Ama de casa: "Siempre le digo a Gianella que estudie mucho"

Gisela con sus hijas, Nayla (2) y Gianella (7)
Gisela con sus hijas, Nayla (2) y Gianella (7) Fuente: LA NACION - Crédito: Marcelo Gómez
Gisela Goitia vive en la villa La Cava con su marido y sus dos hijas; la AUH los ayuda a llegar a fin de mes
María Ayuso
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19 de marzo de 2018  

El cielo amenaza con tormenta y Gisela Goitia apura el paso. Lleva en brazos a Nayla, su hija menor, de 2 años. Juntas pasan a buscar a Gianella, de 7, que acaba de terminar su clase de apoyo escolar en la asociación civil Amigos de Casa de Galilea, en el límite de La Cava, en Beccar.

Por sus dos hijas, recibe la AUH. "Nos ayuda en todo. Mi marido no tiene un trabajo fijo y, por eso, en el mes contamos con esa plata", detalla, y agrega: "Yo estoy abocada a la chicas y a las tareas domésticas".

Mientras atraviesan los pasillos de la villa, ya de regreso a su hogar, se largan las primeras gotas y la mujer busca cubrir a las nenas con un rompevientos.

Ella se crio en el barrio y explica que la zona en la que vive actualmente -donde casi no hay viviendas de material, solo casillas- comenzó a poblarse hace no mucho, a medida que La Cava fue ensanchando sus límites.

Su casa tiene techo de chapa y paredes de madera. De la puerta cuelga un cartel que ofrece: "Heladitos. Licuado de banana. Chocolates". Con la venta de esos productos, Gisela, de 25 años, se las rebusca para sumar unos pesos al ingreso de Cristian (30), su marido, quien hace changas como albañil y carpintero. Ese día, salió temprano a trabajar y volverá al caer la tarde.

Esforzarse, siempre

Lo primero que hace Gisela cuando cobra la asignación es ir al supermercado. Pero además de la comida prioriza que su hija mayor tenga todo lo que necesita para ir a la escuela. La nena está en segundo grado y su mamá se muestra orgullosa de su rendimiento: "En lectura y dictado se sacó excelente. Ya escribe su nombre en cursiva. Yo estoy al lado de ella a toda hora para que haga la tarea, y si no tiene la hago estudiar, leer, sumar y restar, que es lo que le pidió la señorita que repase".

Incluso en vacaciones Gisela (que dejó la escuela cuando estaba en noveno) le insistía a su hija en que leyera y volviera a hacer los ejercicios del libro que usó en primer grado. Quiere que Gianella estudie y dice que el día de mañana la va a acompañar "en lo que ella decida hacer".

En la habitación que funciona como comedor y cocina hay una heladera, un horno de garrafa y una pequeña mesa con dos sillas. Allí, la nena despliega su cuaderno y su cartuchera con útiles.

A su lado, Gisela sostiene: "Se nos complica llegar a fin de mes, porque hoy todo está recaro. Ahora tengo que pagar el libro y comprarle más de una carpeta: no bien cobre, se los compro". Por sus buenas notas en la escuela, sus papás le regalaron a Gianella una bicicleta. Ahora, ella sueña con una tablet.

En su casa, el despertador suena a las 6.30 de la mañana. Luego de levantar a Gianella, le prepara el desayuno, la peina y la ayuda a cambiarse. Después, despierta a Nayla y juntas caminan a la escuela. Cuando no trabaja, se ocupa Cristian.

"Ahora me acostumbré a estudiar y me gustan todas las materias", cuenta Gianella, mientras pinta las letras del abecedario. Cuando sea grande quiere ser maestra, policía y maquilladora. "En las próximas vacaciones voy a tener que practicar mucho escribir en cursiva, porque en tercero se escribe todo en cursiva", agrega seria, mientras la lluvia golpea con fuerza el techo de chapa.

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