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LCD Soundsystem: la máquina de música perfecta

James Murphy, anoche en el teatro Vorterix: actualizó el sonido de la banda y demostró por qué American Dream es uno de los mejores discos del año pasado
James Murphy, anoche en el teatro Vorterix: actualizó el sonido de la banda y demostró por qué American Dream es uno de los mejores discos del año pasado
Sebastián Ramos
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21 de marzo de 2018  • 14:27

James Murphy y su LCD Soundsystem son una máquina perfecta de música que funciona conceptualmente como si se tratara de una orquesta rabiosa. El mismo Murphy bien al frente dirige a sus músicos para que interpreten sus sueños volados de melancolía pura, y cada uno de los músicos hace su parte con las dosis exactas de locura y obsesión para que todo suene en su lugar y, al mismo tiempo, de manera caótica. A siete años de su marketinera y emotiva despedida de los escenarios en el Madison Square Garden, en su amada Nueva York, LCD Soundsystem está de regreso. Porque más allá de que Murphy se aburra, se sienta agotado, agobiado y crea que está demasiado viejo para estar al frente de una banda de post punk-rock-electrónica-pop..., no sabe hacer otra cosa y, al fin de cuentas, no está tan mal esto de andar dando vueltas por el mundo derrochando energía arriba de un escenario por un par de horas.

James Murphy y su LCD Soundsystem arman y desarman ritmos para explotar y explorar cada uno de los sentidos del público. Abajo, la gente se mueve inoculada por un virus que perdurará sonando en sus cabezas mucho tiempo después de que el show haya terminado. Y esa parece ser la razón de su existencia. Así lo demostraron anoche, en el teatro Vorterix, en su segunda visita a Buenos Aires y en plan revancha íntima y festiva tras la suspensión de su set en el Lollapalooza , el domingo pasado.

"Get Innocuous!" y "Daft Punk is Playing at my House" abrieron la noche como si el tiempo no hubiera pasado y todo esto se tratara de una continuación de aquel debut porteño de 2011. Con el público en sus manos desde el inicio ya, Murphy y compañía (un trío cien por ciento rockero de guitarra, bajo y batería a cargo de Al Doyle, Tyler Pope y Pat Mahoney, ensamblado por los teclados y las reverberaciones de Nancy Whang) se meten entonces con su última producción, American Dream, la excusa ideal para resucitar a esta banda que comprendió mejor que nadie cómo debe sonar en el siglo XXI un grupo neoyorquino con reminiscencias rockeras y espíritu dance. "I Can Change" será la primera de varias de las canciones nuevas, que en vivo mantienen su tono melancólico pero sufren de un electroshock adicional para acomodarse en un set sin respiro.

Ayer #LCDSoundsystem hizo vibrar -literalmente- el Teatro Vorterix

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Entonces sí, ¨Call The Police¨ estalla con nervio punk y bola de espejos y aquí no hay artificios más que el de un background melómano de no creer, con sonoridades tomadas de aquí y de allá, de New Order a Kraftwerk y de Suicide a Talking Heads, atravesadas por la pista de baile y el ADN de un alma en pena criada en Nueva York. Murphy canta sobre que por ahí, en algún lugar, hay una puerta lateral hacia la oscuridad. Le grita a su micrófono de mano vintage que el final es igual para todos, y prueba una vez más cuánto ha escuchado cantar a Robert Smith.

Tres clásicos de LCD se amontonan con instinto bailable: "You Wanted a Hit", "Tribulations" y "Movement" dejan al descubierto la precisión frenética de esta banda para luego continuar la descarga eléctrica con una seguidilla impulsada por "Tonite" (con arreglos deformes para la ocasión). "Home" y "New York I Love You, But You´re Bringing Down" coronan la primera parte del show y Murphy dice que va al baño y que vuelve en un rato para un final que nadie quiere que llegue.

Refrescada mediante, este cuarentón con pose de antihéroe rockero se larga hacia los bises con dos piezas delicadas de su útlimo álbum: la etérea "Oh Baby" y la histérica "Emotional Haircut", que suenan definitivamente mejor que en el disco (una constante en la obra de este productor devenido cantante que cuida el vivo como si estuviera detrás de la consola, en un estudio de grabación). El éxtasis performático llega a su punto justo con el doble cierre de "Dance Yrself Clean" y "All My Friends", con la épica marca registrada de esta máquina perfecta de música que eriza la piel.

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