Una respuesta escrita de puño y letra, con el corazón en la mano

Elisabetta Piqué
Elisabetta Piqué LA NACION
Fuente: AP
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17 de marzo de 2018  • 21:09

ROMA.- La relación del Papa con la Argentina es personal y visceral. La carta que le envió ayer "a los argentinos y argentinas" que le expresaron su cercanía en el quinto aniversario de su elección, a través del obispo de San Isidro y presidente de la Conferencia Episcopal argentina, Oscar Ojea, la escribió él, de puño y letra. En soledad y con el corazón en la mano.

Nadie de la Secretaría de Estado del Vaticano intervino en la elaboración de la carta, que fue realizada por Francisco en forma espontánea, sincera, meditada. Muy pocas personas estaban al corriente de la epístola en el Vaticano.

La carta refleja que, como suelen destacar quienes lo conocen de cerca y hablan con él seguido, Francisco está más que informado de lo que pasa en su país. Y que apreció mucho que -después de cinco años de idas y venidas, polémicas, malentendidos y manipulaciones de sus gestos por parte de un lado y del otro del espectro político del país, desde 13.000 kilómetros de distancia- diversas personalidades de diversos ámbitos sociales y políticos hubieran podido dejara atrás diferencias y juntarse para saludarlo en una carta. No es casual que uno de los impulsores de esa misiva, que insinúa una tregua en esa relación difícil con algunos sectores de su querido país, haya sido Juan Grabois, persona cercana a él.

Francisco sabe que muchos se sintieron ofendidos por su "no viaje" a la Argentina en cinco años en los que estuvo en Brasil, Ecuador, Bolivia, Paraguay, Cuba, México, Colombia, Chile y Perú. También sabe y supo de las controversias mediáticas que generaron en un sector de la sociedad diversos gestos suyos de pastor como el rosario a Milagro Sala; la foto con cara adusta en la primera audiencia oficial con el presidente Macri; sus correos electrónicos -reservados, pero hechos públicos- a diversos personajes, acciones en casi todos los casos malinterpretadas.

Si no hubiese sido así, habría obviado el párrafo en el que les pide perdón a "los que puedan sentirse ofendidos por algunos de mis gestos", abriendo espacio a una reconciliación y a un diálogo con los sectores enojados de su querida Argentina. Humilde, reconoció que es humano y que puede cometer errores.

"Aunque Dios me confió una tarea importante y Él me ayuda, no me liberó de la fragilidad humana. Por eso puedo equivocarme como todos", reconoció, en una parte más que trascendental de la misiva. E hizo un tácito llamado a sus compatriotas a sentirse orgullosos del primer Papa argentino que, como han reconocido analistas de todo el mundo en diversas notas-balance de estos cinco años de pontificado, con su predicación evangélica centrada en los últimos, se ha vuelto una autoridad moral global. "Si alguna vez se alegran por cosas que yo pueda hacer bien, quiero pedirles que las sientan como propias. Ustedes son mi pueblo, el pueblo que me ha formado, me ha preparado y me ha ofrecido al servicio de las personas", apuntó.

Francisco no habló del tan postergado viaje en la carta. También respecto a este tema hubo idas y venidas, presiones, expectativas desmesuradas, malentendidos, frustración y prefirió evitarlo. Pero pareció aludir al tema cuando aseguró que "aunque ahora no tenemos el gozo de estar juntos en nuestra Argentina, recuerden que el Señor ha llamado a uno de ustedes para llevar un mensaje de fe, de misericordia y de fraternidad a muchos rincones de la tierra".

Si bien no mencionó un eventual viaje, a Francisco le gustó mucho ese último párrafo de la carta que unió a oficialistas y opositores, que dice: "Aunque deseamos y ansiamos tu visita, aceptamos la espera porque sabemos que se producirá cuando sientas que es el mejor momento y confiamos en vos". Probablemente se sintió más comprendido. Y su carta de agradecimiento deja entrever que, de perdurar la tregua, ese mejor momento podría llegar más temprano que tarde.

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