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A los 5 años se hizo vegetariana, hoy es especialista en cocina vegana y libre de gluten

Jimena Barrionuevo
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19 de marzo de 2018  • 16:36

"Silvi, vení a comer que preparé algo para vos", le decía su papá todos los domingos. Tenía tan solo cinco años, pero ella se negaba a sentarse en esa mesa en la que las carnes, las achuras y los chinchulines especialmente hechos para ella eran protagonistas. Desde que tuvo uso de razón, Silvina Premmurti (42) sintió que había nacido vegetariana -y con el correr de los años confirmaría aquella corazonada y daría el paso definitivo hacia el veganismo-. "En esa época poco se sabía al respecto, mis padres, profesionales de la salud, tenían mucho miedo, pensaban que era un capricho. Eran los tiempos en los que tu mamá te acomodaba los chacras de un sacudón y te limpiaba el aura de un grito. Tuve una infancia hermosa, pero el momento de sentarme a la mesa era toda una odisea, sufría mucho", recuerda.

Se había criado en una familia de grandes cocineras, su mamá y su abuela vivían entre ollas y sartenes. "Mis padres utilizaban el premio-castigo. Así que yo siempre estaba en el famoso estado de capilla. Cada vez que me sentaba a la mesa la adrenalina me recorría el cuerpo. Todos los platos eran con carne y yo no quería saber nada con eso". Tampoco se sentía cómoda entre sus amigos y mucho menos cuando la invitaban a un cumpleaños. Había algo que no encajaba. Entonces, a pesar de su corta edad, hizo un pacto con sus padres: si quería comer algo diferente a lo que ese día se servía en la mesa familia, tenía que prepararlo ella misma.

Silvina junto a sus padres, Anny y Víctor, y su hijo Pedro de 12 años
Silvina junto a sus padres, Anny y Víctor, y su hijo Pedro de 12 años

A los 12 años empezó a estudiar cocina naturista y, alentada por una profesora de química del colegio, se propuso investigar los alimentos. "Me inicié en La esquina de las Flores con Angelita Bianculli, una mujer que con un pronóstico de reumatismo pronunciado a muy temprana edad, pudo sanar por medio de la alimentación y dedicó su vida a enseñar cocina naturista. Para una adolescente con mis características, ella, como su nombre, era un ángel que te daba un curso y te recibías de maestra en naturismo". Luego estudió cocina macrobiótica y se sintió maravillada cuando conoció el mundo de las algas, los hongos y de los fermentos.

Un instinto la llevó a sumergirse en el maravilloso mundo de las especias. "Eso era lo que a mis platos le daba la magia, podía transportar a los comensales a diferentes países, los llevaba a conectarse con todos sus sentidos y su imaginación, invitaba a amigos a comer, y les contaba las historias de las especies, así como un cuento". Para completar la formación fue a la embajada de India a pedir información sobre una médica ayurveda que residía en Argentina y que daba clases de cocina. Así conoció a Summati, "una gurú que casi no hablaba, pero que en ese silencio me enseñó la comunicación con las especies y el alimento. En sus clases no se hablaba ni se probaba la comida. Porque hablar se saliva, porque la comida se ofrendaba, porque al usar los otros sentidos podía conectarme y entender el proceso. Un día Summati me dijo que era mi última clase porque ya era el momento para que yo caminara sola. Quería abrazarla fuerte, pero ella sólo sonrío y me invitó a seguir mi camino".

El alimento como medicina

Con un espíritu incansable, Silvina siguió buscando más recursos y herramientas para crecer en su pasión y profesión. Hizo un retiro de yoga y un buen día, cuando la cocinera se había ausentado por un malestar, todas las miradas apuntaron a ella para que la reemplazara. Eran cerca de 100 personas a las que iba a tener que servir durante los cuatro días que quedaban del retiro. Asegura que, aunque prácticamente durmió en la cocina del lugar, esa inolvidable experiencia marcó un antes y un después en su vida. "Cuando terminó el retiro, el swami me llamó para una reunión y me dijo: cada vez que me sentaba a la mesa y llegaba tu comida, trataba de descifrar qué era eso especial que lo amalgamaba, porque era simple, verduras, cereales, especias. Y descubrí que era tu amor. Fue lo más maravilloso que me dijo un comensal. ¿O acaso hay un acto más íntimo que dar alimento a alguien?".

Paella vegana con vegetales de mar
Paella vegana con vegetales de mar

Sus inquietudes por el alimento y, convencida de que la cocina es un templo de medicina, la llevó a seguir incursionando en técnicas ancestrales como la alimentación viva o raw food, los yuyos o malezas comestibles, las plantas medicinales la cosmovisión Andina y los fermentos.

El siguiente paso fue acompañar a pacientes en tratamiento oncológico que habían recibido la indicación de dejar de lado todo alimento procesado e industrializado, además de las harinas y los lácteos. Lo hizo de la mano del médico Pedro Swirido, a quien reconoce como uno de sus mayores maestros. "Él me enseñó qué hay detrás del proceso de enfermedad, comprendí cómo funciona psicoemocionalmente el ser humano, y cómo la alimentación y el apoyo de un buen profesional pueden curar". Y llegó otro desafío: dar clases y talleres a papás y mamás con niños autistas. Acompañarlos desde su hacer a dejar el azúcar, los lácteos (la caseína y lactosa) y el gluten "y poder ver el milagro y la emoción de mejoría, de conexión", dice emocionada.

Un día se despertó con el mensaje de una mamá de un niño con celiaquía donde le decía que gracias a que la había visto en un programa de la televisión su hijo iba a poder comer igual que todos sus amigos en su cumpleaños. "Lloré de la emoción, y algo muy fuerte pulsó en mi. Me di cuenta que sólo estaba acompañando a los participaban de mis talleres o charlas. No lo pensé ni un minuto, y armé junto a amigos mi propio canal de Youtube para que cada uno pueda ser el conductor y no el pasajero de su salud".

La voz del especialista

Liliana Grimberg es Nutricionista y Dietista y Coordinadora del Área de Nutrición del Centro Terapéutico Dr. Máximo Ravenna. En este audio reflexiona acerca de la "moda" de las dietas sin gluten y explica los motivos por los que cada vez más personas se vuelcan a este tipo de alimentación.

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