Quiebra, venta o millones, las opciones de Cristóbal López para salvar sus empresas

El empresario Cristóbal López, en Puerto Madero, poco después de salir de la cárcel
El empresario Cristóbal López, en Puerto Madero, poco después de salir de la cárcel Fuente: Archivo - Crédito: Enrique G. Medina
Diego Cabot
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21 de marzo de 2018  • 14:50

No hay tantas opciones para Cristóbal López. Vender, quebrar o aportar miles de millones de dólares, inyectar capital y tratar de salir a flote. No hay mucho más que hacer para tratar de evitar el colapso del grupo de empresas que conforman Indalo, el holding que inició el patagónico.

La intervención de Oil Combustible fue un golpe certero y, según el propio juez comercial, necesario. La petrolera era una suerte de reina madre dentro del sistema solar de empresas López. En esa caja había flujo necesario como para hacer préstamos a otras sociedades y disimular los quebrantos. Pero ese mecanismo se cortó con la intervención.

Hoy a la mañana, los tres administradores designados por la justicia comercial llegaron a las oficinas de Oil después de haber sido removidos los anteriores administradores que comandaba los supuestos compradores y apoderados de López, Ignacio Rosner y Santiago Dellatorre. Y entonces se conocerán los números verdaderos de la sociedad.

"Van a llegar a una empresa cerrada, sin flujo, sin actividad, que debe mil millones de pesos", confiaba un conocedor de la causa. Oil tiene varios problemas, pero uno que es determinante. Desde que presentó el concurso de acreedores, la empresa acumuló deudas por 1482 millones de pesos. Según la resolución del juez Javier Cosentino, desde 31 de diciembre del año pasado, la petrolera sumó pasivos por casi 300 millones de pesos.

Esa deuda, que mayoritariamente está en manos de la AFIP, generó reclaos impositivos. El organismo recaudador, como sucede con cualquier contribuyente, inició la ejecución y posteriormente, trabó embargo en las cuentas de la compañía. Sin bancos, la empresa interrumpió la compra de petróleo crudo e inmediatamente se frenó la refinación de crudo.

Lo que vino fue un efecto dominó. Sin refinación no hay combustibles, los surtidores se vacían, se frenan las ventas y se termina el flujo de dinero. Así está la empresa hoy.

El ocho de marzo, cuando ya maduraba esta decisión judicial, hubo una asamblea. Allí, los coadministradores preguntaron a los apoderados de los accionistas, Rosner y Dellatorre, si loa socios estaban dispuestos a aportar capital. "No hay un peso", fue la respuesta.

Los administradores judiciales saben que sin dinero fresco, la compañía no arranca. "Salir a comprar petróleo y volver a refinar, además de empezar a pagar las cuentas para levantar los embargos requiere de un aporte de unos 80 millones de dólares", dijo un conocedor de la compañía. Claro que los socios podrían poner ese dinero, solo que deberían tenerlo en blanco, declarado y entregarlo a que lo administren los delegados judiciales. Dicho esto cabría preguntarse: si alguien está dispuesto al desembolso, ¿por qué no lo hizo antes, previo a perder el manejo de la empresa? Los conocedores de la causa creen que no habrá tal entrega de dinero.

Sin aporte de capital y sin flujo, los caminos se reducen: la venta o la quiebra. Rosner y Dellatorre han hablado de varias ofertas por alguno o todos los activos. Pero la Justicia descree de esos eventuales interesados. Formalmente no hay opciones sobre la mesa para analizar.

La quiebra sería otro camino posible. En ese caso, los jueces comerciales actuales suelen tomar todas las herramientas que les da la ley para vender el bloque, no desmembrar la compañía y mantener la continuidad y las fuentes de trabajo. Algo así pasó en Cresta Roja cuando se transfirió en pocos meses el paquete accionario. Mientras duró el proceso de transferencia, el Estado se hizo cargo de algunos pagos mediante el Ministerio de Trabajo. La operación de la productora avícola no terminó bien por problemas del comprador, pero la justicia comercial se movió con cintura para evitar el cierre

Pero este caso es distinto. No parece fácil que el Estado pueda negociar alguna ayuda al grupo que debe 15.000 millones de pesos al Fisco. Tampoco que la AFIP vuelva a refinanciar la deuda.

Así la cosas, los caminos se reducen. Quiebra, venta o millones. Esas parecen ser las únicas salidas de López para salvar su petrolera.

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