenía suerte de estar vivo porque eran nada menos que abejas asesinas, que son territoriales. Cuando matás a una, largan una esencia percibida por el resto de las abejas, y todas salen a defender el panal."

También tiene una anécdota al mejor estilo de la película Marabunta. "En El Pantanal hay una gran variedad de insectos. Algunos son más temibles que los animales grandes con pinta de feroces, porque son cositas chicas que te vuelven loco. Las hormigas guerreras son más grandes que el resto de sus compañeras. Cuando perciben un peligro, salen del hormiguero y clavan las mandíbulas en la piel de la persona o animal que atacan, inyectando un veneno que es muy doloroso. Para prevenirte, te ponés los pantalones dentro de las medias, y botas largas, y con suerte te las sacás de encima antes de que te invadan."

Pero no siempre le fue tan bien con la prevención. "En otra sesión de filmación vino un frente frío de la Antártida. Nos recibieron en una cabaña, y el dueño me ofreció una bolsa de dormir. A la noche, me desperté porque me picaba todo. La bolsa estaba llena de garrapatas. El cuerpo te pica muchísimo durante diez días."

Lo más impresionante de esta experiencia fue cuando filmaron a una anaconda de seis metros del largo pies de largo, con un peso de 220 kilos, devorando un pájaro de un metro y medio de alto, con un gran pico y patas largas. "Estuvimos casi diez horas filmando esta escena, al rayo del sol. No teníamos miedo, porque el animal ya tenía a su presa, la que representaba un mes de comida, pero sí te puedo decir que era impactante."

El costo del documental, de una hora, fue de unos 600.000 dólares ya que se filmó en cine y se editó en video.

Filmar en formato cine es mucho más caro, pero tiene sus ventajas. "Las cámaras de cine tienen lentes más largas, son menos pesadas y más sencillas para arreglar que el video. Con la cámara de video te preocupás por el polvo, la lluvia, y por el hecho de que es difícil llevarla a lugares remotos. Con la de cine, no te tenés que preocupar tanto. Además, tiene un mecanismo que te permite comprimir el tiempo y sacar, por ejemplo, una flor que se abre, en 20 segundos. Pero filmar en cine es un 40% más caro. Lo que se hace es después pasar la película a video para aprovechar todas las posibilidades de edición."

El producto final también se encareció por la música original. "No era Beethoven o Bach, típico de los documentales. Lo que hicimos fue grabar a los lugareños de el Pantanal, darles algo para tomar, como cachaça, y dejarlos cantar. Luego esa música fue llevada a músicos que sacaron las melodías de las canciones, y basándose en ellas, se compuso la música en Chicago."

Pero llegar al nivel de Vic no es tarea fácil. Se necesita, como dice la vieja fórmula, estar en el lugar indicado en el momento preciso.

"Cuando terminemos esta conversación vas a pensar que ésta es una prueba viviente de que hay un Dios, amiga", dice Beatriz Acevedo, productora mexicana de un documental llamado Rolando Ando, cuyos 13 primeros episodios fueron comprados por el Discovery Channel, y que luego se extendieron a 13 más. Llegar a Discovery Channel no es una tarea fácil, y es el ideal de todo documentalista.

"En Miami hay una convención internacional anual que se llama National Asociation of Television Programers Executives (Natpe), a la que asisten todas las grandes cadenas del mundo.

"Obviamente, en estas convenciones todos los independientes se mueren por tener una cita con alguien para poder enseñarle su trabajo, y tratar de que le compren lo que sea. Esto es lo más difícil del mundo.

"En la Natpe, si eres independiente, te mandan a un lado del salón: el pabellón de los independientes. O sea, allí estamos los que no tenemos dinero, no conocemos a nadie, y demás...

"Ahí te ponen en una muy triste mesita para ver si por una casualidad pasa alguien y te compra algo. Obviamente nunca pasa nadie ni te compra nada, pero los independientes no perdemos la esperanza. Como era el primer año que me presentaba, pensaba que me iba a ir muy bien. De pronto veo a un señor que estaba mirando en un monitor Rolando Ando. Me dijo: Oye, ese programa me interesa... Quiso hacer una cita para el día siguiente. Yo pensé que era de aquellos que quieren copiarte el programa, pero cuando me dio la tarjeta casi me desmayo. Decía Discovery.

"Al día siguiente volvió con un contrato y una oferta. Así empezó mi relación con el canal. Fue lo primero que Discovery adquirió de un productor independiente."

La aventura de Beatriz comenzó cuando le ofrecieron la dirección de producción de Televisión Azteca, una cadena de televisión en México. "La idea de la cadena era atraer a gente joven. Yo tenía que presentarle 10 proyectos para jóvenes que tuvieran algo de contenido y no sólo música. Entonces presenté Rolando Ando, un joven que pasea con su mochila por diferentes ciudades y pueblitos, aprendiendo la cultura del lugar, pero de manera informal. A los 19 años es la edad en la que terminás el secundario, y te querés ir con tu mochila y sin demasiado dinero a explorar diferentes lugares."

Discovery no paga sumas suculentas a los productores (y de hecho se niegan a difundirlas), pero ellos se conforman con el prestigio que les da el hecho de haber sido tocados por la varita mágica del canal de documentales por excelencia.

"Si no me hubieran pagado nada, igual les habría dado los programas -dice Beatriz-. Simplemente la oportunidad de que yo pudiera poner en mi currículum que uno de mis clientes es Discovery era importante para mí, porque abre puertas."

Para que un documental llegue a ser visto por la gente de Discovery, pasa por un tamiz. Remite una gacetilla donde explica cuáles son los requisitos para que un documental sea visto por sus ejecutivos: "Los trabajos que no cumplan con estos requisitos serán descartados", dice, lapidario, el papel.

Nuestra prioridad es adquirir y desarrollar programación de calidad. Necesitamos historias que no hayan sido contadas sobre países de habla hispana y portuguesa. Incentivamos a productoras, especialmente a productores latinoamericanos y españoles, que envíen su material y sus propuestas para coproducciones internacionales. Los géneros incluyen: ciencia y tecnología; aviación; historia natural; historia; fenómenos paranormales; exploradores; aventuras y cocina, informan a los interesados.

Una diferencia básica entre documentalistas argentinos y extranjeros está en el presupuesto.

Miguel Brailovsky, de la producción de TVQuality, dice que recibe a 10 productores por semana que llegan con su VHS para ver si es factible su emisión.

"Nosotros convivimos con programación nacional y producciones de exterior, y en cuanto a los productores locales te puedo decir que tienen una gran riqueza de contenido en comparación con los productores de afuera.

Brailovsky asegura que el 80% de los documentales que recibe tienen buenas ideas detrás, pero que los guiones no cuentan con los recursos técnicos necesarios. "La televisión norteamericana trata los temas de una forma demasiado digerida, a la manera del apto para todo público. En cambio, los productores locales generan, quizá con menos recursos técnicos, contenidos más profundos.

"La ventaja que tenemos con respecto a Discovery es que somos argentinos y mostramos temáticas locales de manera diferente. Desde la perspectiva de un extranjero, quizá te hablan de los gauchos como si fueran bichos raros. Por eso, la gente prefiere que la temática propia se la cuente un argentino."

Lo que destaca Brailovsky es la idea, por sobre todo, y la manera de realizarla. Hay diferencia entre irse de viaje y filmar lo que va sucediendo, con hacer un documental. "El documental va generando tensiones e interrogantes. No sólo muestra la realidad, sino que es una historia que te atrapa. Lo querés ver hasta el final porque sabés que va a algún lado."

Aunque hay muchos documentalistas, según Brailovsky, no todos se dirigen a algún lado, por lo que no tienen demasiadas posibilidades de llegar al aire. "Lo más típico de la producción local es un documental del estilo andando caminos, y en un formato tipo súper VHS, que es el que se utiliza en los casamientos. La calidad de la imagen no es la óptima. Además, hay que tener las herramientas para vestir el programa.

"La aventura del hombre fue un modelo a partir del cual se quedaron pegados muchísimos productores. El formato consiste en un relato neutro y ajeno a la escena, con un asomo de poesía", dice Brailovsky.

"Si hablamos de ganancias... Y... no hay mucha ganancia. TVQuality se sostiene con la venta de la señal a los canales de cable. Aunque hoy por hoy, Quality llega a 4.200.000 hogares, lo que nosotros vendemos es la señal completa a monopolios que pagan poco porque saben que no tienen competencia. De esta manera influyen en el presupuesto que tenemos designado para la compra de programación."

Para quebrar un poco la ilusión que tienen muchos de vivir de aventura en aventura, y sacar un rédito económico de la filmación, concluye: "Lo que les pagamos a los documentalistas, sin auspiciantes, en el mejor de los casos, cubre el costo de producción. Acá no hay tanto capital como en el exterior. National Geographic, por ejemplo, invierte un promedio de 500.000 dólares por capítulo. Un lujo que acá no podemos darnos".

Un documental de La aventura del hombre cuesta entre 70.000 y 200.000 dólares. No llega a las cifras de Discovery o de National Geographic, pero es una suma bastante alta para la producción local.

La historia de La aventura del hombre comenzó cuando el sacerdote jesuita Ismael Quiles hizo un programa de televisión en 1969. "Era una especie de mesa redonda en la que se invitaba a personalidades de diferentes países, y cada una de ellas hablaba de su país de origen. Se pasaban pedacitos de filmaciones de esos países", cuenta Eduardo Terrile, productor ejecutivo de La aventura del hombre. Después de un año, comenzaron a concretar la idea de producir documentales con un equipo propio.

Para Terrile, el documental debe informar, educar y entretener. "El entretenimiento es el gancho para que la gente no cambie de canal." Una característica notable que tienen los documentales es su base rigurosamente científica. "Si no es una persona de referencias, para La aventura del hombre no existe -explica Terrile-. Pensá que los documentales que hacemos los utilizan los docentes para dar sus clases..."

Los premios son otro tema: muchas veces generan polémica. "El género documental es una especialidad. Por eso no estoy de acuerdo con que los que juzgan a La aventura del hombre no sean especialistas en el tema." A pesar de eso, "éste es el programa más premiado de la televisión argentina. Tuvimos más de 40 premios nacionales e internacionales", dice.

Justamente, si se le pregunta cuál es el documental que más recuerda, hace referencia al más premiado. Se trata de Orcas, que obtuvo el primer premio en el Festival de Cine y Documentales de Nueva York, en 1988. Por eso los móviles se llaman Orca 1 y Orca 2.

A la hora del recuerdo, queda en el aire la imagen de Mario Grasso, el inolvidable presentador de La aventura del hombre. "Lo que más le agradezco al documental es haberme enriquecido. Siento que es útil lo que hago porque es importante agregarle algo al individuo, entretenerlo, pero que pueda conocer, interesarse por algo más, crecer un poquito, aunque sea muy poquito, pero crecer", supo decir Grasso.

Es difícil sacar la cuenta de los costos del documental sobre el hallazgo de los restos del templo de Cleopatra. Fueron dos horas impactantes en las que se vio una serie de recursos que incluyeron efectos especiales realizados con computadoras que se utilizaron para reconstruir las dimensiones de un edificio de aquella época. En esa emisión, nada podía llevar al zapping.

Si algo caracteriza al siglo XX ha sido el avance en la tecnología. Esta cuestión ha sido aprovechada por los documentalistas, que utilizan cámaras tan pequeñas como una lapicera para introducirlas, por ejemplo, en un hormiguero.

La aventura del hombre cuenta con un equipo importante: varias cámaras, grabadores digitales, monitores de alta resolución, micrófonos de distintas características, gomones con motores fuera de borda, un generador de corriente, 2 camionetas 4x4 todoterreno. "Somos casi los creadores de la 4x4", dice Terrile.

Si se quedan 15 días en algún lugar alejado de la civilización, llevan comida como para 50 días, para evitar problemas.

"El documentalista es, en cierta manera, desarraigado, ya que se pasa unos 20 o 30 días fuera de su casa. Otra característica es que tienen que poder adaptarse a sus compañeros y al hecho de no tener comodidades. He llevado periodistas a filmaciones, y a los 3 o 4 días de estar en terrenos inhóspitos y en esas condiciones de vida, muy primarias, se quieren volver. Entonces, y a pesar de estar en un lugar alejado, se hace todo lo posible por llevarlos de vuelta, porque de otra manera pueden llegar a alterar todo el grupo.

"En la montaña, por ejemplo, hemos tenido tormentas de nieve en las que durante 15 días estás dentro de una carpa, y sujetándola para que no se vuele. O quizás era que teníamos la sensación de que con semejante viento se iba a volar. Todo es peligroso, pero así es la vida del documentalista."

El equipo hace un curso de primeros auxilios antes de ir al campo. Tiene que saber dar inyecciones, aplicar un suero antipicadura o transportar a una persona que se quebró.

"Hay que saber qué pastillas utilizar para potabilizar el agua y qué alimentación llevar a diferentes lugares. En la Puna, por ejemplo, no se pueden comer cítricos por un tema de glóbulos rojos. Se come cebolla pues proporciona más oxígeno."

Según explica Terrile, el equipo de La aventura del hombre no tiene mujeres que vayan al campo. "Se podrían adaptar, pero las condiciones de vida son muy duras. Las guionistas, en cambio, son casi todas mujeres. Sí vienen con nosotros científicas."

Muchos preguntan cómo pueden los documentalistas realizar ciertas tomas. ¿No se harán en un estudio?, cuestionan. "Para mí un documental es un documento que no se puede trucar -dice Terrile-. Para filmar un pájaro que va a un nido y le da de comer a los pichones, hay que estar allí."

Una mirada diferente

No siempre los documentales tratan sobre animales ni tienen una finalidad didáctica. Marcelo Mosenson tiene 30 años, y una mirada diferente. Como realizador independiente, dirigió y produjo en 1996 el premiado documental Bajo un mismo techo, que trata sobre la convivencia entre empleadas domésticas y familias adineradas de la Capital.

Actualmente es profesor en la Universidad de Cine, donde tiene a su cargo el Seminario de cine video documental. Y el año último recibió la beca Fullbright para especializarse en técnicas de guión en la Universidad de Columbia, en Nueva York.

"Acá no hay una tradición muy fuerte para hacer documentales, como hay en otros países. En los festivales existe la categoría de documental, aunque no se le dé demasiada bolilla -explica-. El 80% de los documentales son un plomo", agrega, tajante.

-¿Qué es ser plomo para vos?

-Básicamente, que te bajen línea. Y también los documentales excesivamente pedagógicos. Los que me gustan son los que formulan preguntas, más que respuestas. Yo, por mi parte, no quiero decirle al espectador qué es lo que tiene que pensar. Hay personas que están llenas de certezas, otras que tienen más dudas. Eso no quiere decir que no se tengan convicciones, aunque no creo que haya tantas certezas.

-¿Se puede vivir de los documentales?

-En la Argentina no te diría que se puede vivir de hacer documentales, por lo que muchos comienzan a moverse con publicidad, cine y televisión. Además hay que tener estrategias más allá de la Argentina. Lamentablemente, el mercado está monopolizado por los Estados Unidos.

-¿Qué salidas laborales hay?

-Muchos terminan haciendo institucionales.

-¿Qué opinás sobre la velocidad que se ve actualmente en la televisión abierta?

-Se intenta sustituir con ritmo la falta de contenido y de emoción. Esas imágenes provocan ansiedad, que es un tipo de emoción, pero estás esperando algo que no sucede.

-Volviendo a los documentales, ¿cuál es el estilo que te gusta?

-A mí me parece un plomo cuando la historia trata sobre el blanco que descubre el mundo de los negros, o de los indios, o de los locos. Prefiero lo cercano a lo exótico.

-Desde tu perspectiva como profesor, ¿cómo se comunica una idea de manera atractiva?

-Comunicar es seducir y no creo que haya una escuela de seducción. No se puede transmitir cómo seducir a una pareja o cómo tener amigos. No creo que haya escuelas de seducción.

Documentales CQC

La productora de Pergolini, Cuatro Cabezas, se lanza al género documental junto con Gerardo Brandy, ex corresponsal de la CNN. Se trata de 13 capítulos que saldrán al aire a partir de julio por Azul Televisión. La primera emisión será sobre el Carnaval de Río, y la segunda, sobre la situación de los peruanos en la Argentina. La tercera tratará sobre la coordinación represiva en el Mercosur.

Según Brandy, se necesitan buenas historias en la televisión y que, sin duda, los años que hace que existe el cable están marcando un cambio en la programación local, que comienza a trabajar a la manera de los canales del exterior.

Rodríguez Arias también está preparando una serie de documentales que se emitirán por Volver. El primero de ellos es sobre Malvinas.

La velocidad bajo la lupa

"Las generaciones anteriores no tenían el lenguaje audiovisual que existe hoy. Los jueguitos de la computadora van a una velocidad espantosa, y eso es lo que imita la televisión, y también el cine", dice Eduardo Terrile, productor de La aventura del hombre.

"Los documentalistas tuvieron que adaptarse a ese lenguaje. Por ejemplo, antes una panorámica en un documental duraba 4 minutos. Ahora se hace en 2 porque hay que darle un ritmo más ágil", dice Terrile, desde su oficina en el corazón de Canal 13.

Sin embargo, el productor afirma que hay una tendencia, sobre todo europea, a volver al documental más pasivo, y no tan agil. "... pero no plomizo -dice-. Nosotros creemos que mover la cámara para todos lados, como hacen algunos programas de la televisión, es faltar el respeto al telespectador".

Lucía Suarez: hartos de lo superficial

Lucía Suárez tiene pasión por la televisión, pero la que está bien hecha. Cuando habla de la televisión, sabe de qué se trata. Tanto que en Estados Unidos, donde estudió y trabajó como productora para la cadena NBC, ganó seis premios Emmy (el Oscar, pero para la televisión) por programas especiales producidos por ella. Uno de estos premios fue para un documental sobre la historia de la televisión en Estados Unidos.

"Estuve 10 semanas filmando, buscando material para eso y haciendo entrevistas", afirma. La NBC lo puso en horario central, a las 22, y de todos los programas fue el que tuvo más rating.

Después de haberse dado el gusto de hacer un programa como ella quería, Edición Plus, pasó a Canal 9, donde se lo levantaron por investigar demasiado. Y de allí, a América. Hoy tiene su propia e incipiente productora llamada Suárez Kirzner Producciones, y está planeando un programa basado en periodismo documental, y para el que contará una historia de vida por semana.

-¿Han evolucionado los documentales en los últimos años?

-En un principio, el documental puro se proyectaba en el cine antes de la película. El director y el productor no usaban ningún gancho para entretener al televidente. No se agregaba música, sólo se escuchaba el sonido real. Tampoco tenían una narración escrita por un guionista, sino el audio de la entrevista. Ese documental, en Estados Unidos y en la televisión no tenía rating porque el ritmo de la televisión era tan rápido que al no tener los ganchos, podía ser denso para la televisión. Por eso desaparecieron de la televisión comercial.

-Después se le agregó el gancho...

-Ganchos como la narración, la música, la dramatización. Un documental puede ser perfectamente sinónimo de rating. Por ejemplo, la BBC, hace años, realizó un documental sobre el cadáver de Evita que tuvo un rating muy alto cuando lo pasaron por Canal 13.

-¿Por qué la gente se engancha con los documentales?

-Creo que es una respuesta directa a la poca información, a la falta de profundidad y sentido que tiene la televisión abierta actual. La gente tiene hambre de que le cuenten una historia con principio, medio y fin. La mayoría de los programas de entretenimiento tiene un zapping interno. Es tal el bombardeo de superficialidades que la gente necesita una ráfaga de aire puro. Y los canales de documentales la proporcionan.

-Quizá se relacione también con la poca información que brindan los noticieros.

-Los documentales brindan información más profunda que la que suministran los noticieros de cualquier canal de aire. Además, la gente debe estar leyendo más, estoy segura.

-¿Qué ventajas tiene ver un documental?

-Creo que después de ver uno muy bueno tenés la satisfacción de haber aprendido algo, y que es una satisfacción que la tevé comercial muy pocas veces te da.

-Pero casi siempre gana la televisión que se dedica únicamente al entretenimiento.

-Ese tipo de televisión no todo el mundo la hace bien. Y no es lo que querés ver todo el tiempo. Lo que pasa es que la producción de un documental dura meses. Y se obtiene una gran cantidad de material. Quizá, por cada 15 horas que filmás usás una. Eso es muy caro y hay muy poca gente que quiere o le importa trabajar tanto.

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