Juan Martín Del Potro juega cada día mejor y ya tiene al número 1 en el espejo: ahora va por Roger Federer

Juan Martin Del Potro
Juan Martin Del Potro Fuente: AP - Crédito: Mark Terri
Ariel Ruya
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17 de marzo de 2018  • 22:28

Juan Martín del Potro es otro. En tres semanas, se convirtió en un fuera de serie, recapturó el estilo de un viejo campeón. El que estaba escondido, comprimido en un espacio de melancolía, sin rebeldía ni fuego sagrado. Tres semanas pasaron cuando fue despedido del ATP de Delray Beach, en los octavos de final del ATP 250, al perder con Frances Tiafoe -de 20 años, con un furioso servicio y golpes imposibles- por 7-6 (8-6), 4-6 y 7-5. En los descansos, se cubría el rostro con una toalla blanca: no quería mirar lo que pasaba a su al rededor. El corazón lo delataba con historias que le hicieron daño. Se miró al espejo: volver a brillar o caer en una nueva depresión deportiva era el desafío. Eligió la primera bolilla y, ahora sí, es otro. Juega como un campeón, como un número 1. Hoy, a las 17, se enfrentará con Roger Federer, para sentir, en vivo, cuán lejos está la meta más grande de su carrera.

En una exhibición, en una hora y cuatro minutos, superó por 6-2 y 6-3 al canadiense Milos Raonic, alcanzó la 32ª final de su carrera, la cuarta en un Masters 1000, y la segunda en Indian Wells. Instalado, ahora mismo, en el puesto 6 en el ranking -suma 3755 puntos-, tiene un maravilloso desafío para hoy: ganarle a la leyenda y conseguir su primer torneo de esa especialidad, luego de perder las finales de Canadá 2009, Indian Wells y Shanghai en 2013.

El Gran Roger camina sobre el agua: está 17-0 en esta temporada. Juan Martín no nada en otra dimensión: suma 16-3, un título, Acapulco, una final, Auckland, y un ascenso vertiginoso en el ranking. Y lo sustancial: podrá conseguir hoy el título 22.

Convertido en un hombre nuevo, que le da pelea a sus propios demonios internos, a sus martillazos de derecha y sus puñales de servicio les agregó en estos últimos días un crecimiento extraordinario con el revés, su golpe volátil, más allá de las operaciones en las muñecas. Tiene potencia, agresividad y estilo: sus movimientos a dos manos se exhiben como de primer mundo. Son, de pronto, puntos ganadores, decisivos. "Es una forma de jugar diferente, aunque tampoco hay tanta diferencia. Mi derecha siempre fue parecida, el saque es igual... Lo que cambió un poco por mi lesión es el revés. Trato de hacer lo que puedo, no lo que me gustaría muchas veces, pero me está dando buenos resultados, así que no me frustra tanto", explicó, días atrás.

Del Potro derrotó a Saonic por 6-2 6-3

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Los acompaña con una mentalidad arrolladora: sabe que sube a la última locomotora, rumbo al top 3. Roger está arriba: debe jugar como un número 1 para bajarlo de un 2018 increíble. Y en agosto, el suizo cumplirá 37 años...

"Hemos jugado grandes partidos. Me encanta jugar contra él, es el favorito para ganar pero intentaré jugar mi mejor tenis. Le he ganado en el pasado e intentaré hacerlo de nuevo. La clave es que él tenga un mal día y yo un buen día, eso sería lo importante", comentó, con una mezcla de lógica y buen humor. A Delpo le agrada no ser favorito: es un león cuando lo toman como una mascota doméstica. Se agiganta detrás de escena.

El primer triunfo ante la leyenda fue una noche épica: la que consiguió el US Open 2009, en un memorable 3-6, 7-6, 4-6, 7-6 y 6-2. Los primeros seis encuentros, los había perdido. Allí alcanzó la cúspide y, con el tiempo, construyó una carrera con impactos de colección -la Copa Davis, medallas olímpicas, títulos varios- y vaivenes emocionales, por serias lesiones que hasta lo podrían haber corrido de la escena grande. Los 400 triunfos de su carrera representan un mensaje: su vigencia todo lo puede.

Imparable en esta temporada, Roger tuvo un camino en esta competencia con sombras, aunque su clase derriba al más atrevido. Con errores impropios en su estirpe, inquieto por los imprevistos climáticos, superó con cierto suspenso a otra joven proyección, el croata Borna Coric, por 5-7, 6-4 y 6-4. Es el mejor arranque de temporada de su carrera, incluso superior al de 2006, cuando terminó el año con una marca de 92-5. Será su final 47 de Masters 1000. Del Potro, en cambio, juega por la historia.

Por: Ariel Ruya

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