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Guille y Lolla

Carlos M. Reymundo Roberts
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19 de marzo de 2018  

Anteanoche, San Isidro era un estallido de fervor y parafernalia por el Lollapalooza, en el que la música se transforma en frenesí de multitudes. A 20 cuadras de allí, todo era distinto y todo, en el fondo, era igual. Distinto: un sótano (el Teatro de la Media Legua, en Martínez), 120 personas, luces tenues, mesas y sillas, sabor de intimidad. Igual: la magia de la canción arropando a un público que, como el del Lolla, sentía que esa era la noche perfecta. En el Hipódromo de San Isidro, artistas consagrados, bandas globales. En el sótano, Guillermina Beccar Varela, exquisita cantante de música popular, que presentaba Descalza, su último disco, acompañada en el piano por un prodigio santiagueño: Marcelo Perea. Guillermina, dueña de una voz sublime, no solo genera adoración entre su público, que no viene del circuito comercial. Nadie le ha regalado tantos halagos como Mercedes Sosa, que hasta la invitó a actuar en una velada de gala en la Casa Rosada. "Una voz grande y hermosa", la presentó. "¿Cuál es mi preferida? Guillermina Beccar Varela", dijo en otra ocasión. "Guille" también ha cantado a dúo con Serrat, que acaba de elogiarle su versión de "Lucía", incluida en Descalza.

Según se mire, 20 cuadras pueden ser muy lejos o muy cerca.

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