Desafiante, Xi advirtió que China está preparada para pelear "guerras sangrientas"

El líder más poderoso desde Mao Tse-tung cerró la Asamblea Legislativa anual con un discurso de fuerte tono nacionalista y beligerante
El líder más poderoso desde Mao Tse-tung cerró la Asamblea Legislativa anual con un discurso de fuerte tono nacionalista y beligerante Fuente: Reuters
Adrián Foncillas
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20 de marzo de 2018  • 16:50

PEKÍN.- El presidente chino, Xi Jinping, clausuró con un ardoroso discurso sobre el auge de su país la sesión parlamentaria que había servido para certificar el suyo.

Xi y China van de la mano en busca de la grandeza que la historia les adeuda y cualquier obstáculo es eliminado. Lo mismo da los límites temporales de la presidencia que la costumbre de reservar los focos de la Asamblea Nacional Popular para el primer ministro.

La interesante conferencia de prensa de Li Keqiang sobre economía fue eclipsada por los fragorosos titulares que disparó Xi, alfa y omega de la política china desde que emergió cinco años atrás.

"China está preparada para luchar guerras sangrientas contra sus enemigos", dijo Xi a los casi 3000 delegados en el Gran Palacio del Pueblo. "El pueblo chino ha entendido desde la antigüedad que nada es gratuito. Para ser feliz, tenés que pelear por ello", añadió. El presidente ahondó en ese nacionalismo populista que cala fácilmente en un pueblo que aún lamenta la rapiña colonial y el salvaje imperialismo japonés.

Xi animó al país a ocupar el "lugar debido en el mundo", presentado como un entorno de resentidos hacia la emergencia china. El presidente se detuvo en Hong Kong y Taiwan, viejos asuntos de la soberanía nacional.

Un movimiento independentista cada vez más profundo arraigó en la juventud de la excolonia, mientras Estados Unidos revolvió el estrecho de Formosa con la ley que permitirá a sus altos cargos visitar a sus homólogos en la "isla rebelde".

Donald Trump ya había descompuesto a Pekín al aceptar la llamada de felicitación de Taipei tras ganar las elecciones y después hundió las relaciones bilaterales planteando el principio de "una sola China" como negociable. Desde entonces sabe que el camino más corto para irritar a Pekín es Taiwan.

"Cualquier acción o truco encaminados a dividir China están condenados a fracasar y se toparán con la condena del pueblo y el castigo de la historia", amenazó Xi. La integridad territorial es un asunto esencial para los chinos, que asimilan unidad con fortaleza y cualquier escisión con aquella debilidad que Occidente aprovechó para cuartearla.

El discurso oficial viró de la prudencia que recomendaba Deng Xiaoping, arquitecto de las reformas, y siguieron dirigentes como Hu Jintao, a la estruendosa soberbia actual. Pero con esa intervención inflamada Xi pretendió satisfacer a la audiencia interna más que amenazar al mundo, y en ese contexto debe ser interpretado.

El desarrollo chino no debe de asustar a nadie, tranquilizó: "Solo los que están acostumbrados a amenazar ven al resto como amenazas".

En el discurso nacionalista de Xi cupo de todo, desde la pólvora a Confucio, hasta desembocar en el socialismo. No es un invento chino pero nadie lo defiende hoy como Pekín. "La historia ha probado y continuará probando que sólo el socialismo puede salvar a China, y que sólo la defensa y el desarrollo del socialismo con características chinas puede ayudarnos a conseguir el gran rejuvenecimiento de la nación china", avanzó. La llegada de Xi al poder arrasó con las esperanzas de reformas liberales.

Li Keqiang, presunto número dos pero cada día más empequeñecido, sentenció que no habrá ganadores en esa guerra comercial que Trump atiza con aranceles. También animó a "actuar racionalmente antes que dejar llevarse por las emociones". Trump aprobará nuevos controles específicos a bienes chinos que, en su opinión, nacen del robo de tecnología estadounidense.

En la coreografiada conferencia de prensa final se dieron las habituales preguntas que dan una imagen de transparencia y modernidad. Entre las ocho planteadas no se mencionó el final del límite temporal presidencial por el que será recordada esta edición y que irritó a sectores que nunca habían atendido a la política.

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