El líder que creó un manual de uso para los autócratas

Steven Lee Myers
Steven Lee Myers MEDIO: The New York Times
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19 de marzo de 2018  

PEKÍN.- Persiguió a sus opositores y enriqueció a sus amigos. Se anexó un pedazo de Ucrania, le dio apoyo moral y militar al dictador de Siria, y trató de volcar la balanza en las elecciones de Estados Unidos. Por segunda vez en apenas una década, está acusado de orquestar el envenenamiento de un exagente exiliado en Gran Bretaña.

¿Qué es entonces exactamente lo que ha convertido a Vladimir Putin en el héroe mundial de los populistas, los líderes autoritarios y el resto de los que por derecha y por izquierda ocupan los márgenes de la política global? La respuesta, probablemente, es todo lo antes mencionado.

Durante sus más de 18 años en el poder, Putin logró desafiar a sus críticos internos y externos, ignorando las normas y las instituciones del orden global que emergieron tras el colapso de la Unión Soviética. Quien antes parecía fuera de ritmo con la liberalización occidental, hoy parece encabezar la vanguardia de toda una nueva generación de líderes que también la desafían, en Turquía, en Hungría, en Italia y, por qué no, también en Estados Unidos.

A diferencia del comunismo, Putin no ofrece ninguna ideología coherente, sino más bien un modelo amorfo para proteger la soberanía rusa de los organismos internacionales. "Creo que esos otros líderes ven a Putin no tanto como una inspiración, sino como una suerte de permiso", me escribió Garry Kasparov, un histórico crítico de Putin.

Ayer quedó claro que Putin no se está yendo a ningún lado. Aunque muchos señalan la vulnerabilidad económica de fondo de Rusia, el resultado de las elecciones de ayer subraya la resiliencia del modelo creado por Putin. "El hecho de que sea un gigante de pies de barro es irrelevante", dice Nina Khrushcheva, profesora de relaciones internacionales de la Nueva Escuela de Nueva York. La experta señala que Putin domina el arte de modelar su propia imagen a través del control estatal sobre los medios, mientras que al mismo tiempo acorrala a los disidentes, tanto en las calles como en las redes sociales. Con los años, Putin se convirtió en la encarnación de esta era posideológica y posfáctica de "telerrealidad" y "falsas noticias" que todos estamos viviendo.

Al igual que Silvio Berlusconi y Donald Trump, el líder ruso ha demostrado la insólita capacidad de explotar el implacable foco de la atención pública para construirse una devota base de seguidores y ser "todo para todos", o como dice Khrushcheva, para convertirse "en un collage de todas las películas, y ser héroe y villano al mismo tiempo".

Las tendencias autocráticas de Putin sirvieron a sus propios intereses, reforzando su control de las palancas del poder económico y político, pero también han evolucionado. Cuando emergió por primera vez en la turbulenta escena política de Rusia, Putin parecía inclinado a continuar el acercamiento con Occidente buscado hasta entonces por Boris Yeltsin. Pero muy pronto se resintió con los organismos europeos, incluida la OTAN, a los que pasó a considerar como irreconciliablemente enemigos de los intereses rusos.

Lo que más odiaba Putin era la influencia pos-Guerra Fría que ejercía el viejo enemigo de los rusos: Estados Unidos. Todo comenzó con la decisión del presidente George W. Bush de retirarse del Tratado sobre Misiles Antibalísticos y con la invasión de Irak. La hostilidad con Occidente alcanzó su punto máximo luego de las rebeliones populares en las exrepúblicas soviéticas. Consideraba que las protestas estaban orquestadas por Estados Unidos y, según le dijo este mes a NBC News, tenían la intención de "detener el progreso de Rusia".

Sin embargo, la naturaleza del nacionalismo de Putin cambió en 2012, cuando sucedió a Medvedev en la presidencia y ganó cada vez más apoyo de la derecha. Aturdido por las protestas de los residentes urbanos decepcionados y por la desilusión de los líderes europeos con su regreso a la presidencia, Putin comenzó a hacer llamados explícitos a la historia cultural y religiosa rusa. Emprendió una cruzada contra la decadencia moral de Occidente, que una vez llegó a describir como "estéril y sin género". Algunos conservadores de Occidente comenzaron a hablar de él con admiración. Por supuesto, entre ellos estaba Trump.

Alina Polyakova, experta de la Institución Brookings en populismo de extrema derecha en Europa, dijo que para los europeos, Putin parece proteger la identidad nacional contra las supuestas amenazas de un mundo global liberalizado. Esas "amenazas" incluían, entre otras, el casamiento homosexual, la inmigración y la delegación de la soberanía nacional ante instituciones internacionales.

Según Polyakova, se trata de una idealización romántica, ya que pocos europeos quieren realmente vivir en el corrupto sistema político y económico en el que se ha transformado Rusia. No obstante, no deja de ser un sistema poderoso. "Le da a la gente algo sólido a lo que aferrarse en un mundo que se vuelve cada vez más volátil. Es tangible. Es real. Representa un sentido de soberanía", dijo Polyakova.

Traducción Jaime Arrambide

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