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Tras el cierre de la cumbre financiera del G-20, Christine Lagarde bailó un tango

El divertido momento que pasó Christine Lagarde en un show de tango

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Jorge Martínez Carricart
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21 de marzo de 2018  • 16:52

Tras el cierre de la cumbre financiera del G-20, a cargo de Mauricio Macri , en el centro de Exposiciones y Convenciones de Buenos Aires, Christine Lagarde (62) se "aflojó" y decidió disfrutar de sus últimas horas en la ciudad.

El martes 20 a la tarde, mientras la directora gerente del Fondo Monetario Internacional continuaba despidiéndose de los ministros de economía más influyentes del planeta, un responsable de su comitiva llamó a Rojo Tango. Discreto, preguntó si había disponibilidad para esa misma noche porque quería hacer una reserva "para una persona muy importante". Recién cuando le confirmaron que podrían guardarle una mesa cerca del escenario, reveló que se trataba de Christine Lagarde y el empresario Xavier Giocanti, su marido.

Todos creían que Lagarde estaría en vuelo hacia Estados Unidos, pero tuvo que modificar su partida por el cierre del aeropuerto de Washington debido a las intensas nevadas. Llegó al Faena Hotel con dos custodios propios, más otros dos agentes que les asignó la Policía Federal.

Cuando les acercaron el menú, Lagarde advirtió al mozo que no come carnes rojas. Como entrada eligió burrata con almendras, ciruela y tomates asados. Como plato principal pidió salmón con quiche de maíz. Y de postre se inclinó por un maquise de chocolate.

Christine Lagarde, titular del FMI, bailó tango durante su visita a Buenos Aires
Christine Lagarde, titular del FMI, bailó tango durante su visita a Buenos Aires

Christine quedó fascinada por el show de Rojo Tango. Es el mismo espectáculo (aunque renovado, claro) que hizo bailar al rey Felipe de España, al príncipe Alberto II de Mónaco, a megaestrellas de la música como Bono, líder de U2, o Katy Perry, y a Jeff Bezos, el hombre más rico del planeta.

Sobre el final, cuando sonaban los primeros acordes de El Firulete, la bailarina Analía Brogioli se sentó en la mesa de la directora del FMI y, a pura sonrisa, comenzó a disputarle una rosa que le había regaló minutos antes el maestro Carlos Copello. Después subió al escenario y, guiada por los bailarines, ensayó algunas poses de tango. Con gran generosidad, accedió a que le tomaran fotografías.

Antes de irse, Christine Lagarde agradeció la hospitalidad de Antonio Ruiz, responsable del lugar, e hizo una tempranísima reserva con la que anticipó su regreso: "Desde ya le pido que me guarde una mesa para el mes de julio, ya le precisarán qué día, porque en esa fecha regreso a Buenos Aires", dijo.

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