Phil Collins recorrió su historia de éxitos inolvidables

Phil Collins interpretó temas de su carrera solista y varios hits de Genesis Crédito: Gentileza DF Entertainment

El ex Genesis presentó en el Campo de Polo su tour Not Dead Yet

21 de marzo de 2018  • 15:15

A paso lento y ayudado por un bastón de color rojo, Phil Collins cruza el escenario para ubicarse en una silla cual comandante de una máquina del tiempo. Su fragilidad contradice a las imágenes de juventud que unos minutos antes mostraban las pantallas gigantes instaladas en el Campo de Polo. A los 67 años, el ex cantante y baterista de Genesis exhibe las heridas de guerra producto de una vida en giras agotadoras, problemas serios de columna y unos cuantos excesos etílicos. Un combo que casi lo mata y él relata en la maravillosa autobiografía Not Dead Yet, que también es el título para la gira que lo trajo por segunda vez a Buenos Aires. Durante una hora y media, el hombre quieto cambió esa percepción inicial con un show deslumbrante: paseó su historia escrita de melodías inolvidables, éxitos globales y un adorable don para dominar multitudes.

Antes del número central, Hilda Lizarazu volvió a telonear a Collins como en 1995 en River y brindó una buena previa al tremendo concierto de los Pretenders. Chrissie Hynde rockeó de lo lindo subida a su hits inoxidables y un porte de diva callejera: tan flaca como en sus años new wave y con la voz intacta, mostró preciosas y contundentes versiones de “Kid”, “Message of Love”, “Brass in Pocket”, “Don’t Get Me Wrong” y “Middle of The Road”. Chrissie y Phil no sólo compartieron escenario, ambos nacieron en 1951 y acaban de editar sabrosos libros de memorias.

Más de 50.000 personas llenaron el Campo de Polo Crédito: Gentileza DF Entertainment

“¿Están listos?”, pregunta Collins y lo que sigue no es un funk furioso ni otro tema para calentar una noche de vientos impiadosos, sino una de esas baladas que despertaron la furia de los fans más conspicuos de Genesis en los tempranos 80. Pero “Against All Odds” despierta suspiros de las señoras y los primeros tonos agudos del cantante revelan que su garganta funciona de maravillas y mucho más cuando la canción pide la intervención de la banda completa. En el fondo aparece su hijo Nicholas que con la camiseta de la selección argentina parece el futbolista Paulo Dybala en plan baterista, pero el pibe de 16 años toca y mucho -más tarde su padre expresará su orgullo cuando presente a los músicos que lo acompañan-. La temperatura no sube demasiado con “Another Day In Paradise”, otro hit perfecto, pero en el campo, aunque no haya ni pogo ni porro, es necesario algo de swing que llega con “I Missed Again” aquella pequeña maravilla soul incluida en Face Value (1981), el debut solista de Collins, una bomba pop que todavía despierta admiración. Ahí aparece la banda a pleno, con una prepotente sección de vientos, la precisa participación de un coro de autenticidad black power y la presencia de notables como Daryl Stuermer, guitarrista de todas las giras de Genesis desde 1978, y el eterno Leland “Nostradamus” Sklar en bajo. El coro emocional crece cuando suenan “Throwing It All Away” y, sobre todo, “Follow You Follow Me”, temas de su ex banda que por primera vez fueron incluidos en lista de temas estable durante esta gira solista. Mientras las pantallas muestran videos junto a sus ex compañeros, una vez más se mueve la máquina del tiempo para los que están abajo del escenario. Poco importa que pertenezcan a las llamadas canciones “blandas” de Genesis: es coherente la elección con el repertorio elegido porque esas melodías representan el salto pop de uno de los nombres sagrados del rock progresivo que tuvo sobrevida cuando el género ya estaba agonizante.

A pesar de las baladas pegajosas que a veces rozan la dosis de romanticismo permitido, lo mejor del show de Collins aparece cuando la banda muestra el gusto del baterista tanto en la veta del soul de raíz (“You Can’t Hurry Love”) como su enorme admiración por el funk made in Prince (“Sussudio”). Pero hay que ser justos, nada se compara a la revisita y restauración electrónica de “In The Air Tonight”, ese piña de batería a lo Tyson y el ambiente que proyecta la canción ofrece una necesaria cuota de brillo oscuro para una canción inspirada en un divorcio. En escala ascendente, se suceden otra mención a Genesis con “Invisible Touch”, y el tándem imbatible de “Easy Lover” y “Sussudio”. No hay más de mí, parece decir Collins que se despide como llegó: camina lento hacia el costado pero tiene que volver porque falta el tema final de todas sus set-lists desde los 90: suena “Take Me Home” con su aire a himno para Naciones Unidas. Es el cierre y también la confirmación de lo que anticipó Collins en el título de su autobiografía.

TEMAS EN ESTA NOTA