Malezas: lecciones tras los problemas con dicamba en EE.UU.

Horacio Busanello
Horacio Busanello PARA LA NACION
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21 de marzo de 2018  • 08:19

La presión de las malezas resistentes a glifosato no solo continúa en aumento, sino que se vuelve cada vez más compleja. La introducción de cultivares resistentes al glifosato, hace más de 20 años, permitió simplificar y expandir la agricultura y reducir los costos de producción.

Paradójicamente, su éxito fue también la semilla de los problemas que hoy enfrenta el sector, ya que los laboratorios internacionales abandonaron la investigación sobre nuevos herbicidas. Además, el uso y abuso de sobredosis comenzaron a generar distintos tipos de resistencia.

Las grandes empresas comenzaron a desempolvar viejas moléculas de las estanterías de sus laboratorios para el desarrollo de nuevos eventos resistentes a herbicidas como el dicamba y el 2,4D, cuyo uso no es tan sencillo como el glifosato y que conllevan mucho mayor riesgo a la hora de su aplicación.

Durante 2017 se registraron en los Estados Unidos 1,5 millones de hectáreas afectadas por problemas de aplicación de esta tecnología que fueron denunciados en unas 2700 quejas formales.

Los problemas de "deriva" atribuidos al uso de dicamba han generado daños en otros cultivos que no son resistentes a este herbicida.

Estas quejas han opacado la introducción de una tecnología necesaria para ampliar la rotación de herbicidas con distintos modos de acción para reducir los riesgos de evolución de malezas resistentes.

Más allá de las acusaciones cruzadas, disputas judiciales y cambios en el frente regulatorio, los norteamericanos necesitan generar un consenso sobre los próximos pasos a seguir, mejorar la comunicación sobre su uso, acordar protocolos de aplicación, ampliar y profundizar el entrenamiento de los aplicadores, limitar aplicaciones a determinada velocidad del viento, respetar horarios de aplicación y fechas límite de uso.

Al momento de definir quién tiene que financiar las actividades de comunicación, difusión y entrenamiento, los productores señalan a la industria como primer responsable. Por su parte, las empresas focalizan su discurso en el éxito de la tecnología en la gran mayoría del área tratada, aunque reconocen que tienen que trabajar con quienes no han tenido resultados favorables.

El inicio de la nueva campaña agrícola obligará a productores, empresas, aplicadores y entes reguladores a acordar pasos concretos en esta dirección al tiempo de administrar los miles de reclamos que tuvieron lugar en 2017.

Esta tecnología no ha sido lanzada en nuestro país producto de la dilatada controversia acerca del pago de regalías, pero vale la pena aprender sobre los problemas que se están viviendo en EE.UU. a la hora de la introducción de estos eventos necesarios para combatir a las malezas resistentes.

El autor es consultor

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