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Un final de película para un presidente en apuros

Ramiro Pellet Lastra
La caída de Kuczynski fue el cierre de una cadena de presiones ajenas y errores propios que lo fueron conduciendo lentamente a la salida
La caída de Kuczynski fue el cierre de una cadena de presiones ajenas y errores propios que lo fueron conduciendo lentamente a la salida Fuente: Reuters
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21 de marzo de 2018  • 17:12

En la era de la imagen, nadie sobrevive a un video. Mucho menos un presidente que estaba contra las cuerdas, y que a duras penas alcanzaba a mantener el equilibrio en medio de una tormenta política donde no solo sus enemigos más encarnizados, sino los neutrales e incluso los leales, comenzaban a dejarlo librado a su suerte.

Salvador Heresi, un legislador que había estado entre sus principales defensores, resumió esa sensación de saltar del barco antes que se hunda que cundía en el oficialismo, al señalar que votaría por la destitución de Pedro Pablo Kuczynski si éste no se avenía a renunciar al cargo.

¿Por qué llegó a renunciar el presidente de Perú, Kuczynki?

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¿Pero cómo fue este descenso a los infiernos de un presidente que asumió apenas ayer, a mediados de 2016, con un mandato que duró mucho menos de lo previsto y que ya en diciembre pasado debió sortear un primer juicio político?

Como suele suceder, una mezcla del destino, en este caso materializado por las malas artes de una oposición tenazmente obstruccionista, y los errores y pecados propios se combinaron para dejar a Kuczynski fuera de juego.

El primer intento de destitución fue en diciembre pasado, cuando la oposición liderada por Keiko Fujimori, hija del expresidente Alberto Fujimori, estuvo a sólo unos votos de lograr su objetivo. Salvado sobre la hora por la deserción de diez legisladores del partido de Keiko, Kuczynski enfrentaba esta semana su segundo juicio por "vacancia", la figura utilizada en Perú para el juicio político.

Las razones del juicio eran exactamente las mismas. Kuczynski quedó en la mira cuando la constructora brasileña Odebrecht admitió el pago de sumas millonarias a dos consultoras vinculadas con el ya renunciado mandatario, cuando era funcionario del presidente Alejandro Toledo (2001-2006).

Sus esfuerzos por tapar cualquier relación pasada, presente o futura con Odebrecht, dieron lugar a la oposición para acusarlo de "incapacidad moral permanente". No pudieron acusarlo por corrupto, porque no había nada ilegal en ese trato comercial. Pero sí por mentiroso.

Según se reveló más tarde, Kuczynski negoció su salvación de ese primer juicio a cambio del indulto a Fujimori padre, que cumplía 25 años cárcel por delitos de lesa humanidad durante su década de gobierno. Días después, "el Chino" recibió sonriente, en una foto que dio la vuelta al mundo, la carta de liberación con el membrete presidencial.

Pero la historia tenía una segunda parte, que hasta ahora parecía ser un calco de la anterior: otro juicio político bajo los mismos cargos. Hasta que el partido de Keiko le encontró la vuelta y reescribió el final. Difundió videos hasta ahora desconocidos donde su hermano Kenji negocia la compra de votos para sacar a Kuczynski del horno.

Fue el golpe de gracia que forzó la renuncia. Era eso o someterse a la humillación absoluta de que una mayoría abrumadora de legisladores de todo el arco político le votara en contra en el juicio de mañana.

En los créditos de los videos debió figurar de manera prominente la productora, directora y publicista de la obra: una Keiko recargada que volvió con toda la artillería, y que explotó las debilidades de un rival que no tenía en su arsenal los recursos para seguir adelante.

Ahora Kuczynski está fuera de escena. Y Fujimori padre, como en aquella foto, volverá a mostrar su mejor sonrisa.

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