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LCD Soundsystem y su máquina perfecta de música

James Murphy volvió al ruedo con su grupo para demostrar que siguen siendo la banda sonora de las grandes ciudades del siglo XXI
James Murphy volvió al ruedo con su grupo para demostrar que siguen siendo la banda sonora de las grandes ciudades del siglo XXI Fuente: LA NACION
Sebastián Ramos
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22 de marzo de 2018  

James Murphy y su LCD Soundsystem son una máquina perfecta de música que funciona conceptualmente como si se tratara de una orquesta rabiosa. El mismo Murphy bien al frente dirige a sus músicos para que interpreten sus sueños volados de melancolía pura, y cada uno de los músicos hace su parte con las dosis exactas de locura y obsesión para que todo suene en su lugar y, al mismo tiempo, de manera caótica. A siete años de su marketinera y emotiva despedida de los escenarios en el Madison Square Garden, en su amada Nueva York, LCD Soundsystem está de regreso. Porque más allá de que Murphy se aburra, se sienta agotado, agobiado y crea que está demasiado viejo para estar al frente de una banda de pos- punk-rock-electrónica..., no sabe hacer otra cosa y, al fin de cuentas, no está tan mal esto de andar dando vueltas por el mundo derrochando energía arriba de un escenario por un par de horas.

Arman y desarman ritmos para explotar y explorar los sentidos del público. Abajo, la gente se mueve inoculada por un virus que perdurará sonando en sus cabezas mucho tiempo después de que el show haya terminado. Y esa parece ser la razón de su existencia. Así lo demostraron anteanoche, en el Teatro Vorterix, en su segunda visita a Buenos Aires y en plan revancha íntima y festiva tras la suspensión de su set en el Lollapalooza , el domingo pasado.

"Get Innocuous!" y "Daft Punk is Playing at my House" abrieron la noche como si el tiempo no hubiera pasado y todo esto se tratara de una continuación de aquel tremendo debut porteño de 2011. Con el público en sus manos desde el inicio ya, Murphy y compañía (un trío cien por ciento rockero de guitarra, bajo y batería a cargo de Al Doyle, Tyler Pope y Pat Mahoney, ensamblado por los teclados y las reverberaciones de Nancy Whang) se meten entonces con su última producción, American Dream, la excusa ideal para resucitar a esta banda que comprendió mejor que nadie cómo debe sonar en el siglo XXI un grupo neoyorquino con reminiscencias rockeras y espíritu dance. "I Can Change" será la primera de varias de las canciones nuevas, que en vivo mantienen su tono melancólico pero sufren de un electroshock adicional para acomodarse en un set sin respiro.

Entonces sí, "Call The Police" estalla con nervio punk y bola de espejos y aquí no hay artificios más que el de un background melómano de no creer, con sonoridades tomadas de aquí y de allá, de New Order a Kraftwerk y de Suicide a Talking Heads, atravesadas por la pista de baile y el ADN de un alma en pena criada en Nueva York. Murphy canta sobre que en algún lugar hay una puerta lateral hacia la oscuridad; le grita a su micrófono de mano vintage que el final es igual para todos y prueba una vez más cuánto ha escuchado cantar a Robert Smith.

Tres clásicos de LCD se amontonan con instinto bailable: "You Wanted a Hit", "Tribulations" y "Movement" dejan al descubierto la precisión frenética de esta banda para luego continuar la descarga eléctrica con "Tonite", "Home" y "New York I Love You, But You're Bringing Down".

Refrescada mediante, este cuarentón con pose de antihéroe rockero se larga hacia los bises con dos piezas delicadas de su último álbum: la etérea "Oh Baby" y la histérica "Emotional Haircut" y el éxtasis performático llega a su punto justo con el doble cierre de "Dance Yrself Clean" y "All My Friends", con la épica marca registrada de esta máquina perfecta de música que eriza la piel.

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