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Por qué los fanáticos le dan la espalda a los Jaguares: los motivos que conspiran para no reunir 5.000 espectadores

El duro choque de los Jaguares ante Reds en Vélez
El duro choque de los Jaguares ante Reds en Vélez Crédito: Villarpress
Alejo Miranda
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19 de marzo de 2018  

En desventaja 11-7 al inicio del segundo tiempo, los Jaguares cuentan con penal a favor frente a los postes. En las tribunas, el público se rompe la garganta pidiendo palos, pero el capitán Pablo Matera opta por ir al line-out. La oportunidad, como en todo el partido, acabaría siendo desperdiciada. Es presumible que Matera haya hecho caso omiso al clamor popular y actuara por convicción. Pero también puede que el reclamo de la gente no haya sido lo suficientemente audible. El sábado, el estadio de Vélez quedó grande en proporción a la escasa concurrencia, una tendencia decreciente y preocupante.

Lejos quedaron aquellos primeros partidos ante Chiefs y Stormers dos años atrás en los que 18.000 espectadores acompañaban a la flamante franquicia profesional argentina del Super Rugby . Lejos en el tiempo, pero más distante en las realidades que separan a un momento del otro. Se pasó de la euforia inicial por un equipo que había arrancado ganando y brindando espectáculo aun en la derrota a éste, que acumula caídas, no encuentra su juego ni tampoco una identidad propia. Así resulta más difícil todavía que el público se identifique con ellos.

Ni siquiera la impresionante performance en la victoria ante Waratahs una fecha atrás alcanzó para animar a la hinchada. Dos noches atrás, ante Reds, la asistencia no llegó a los 5.000 espectadores por segundo partido consecutivo, según un cálculo informal. Luego del debut ante Hurricanes, donde hubo 7.025 personas, la UAR dejó de comunicar la concurrencia oficial. En el primer año el promedio había sido de 14.000 espectadores por partido, que se redujo a 9.000 el año pasado, una cifra igualmente nada despreciable.

La razón principal de este descenso responde presumiblemente al cariz perdedor que rodea a este equipo. De 35 partidos, ganaron 12 y perdieron 23. Basta una muestra: en 2017 jugaron su primer partido en casa ante 9.350 espectadores. Tras ganar dos partidos seguidos, la cifra creció a 14.637. Luego de perder siete de los siguientes ocho, se despidieron ante 4.100 personas ante Kings.

La superposición con la actividad local, que comenzó dos sábados atrás, es otro factor, aunque de menor peso. Después de todo, la gran mayoría de los partidos de los Jaguares coincide con la disputa del Nacional de Clubes o del torneo de la URBA. Y el mencionado partido ante Kings, el de la menor asistencia en la corta historia de la franquicia, se disputó un viernes por la noche.

Los precios no parecen incidir. Si bien las plateas son caras (600 pesos las más baratas, 900 las menos), las tribunas cabeceras son accesibles: 200 pesos para el público en general, 100 si se adquieren a través de los clubes.

De todas formas, cabe un replanteo para las temporadas venideras en este sentido. Es evidente que la realidad de los Jaguares no es la que se imaginaba cuando la Argentina ingresó al Super Rugby. Aunque la cancha de Vélez sea de fácil acceso, acercar el equipo a Zona Norte, donde reside la gran mayoría del rugby de Buenos Aires, contribuiría a atraer más público.

Tal era la idea original, con el CASI como escenario, pero no se concretó por cuestiones internas. ¿Acaso es el único club que tiene espacio para tribunas tubulares, carpas corporativas y vestuarios acordes? Mucho más que eso no se necesita. La capacidad sería limitada (alrededor de 10.000 espectadores), pero es suficiente para esta coyuntura. Vélez podría funcionar como alternativa en caso que el equipo volviera a convocar masivamente a los amantes del rugby.

Los Jaguares tienen la capacidad de volver a encantar al público, pero primero deben encontrar su propia identidad y luego traducirla en victorias. Capacidad tienen, como han dado sobradas muestras. Hoy por hoy, la cancha de Vélez queda grande.

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