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El Messi que no fue: quién es Martín Acevedo, el argentino que ilusionó a Real Madrid

Una imagen de lo que podría haber sido: Acevedo, con la camiseta de Real Madrid, donde conoció a Cristiano Ronaldo; Acevedo jugó en River, Boca, Atlético de Madrid y en el club merengue hasta que las lesiones lo postergaron; a los 24 años, busca relanzarse en Estados Unidos
Una imagen de lo que podría haber sido: Acevedo, con la camiseta de Real Madrid, donde conoció a Cristiano Ronaldo; Acevedo jugó en River, Boca, Atlético de Madrid y en el club merengue hasta que las lesiones lo postergaron; a los 24 años, busca relanzarse en Estados Unidos
Agustín Monguillot
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21 de marzo de 2018  

Fue uno de los primeros casos de talentos precoces que armó las valijas para triunfar en Europa. Dueño de un potencial tan grande que se llegó a decir que Real Madrid estaba formando su propio Messi. La presión y la mala fortuna con las lesiones pusieron en jaque a su carrera hasta perderle el rastro. Hoy tiene apenas 24 años, pero Martín Acevedo es quizás el único argentino que jugó en River, Boca, Atlético y Real Madrid.

"A veces me dicen: 'Pero vos tenés 35 años'. Mi carrera es muy particular, sin dudas", admite Acevedo, que juega como extremo o mediocampista izquierdo. Tenía 10 años cuando empezó a jugar en Boca. Lo vieron en un encuentro con la escuela Fútbol Don Torcuato ante el xeneize y se lo llevaron. Hacía dos años que estaba en las infantiles de River, pero en aquel tiempo los jugadores quedaban libres a fin de año porque no existían los contratos para tan chicos. "Soy fanático de Boca y mi familia también. Ni lo dudé".

El sueño del pibe duró poco, apenas dos años y medio. Martín la rompió en la 94, la misma camada de la que salió Leandro Paredes y que ganó tres torneos internacionales. "Teníamos un equipazo", recuerda el zurdo. Su foto de portada de Facebook enseña ese momento; ahí está, de pelo largo y vestido con la ropa del club, posando con la hinchada de fondo. Sería su última vez en la Bombonera.

La furia de Macri

La propuesta se la acercó Alejandro Ruitiña, su entrenador en Fútbol Don Torcuato, por intermedio de Sergio Agüero, que había jugado en la misma escuela. Atlético de Madrid lo invitó a jugar un torneo contra Barcelona, Inter y Ajax. Ruitiña recuerda que no fue una buena prueba: "Gambeteaba a dos o tres y la perdía. Así unas 25 veces". Estaban en el lobby del hotel cuando se les acercaron los directivos. "¡Que cojones tiene! Cuando le enseñemos a que eluda a uno y la toque, será un crack ", le dijeron.

Sonaron las alarmas en Casa Amarilla. El caso despertó la furia de Mauricio Macri: "Estoy mal. El club trabaja para formar chicos. Los prepara, los contiene y les da afecto soñando con que lleguen a jugar en Primera, pero se van mucho antes de debutar". Estaba tan indignado el presidente del xeneize que propuso modificar el Código Civil para evitar "el abuso de la patria potestad".

La vida de Martín se volvió un reality show. Sus padres se juntaron con dirigentes y abogados; también participó Macri. Claudia Cabrera, su madre, relata aquel encuentro: "Nos ofrecieron plata y preguntaron si alquilábamos. No nos interesaba la plata. Queríamos hacer la experiencia familiar de vivir en España, no salvarnos con el nene".

El pase quedó en stand by. En el entorno del jugador cuentan que Macri y Gil Marín, el máximo accionista del Atlético, coincidieron en un evento y tuvieron un entredicho por el tema. El club español dejó pasar un tiempo hasta que se enfriara la situación. Cuando firmaron el contrato, leyeron que Boca se quedaba con el 50% de una futura venta. Ahí estaba el arreglo.

Nueve meses después del estallido, Martín debutó en octubre de 2007 con un gol. Según el diario Mundo Deportivo, "nunca antes se había registrado tal afluencia de público para ver un partido del Infantil A en Majadahonda" y que Acevedo "fue el más destacado de un partido en el que todos los ojos se posaron sobre él".

-¿Cómo manejaste la situación?

-Era chiquito. Tenía 13 años y no era muy consciente de lo que me pasaba. Imaginate que en 2007 había vuelto de la prueba del Atlético, un día me levantan y me dicen que estaban todos los canales de televisión en la puerta de mi casa. No me lo creía, salgo y estaba hasta el móvil de Cartoon Network. Increíble. Me hacían las notas y después me miraba en la tele.

La llegada a Madrid no empezó según lo esperado. Los padres de Martín renunciaron a sus trabajos y alquilaron la casa para trasladarse con la familia. La falta de empleo (Atlético no cumplió su promesa) y las trabas migratorias los obligaron a regresar a los seis meses. "Me acuerdo que juntaba monedas para llamar a mis viejos. La pasé mal. Lloraba casi todos los días, pero nunca se me pasó por la cabeza volver". Aceptó las reglas y se destacó en las dos temporadas y media en Atlético de Madrid. Lo apadrinó Éver Banega, cuando una vez salió de practicar y vio a Martín clavar un golazo. "¿Quién es ese?", preguntó. Cuando le contaron que era argentino, pidió su teléfono para invitarlo a comer y llevarlo a ver un partido al extinto Vicente Calderón. "Es mi amigo con todas las letras. Me ayudó mucho", cuenta.

Un día, de vacaciones en la Argentina, se metió en una web española y vio una foto suya. Real Madrid lo quería. Su representante le confirmó que estaban negociando. La decisión fue plenamente deportiva: "Es el Real Madrid. Lo charlamos con mi familia y no dudamos". Cuando se mudó a Valdebebas, el campo de entrenamiento del Real, conoció la opulencia: "Tiene 17 canchas de fútbol en impecable estado; los vestuarios que teníamos nosotros con 15 años eran de primera división en cualquier parte del mundo. No faltaba nada".

Su capitán en Cadete A era Cristian Benavente, que juega en la selección de Perú. Desde Bélgica, el mediocampista de Sporting Charleroi es elocuente: "Si le preguntás a cualquier jugador de mi edad, Martín Acevedo era el mejor de esa época en la comunidad de Madrid. Desbordaba, tenía regate, tiro, gol y pase. Lo tenía todo". La llegada de Acevedo a la Casa Blanca generó mucha expectativa. El contexto invitaba a la comparación: un adolescente argentino que viene a probar suerte a España y muestra unas condiciones enormes. La rivalidad con Barcelona alimentaba aún más el sueño madrileño de moldear su propio Messi.

-¿Te afectó esa comparación?

-Sí, ser "el nuevo Messi" me perjudicó mucho. Al fin al cabo depende de uno, pero creo que los medios no se dan cuenta de la presión que te meten al medirte con la misma vara del mejor de todos los tiempos. No sé si supe manejarlo. Después de mí salieron 250 nuevos Messi de todos los países.

Había completado una buena primera temporada en el Real cuando empezaron las lesiones. Una tras otra. Pinchazo, rehabilitación, regreso y recaída. Un círculo negativo del que no pudo salir. "No jugar es el peor castigo", admite Martín. Regresaba y metía algún gol, pero al segundo partido se volvía a lesionar. Por más increíble que pareciera, nunca recibió la atención de un psicólogo. "Era como ir al cielo y darte la cabeza contra la pared", agrega Claudia, su madre. "Todos los jugadores que tienen problemas musculares necesitan tiempo para readaptarse al equipo. En Real Madrid, si perdés entrenamientos, el jugador quiere volver antes para recortar tiempo. A lo mejor le pasó eso. Martín se presionaba", opina Benavente.

Sin continuidad, lo llamó Juan Esnaider para sumarse al Zaragoza, en el que era director deportivo. Su primera experiencia en un plantel de primera empezó de manera insólita: la comunidad de Aragón prohibía jugar a los menores si sus padres no residían en el país. Su familia ya había regresado y faltaban seis meses para cumplir los 18. Cumplido el plazo, se fracturó la clavícula y no llegó a debutar.

Se hartó de la distancia y volvió a la Argentina. Firmó contrato para jugar en la reserva de Racing y se rompió los ligamentos de la rodilla en un entrenamiento. "Es como para escribir un libro mi mala suerte", se desahoga. En ese nuevo volver a empezar, encaró una larga recuperación. Don Torcuato, que pasó a llamarse Deportivo Malvinas, lo recibió con los brazos abiertos y sumó ritmo en el Federal C. También se metió de lleno en el estudio: completó el secundario en la nocturna (hizo dos años en uno) y aprobó el CBC de Derecho de la Universidad de Buenos Aires en un año. "No me tenían mucha fe, pero me fascina", bromea Martín, que algún día quiere dedicarse a la abogacía, además de ser un lector empedernido de filosofía.

De ahí se fue a jugar a la primera división de Paraguay, en Sportivo Luqueño. El DT que lo había pedido fue echado a las pocas semanas y cumplió su contrato sin jugar mucho. Mientras tanto, se entrena en Estados Unidos a la espera de encontrar un club. "Lo que tiene Martín no se olvida y tiene esa mentalidad de que nunca deja de luchar. Puede volver sin ninguna duda", cree Benavente. Hace ya un par de años que no sufre lesiones y tiene muchos años por delante. "Quiero llegar bien al mercado de junio", desea Martín.

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