NELSON CASTRO

"Para mí, ser ético es un compromiso de vida, no una simple declaración"

Médico especializado en neurología, desde hace años ejerce el periodismo y es considerado el paradigma del profesional comprometido, independiente, serio y ético
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21 de marzo de 1999  

Nelson Castro ("43 para 44", como diría mi abuela, soltero, padre y madre que viven, un hermano menor, ninguno con vinculaciones con el periodismo) aparece, en casi todas las encuestas, como el prototipo del periodista independiente, ético y serio. Es médico especializado en neurología, pero hace unos años el periodista que es se devoró al otro especialista. En este momento, Castro tiene -desde 1993- su espacio Puntos de vista, en Radio del Plata, de 6 a 9; otro en la señal de cable TN llamado Juego limpio, los viernes, a las 22; una columna fija en el semanario XXI y otra, ocasional, en La Nacion. En la entrevista, Castro se refiere a la enfermedad que lo mantuvo en curación y, por momentos, grave durante sus primeros 14 años de vida y a su verdadera, gran frustración, la interpretación y composición musical. En 1986 estaba haciendo un posgrado médico en la Norteamérica de Reagan cuando obtuvo un lugar, como periodista extranjero, en una conferencia de prensa presidencial sobre un tema de actualidad: el Irangate. Allí pudo hacer una pregunta que provocó toda una situación en el encuentro. Aquel episodio fue decisivo en sus elecciones siguientes.

-¿Te acordás todavía de la pregunta que le hiciste a Reagan?

-En el Irangate había dos personajes, que eran el almirante Pointdexter y el general Oliver North. Yo le pregunté a Reagan si él se sentía traicionado por ellos, si no creía que le habían dado una especie de información cambiada. Entonces, Reagan me responde que se trata de una pregunta capciosa y que por lo tanto no me la va a contestar. Hay un murmullo en la sala, se para un periodista que trabajaba para The New York Times y lo reconviene: "Perdón, señor presidente. Usted no está aquí para juzgar las intenciones de nuestras preguntas, sino para responderlas". Lo más interesante de todo esto es que el hombre escuchó y, con humildad, respondió, diciendo: "Discúlpeme", y pasó a ocuparse de la pregunta. Allá fue algo más dentro de esa conferencia de prensa, pero a mí me marcó mucho.

-Mirá estos nombres: Germán Sopeña, Carlos Fresco, Eduardo Van der Kooy, Julio Blank, Alfredo Leuco, Carlos Ferreyra, vos mismo y un montón más se iniciaron en el periodismo deportivo y terminaron en otra especialidad. ¿Qué explicación le das a este fenómeno?

-Es que, todavía hoy, la del periodismo deportivo es una puerta de ingreso importante. En mi época, era un espacio donde podías trabajar con libertad (esto no fue un detalle menor durante la dictadura, era lo único que se podía hacer sin trabas) y lo que aprendías te daba mucho oficio. Yo trabajaba en la calle y era todo: el periodista, el investigador, el productor. El periodismo deportivo es extraordinariamente atractivo para conocer, porque se viaja mucho. A mí, los torneos me dieron la oportunidad de andar por toda América del Sur: viajaba para el partido, pero cuando estaba allí absorbía de aquellas realidades cientos de conocimientos que todavía hoy me sirven.

-En lo deportivo, ¿llegaste a tener una especialidad?

-Yo era un reportero, fundamentalmente lo que se llamaba un vestuarista. Hacía fútbol, pero dominaba a la perfección otros deportes como basquet, tenis, voleibol.

-¿El periodista deportivo había sido deportista?

-Como tantos chicos, jugaba al fútbol en el colegio, pero nunca llegué a integrar la selección. O sea que tan bien no jugaba. Era un defensor, digamos, no destacado, hasta el punto que alguien me había mandado para afuera con una frase lapidaria: "Tu puesto, Nelson, es de la línea de cal para afuera del campo, lo más lejos posible".

-¿Te interesa el fútbol, seguís la actividad?

-Me interesa, la sigo, pero especialmente por televisión. El último partido de fútbol al que fui a trabajar fue un Chacarita-Los Andes, que terminó con heridos, tumultos, gases y con un susto mío tremendo porque había llevado a mi papá y, en un momento, lo perdí. Nunca más volví a una cancha. Veo el fútbol, me interesa como fenómeno social, pero alrededor del fútbol lo que se ve sigue siendo muy preocupante.

-Una curiosidad inevitable: ¿de quién sos hincha?

-Bueno... la verdad es ésta. Hasta los 15 años fui hincha de Independiente. Estaba en el secundario y sufrí, transpiré, me tensioné hasta saber si Independiente sería el campeón de 1970. Cuando volví a mi casa me sentí arrepentido, y aunque cueste creerlo, fue así: salimos campeones, pero ese día se terminó mi fanatismo y mi dependencia por Independiente.

-Escuchando tu programa, me llama la atención cómo mucha gente, los oyentes y los entrevistados también, te llama doctor. ¿Qué significa en la Argentina, todavía, ser doctor?

-Es interesante esto. A mí no me gusta que me llamen doctor, no doctoreo, no hago exhibición. Lo preocupante es cuando el doctoreo se maneja interesadamente para marcar una diferencia cultural entre el que habla desde un medio y su interlocutor. Esto empieza cuando, al volver al país, en 1987, comienzo a trabajar con otro doctor, Mariano Grondona, y él cuenta que yo soy médico. Alguna gente se entera y comienza a llamarme doctor, al aire. Yo durante un tiempo les decía: "Por favor, no me diga doctor, porque aquí no estoy en condición de médico". Pero un día, como la cosa seguía, me cansé y abandoné ese pedido. Todavía hoy, muchos de los que me llaman doctor suponen que soy abogado y yo ni lo aclaro o digo: "No, disculpe, soy médico, pero aquí soy periodista". En la última nota que me concedió el presidente Menem, en la que discutimos mucho, él, en un momento, me regaló una nueva profesión cuando me dijo: "Porque usted, que es un destacado economista, debería saber que...".

-Daría la impresión de que sos un hombre de terminar concluyentemente las cosas: terminó de un día para el otro tu fanatismo por Independiente, terminaste de ser periodista deportivo, nunca más pisaste una cancha. ¿Cómo es tu relación con la medicina y cómo termina, si es que terminó?

-Hay más cosas que se terminaron, la música por ejemplo. Pero el tema de la medicina fue algo fuerte, decididamente vocacional, tanto como el periodismo. Desde chico yo decía que quería ser médico y periodista. Lo hice, estudié, me formé, me especialicé. Fui médico hasta 1993 y lo que más extraño es la medicina del hospital. Hasta ese momento, trabajaba gratuitamente en el Santojanni y también tenía mi consultorio. La tarea asistencial terminó cuando me di cuenta que mucha gente acudía a mí más para conocer a la personalidad pública que para ser atendida por el médico. Hubo un punto de inflexión. ¿Te acordás del problema de salud de Menem en 1993, cuando tuvo una obstrucción en la carótida? Me llama Mariano Grondona y me pide que lo explique en su programa de televisión. Yo lo hice porque sabía de qué se trataba por mi especialidad y, además, porque durante el día me había informado específicamente. A partir de esa presentación, el consultorio se llena de gente que, aun con correctísimos diagnósticos de otros neurólogos, querían conocer la opinión del de la televisión. Llegué a tener los dos siguientes meses cubiertos.

-El efecto de la fama.

-Claro, y a la fama yo le respondí con la ética, que para mí es un compromiso de vida, no una simple declaración. Esto no es ético, pensé, y le puse un fin.

-¿Te dio dolor?

-Sí, porque yo sigo leyendo, actualizándome, estudiando muy en contacto con mi especialidad. Y además, porque con la neurología clínica disfrutaba mucho, era placentero el trato con los pacientes. Como no vivía de eso, la podía ejercer sin las presiones que hoy tiene cualquier médico.

-¿Y qué pasa cuando algún familiar cercano, vecino o amigo de la radio te para y te dice que le duele acá?

-Por supuesto que la referencia no se acaba así nomás. Pero no tomo nada a mi cargo, no tendría tiempo para acudir a una urgencia. Lo que hago es escuchar y derivar a muy buenos colegas. La gente lo entiende. En general lo que digo es: "Usted tiene que ver a su médico". Cuando llegan consultas médicas al programa de radio trato de dar alguna orientación para no aumentar la sensación de desamparo. Y a veces recibo enojos. Cuando voy por la calle, mucho más que recetas, me piden que mantenga mi conducta y muchos, muchos, muchos me piden trabajo.

-Siendo tan arduo y costoso como es recibirse de médico, ¿qué te hace pensar que el que haya permanecido sea el periodista y no el médico?

-Y, pienso: la vida es tan extraña. Finalmente me gratifica saber que pude convivir muy bien con ambas cosas hasta 1993. Por otro lado, sigo la actualidad de la profesión médica en la Argentina y me siento muy preocupado. Hay una obrerización del profesional, que para vivir debe tener cuatro o cinco trabajos simultáneos. Hay una pérdida sistemática de liderazgo profesional. Hay que ver lo que es la palabra del médico en los Estados Unidos: tiene un peso enorme, no es pisoteada por el poder.

-De haberte quedado a vivir en los Estados Unidos, ¿qué hubieras sido?

-Probablemente, las dos cosas. Hubiera podido manejar los tiempos con más facilidad, trabajaría de médico y habría buscado la manera de estar presente en el periodismo.

-Haciendo periodismo, ¿en qué te sentís un poco médico?

-La formación médica le da a uno una estructura de pensamiento, un orden, una forma de análisis. Eso se aplica cada día.

-Cuando eras chico, ¿hubo algún personaje del periodismo o de la medicina que te haya inclinado por admiración hacia alguna de estas tareas?

-Creo que no, porque en mi familia no hubo profesionales. ¿Sabés una cosa? A veces se lo atribuyo a mi enfermedad. Creo que llegué a la medicina por la necesidad de comprender la situación del otro. Tuve muy buenos padres. Debo haber tenido buenos médicos.

-¿Qué enfermedad?

-(Se señala unas cicatrices muy visibles, a ambos lados del cuello.) Desde los 15 días de nacer estuve muy enfermo, a punto de morirme varias veces. Tuve erisipela gangrenosa (aclara el doctor Castro: enfermedad infecciosa provocada por una bacteria de origen desconocido). No es una enfermedad excesivamente frecuente; tampoco es una rareza total, pero las complicaciones son severas. Mis padres hicieron un esfuerzo tremendo para sacarme adelante, tuve siete operaciones hasta los 14 años: para mejorar la movilidad de la zona, pero también para mejorar la estética. Todo eso significó para mí un gran desafío personal. Ese contacto con la medicina y los médicos que tuve durante un largo tiempo de mi vida, seguro que influyó en mi vocación médica.

-Estuviste 14 años luchando con la erisipela.

-Y más también. Porque, más adelante, cuando tuve la oportunidad de iniciarme en la televisión, no faltó quien me dijera: "Pero, Nelson, cómo vas a aparecer con esas cicatrices". Yo siempre les respondí: "Bueno, la gente va a tener que escucharme y mirarme por lo que soy y digo, no por mi belleza". Y así me incorporé. Este es Nelson Castro con la cicatriz que ni yo oculto, ni quiero que nadie olvide, pero que es algo mío, algo más. Para mí, eso fue un desafío que gané.

-¿Qué otros desafíos te quedan?

-Me gustaría hacer un programa periodístico distinto, en la televisión abierta, y también escribir una sinfonía para guitarra... (Se queda pensando, en silencio, exactamente 32 segundos.) La estoy buscando y cuando la tenga te vas a enterar.

-¿Cómo es lo de la música?

-Estudié música de los 9 a los 17 años. Me recibí de profesor de música y composición, estudié dirección de orquesta, fui concertista de guitarra, di algunos conciertos en Radio Municipal y compuse algunas obras de música sinfónica que están guardadas. Mi ilusión, a los 17 años, era prepararme con todo para ingresar en el Colón.

-¿Cuánto hace que el presidente de la Nación no te da una entrevista y por qué?

-La última fue el 20 de diciembre de 1991 por Radio El Mundo. En ese momento se había anunciado la postergación del pago del medio aguinaldo hasta enero y Menem había dicho que nadie se moría por veinte días de postergación. Yo lo critiqué duramente y se generó una enorme discusión. El salía al aire, creo que desde la cancha de Banfield, estaba por jugar un partido con Duhalde. Desde entonces lo llamamos, contadas, 130 veces hasta que dijimos basta, sepa, señor presidente, que está invitado permanentemente. Gente cercana a él trató de convencerlo, él siguió diciendo que no y yo suelo decir que mantiene con nosotros una actitud discriminatoria. También en alguna ocasión Cavallo se negó a hablar conmigo, pero ahora, salvo Menem, no hay ningún otro.

-En la Argentina, ¿qué significa ser un periodista creíble?

-Es un gran peso, pero también es una necesidad. La ética, la credibilidad, son mi capital. Hace un tiempo volvía al país, estaba en la cola de Migraciones en Ezeiza y un funcionario del aeropuerto me invita a pasar por el costado. Lo miré, le agradecí y le dije que iba a seguir en la cola, que no era corta. Cuando se fue, se me acercaron algunas personas, se identificaron como oyentes y me dijeron: "Doctor, qué decepción hubiera sido para nosotros que usted hubiera aceptado salir de la cola". Yo eso no lo hice por exhibicionismo, sino por convicción. Pero sé muy bien que la gente nos observa. Y cómo. Todos los días hay que dar testimonio de conducta frente a la noticia.

-¿Qué significa tener conducta frente a la noticia?

-Dar todo frente a lo que uno elige como noticia, llegar más allá de lo que pueda pensar del personaje, buscar la ecuanimidad, tratar a todos, se trate de quién se trate, por igual, encontrar a los protagonistas, expresar con firmeza lo que uno piensa (opinar controvertidamente no obliga a ser agresivo), ofrecer espacios para la réplica, no quedarse con la última palabra ni hablar cuando el personaje ya no está en el aire. Después, huyendo de lo solemne o aburrido, tratar de expresar las cosas en el lenguaje de la gente. El humor me parece una cosa fantástica, pero también me parece importante evitar la tentación de la humorada.

-La gente cree en vos. ¿Vos en quién crees?

-No tengo muchos, pero creo en mis amigos, porque sé que son honestos. Creo en mi familia y, en principio, creo en la buena fe de la gente.

-¿Cómo están las radios y los canales de televisión?

-No están bien. Hay desorden, hay una concentración nociva, no se garantiza una pluralidad esencial para la democracia, me alarma la falta de legislación para generar una corrección. En los Estados Unidos, la regulación sobre medios es fuerte y estricta. A mis anunciantes les digo: "Ustedes aquí están auspiciando, de ninguna manera comprando protección". Esto lo aprendí durante mi beca en los Estados Unidos: allá, y aquí no terminamos de entenderlo: la información es el bien supremo. Hay un caso famoso de cómo la televisión pública de California sostuvo una denuncia de monopolio contra la compañía de teléfonos AT&T, a pesar de contar con la publicidad de la compañía, que terminó admitiendo la equivocación y agradeciendo las críticas.

-Nelson, un día viene un productor loco y te dice: "Socolinsky y Cormillot se retiran. Le ofrezco un espacio central en televisión para hacer divulgación médica". ¿Qué le contestás?

-Le digo: "No, muchas gracias", como ya lo hice, porque esa oferta ya la tuve.

-Y, después de ése, llega otro, más loco, que conociendo tus antecedentes como periodista deportivo te propone: "Víctor Hugo Morales a la política, Nelson Castro a transmitir el clásico del domingo".

-No lo aceptaría, no estoy preparado, no es lo que siento. Además, soy amigo de Víctor Hugo, creo que a él le pasaría lo mismo con la política. Me encantaba relatar fútbol cuando era chico. Pero eso ya pasó.

Personas en su vida

  • Juan Carlos Chiappe: famoso autor y actor de radioteatros populares. Desde la radio, como tarea benéfica, se dedicaba a recolectar libros usados que luego distribuía en escuelas y otras instituciones. Un día, el padre de Nelson llamó a Chiappe para darle un lote de libros y de paso le pidió una recomendación para su hijo, estudiante de periodismo deportivo. Eso abrió la primera posibilidad para que Castro fuera a la radio.
  • Su madre: Elsa, 66 años.
  • Su padre: 68 años, carpintero de profesión. Igual que su hermano Daniel.
  • Ricardo Arias: periodista deportivo, especialista en boxeo. Es el periodista al que Chiappe recomendó a Castro y que le dio la primera oportunidad en radio.
  • Bob Woodward, Ted Koppel: famosos hombres del periodismo norteamericano a los que tuvo oportunidad de conocer mientras realizaba su beca en aquel país entre 1984 y 1985.
  • Fioravanti, José María Muñoz, Yiyo Arangio, Oscar Gañete Blasco, Héctor Drazer: otras grandes figuras del periodismo deportivo radial con los que Castro trabajó mientras fue periodista deportivo.
  • Fecha tras fecha

    5 de abril de 1955: el día y año de su nacimiento en San Martín, provincia de Buenos Aires. Primaria y secundaria: las cursó en el colegio católico Nuestra Señora de Luján, de Villa Pueyrredón.

    1973 Inicia estudios de periodismo deportivo en el Círculo de Periodistas Deportivos.

    1974 Comienza la carrera de Medicina en la Facultad de Medicina de la UBA.

    11 de marzo de 1975: primera tarea periodística frente a un micrófono. En la desaparecida Radio del Pueblo lee las formaciones de Peñarol y Universitario de Lima, en un partido por la Copa Libertadores.

    2 de abril de 1980: se recibe de médico.

    1984 Interviene en Convocatoria, su primer programa no deportivo, por Radio Municipal.

    7 de noviembre de 1984: obtiene la beca del World Press Institute, que cumple durante un año en medios norteamericanos.

    1986 Gana otra beca, pero esta vez para hacer su especialización médica, en neurología, en los Estados Unidos.

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