Cirque du Soleil: los secretos detrás de la magia de Amaluna

Los secretos detrás del éxito de Amaluna, el show del Cirque du Soleil

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Michelle Wigdorovitz
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21 de marzo de 2018  • 20:57

Cuatro artistas practican saltos simultáneos en una estructura que recuerda al clásico sube y baja infantil, con decenas de colchonetas azules situadas a su alrededor. Sonríen, mantienen breves conversaciones y siguen trabajando, concentrados en cada movimiento. Un poco más atrás, la atleta australiana Shona Morgan practica distintos giros en un gran aro. Todos ellos -junto a 43 acróbatas- forman parte de Amaluna, el nuevo espectáculo que el Cirque du Soleil trajo a la Argentina y que está basado en La Tempestad, de William Shakespeare.

A un costado, cortinas por medio, se encuentra el lugar donde los fisioterapeutas atienden a los 48 artistas, de 19 nacionalidades distintas. Del otro, está el área de vestuario: allí cuatro mujeres cosen los vestidos, planchan los trajes y arreglan las pelucas y los accesorios. Trabajan de forma minuciosa para que todo esté en su lugar, bajo la rigurosa mirada de Larry Edwards, el jefe de vestuario: "Los trajes están diseñados por Mérédith Caron. Ella quería que las telas se vean lo más natural posible. Por eso son de seda, algodón y cuero", revela.

Los acróbatas, oriundos de Bélgica, Brasil, Polonia y Reino Unido, le ceden su lugar en las colchonetas a tres mujeres para que practiquen saltos y giros en unas barras de madera. Inquietos, se colocan frente a un televisor, donde ven las grabaciones de cada función para corregir aquellos números que hayan tenido errores o desprolijidades. Detrás de ellos, el ucraniano Dmytro Frolov ejercita con pesas de más de 80 kilos.

La carpa de ensayo se comunica, a su vez, con la que alberga a los 2500 espectadores que concurren cada noche a ver el show que se estrenó el 15 de marzo en Costanera Sur. Las 115 personas que integran el staff (48 de los cuales son artistas) están en cada detalle para que cada función sea un verdadero espectáculo.

Empieza a caer la tarde en la ciudad y cada uno se prepara para dar lo mejor de sí en escena. Los atletas que hacen esfuerzo se preparan para comer, mientras que las acróbatas que giran en el aire no pueden ingerir alimentos antes del show. Todo está creado, pensado y cronometrado para que el engranaje dé como resultado un show mágico, que combina acrobacia, música original, trajes coloridos, juegos de luces y una mística inolvidable.

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