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Sampaoli le da la razón a Bielsa... y el gusto a los jugadores

Cristian Grosso
Cristian Grosso LA NACION
Jorge Sampaoli, al comando de la selección nacional
Jorge Sampaoli, al comando de la selección nacional Fuente: Reuters
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21 de marzo de 2018  

Donde no hay ruido habita Lionel Messi. Discreto, prudente, a veces casi ausente. Pero sus gestos y silencios condicionan, claro. Aprobó a Cristian Pavón y el delantero de Boca está con un pie en el Mundial de Rusia. Mauro Icardi nunca lo convenció y el N° 9 de Internazionale verá la Copa por TV. La convivencia de los próximos días será clave para descifrar si las chances de Lautaro Martínez crecen o se estancan. Messi no pide ni proscribe, pero muchas veces habla sin decir. Es el alma de la selección argentina. Jorge Sampaoli siempre lo supo y lo aceptó. Buscar consensos no era un precio tan alto si se trataba de dirigir "al mejor de la historia". Entonces, ¿manda Messi? No, pero el director técnico entiende que debe dialogar. Nunca hubo problemas, tan cierto como que siempre han coincidido.

Desde la primera vez que se sentó a charlar con Messi, Sampaoli descubrió que al crack nada lo moviliza más que el bien común. Está obsesionado con ser campeón del mundo, entonces cada observación o propuesta no nace de un capricho, sino de movimientos que considera útiles para alcanzar la mejor versión del equipo albiceleste. Y su mejor versión, también. Sampaoli aprendió que Messi no ejecuta exclusivamente por inspiración. Sabe. Entiende el juego. Como en Brasil 2014, cuando aceptó que su fulgor de la primera rueda debía apagarse para alumbrar la utilitaria -más confiable y descolorida- versión sabelliana de la selección que alcanzaría la final en el estadio Maracaná.

Aunque lleve el cartelito de tacticista, a Sampaoli no lo desviven los pizarrones. Cree más en las sociedades, en los impulsos emocionales. En una energía contagiosa. Por eso en los últimos meses asimiló que debía recalcular, una vez más. Porque si algo ha guiado a su breve ciclo de ocho partidos entre eliminatorias y amistosos son los giros. Flexibilizó varias sentencias y revisó posiciones y preferencias. Éver Banega era el guardián del estilo, Javier Mascherano solo podía jugar de defensor, Sergio Agüero no aparecía en la primera convocatoria, Gonzalo Higuaín corría desde muy atrás e Icardi era el renacido. Y la línea de 3 un fetiche, una declaración de intenciones para soltar más piezas en ataque.

Pero dos situaciones impulsaron al entrenador a disparar otra mutación. Barcelona ya no juega como antes. Sin el brasileño Neymar, el 4-4-2 le quitó peligro y le agregó equilibrio a los catalanes que gobiernan la Liga de España con autoridad. Messi aprobó la adaptación táctica, es más, la disfruta. Sampaoli tomó nota del dibujo del técnico Ernesto Valverde y también escuchó con atención un cantito que más de una vez entonaron los jugadores a bordo del micro de la selección: "Vamo'a ser feliz, vamo'a ser feliz., con línea de cuatro...". Nada de mensajes encriptados: la mesa chica pedía simplicidad. Sampaoli leyó todo el escenario y entendió que había llegado el momento de hacer ajustes. Los tres zagueros en el fondo, su partitura ideal, tendría que esperar. Quizá, camino a Qatar 2022 si permanece en la principal gerencia de la AFA. Para Rusia 2018, no.

Hace casi un año, muchos entendieron que Marcelo Bielsa elogiaba a Sampaoli. "No es un discípulo mío, primero porque esa palabra no la compatibilizo conmigo, y segundo porque noté que es mejor que yo", aclaraba en el marco de un congreso en Río de Janeiro, invitado por la Confederación Brasileña de Fútbol. Juan Pablo Sorin, moderador, le había preguntado por el hombre que acababa de desembarcar en la selección para intentar enderezar la ruinosa marcha albiceleste por las eliminatorias sudamericanas. "Una de las virtudes de los entrenadores es la flexibilidad. Yo no cedo mis ideas y Sampaoli sí porque tiene un poder de adaptación que yo no tengo", ampliaba. Buscaba diferenciarse. "Él resolvió cosas cediendo en la posición original de partida y yo sacrifiqué cosas por no conceder en mi forma de interpretar mi oficio. Por eso creo que es mejor que yo, y no es falsa modestia. Yo no podría hacer lo que él hace", remarcaba el rosarino. Tenía razón Marcelo Bielsa. Y Sampaoli lo certifica.

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