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Gira Not dead Yet: el escenario como una vuelta a casa

Mauro Apicella
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22 de marzo de 2018  

Gira Not dead Yet, live (muy bueno) / Concierto: Phil Collins en vivo / Espacio: Campo Argentino de Polo / Función: anteayer / Público: 55.000 personas

Hace tres décadas, "Against All Odds" era uno de esos temas que se escuchaban al final de una noche de boliche. Tenía que pasar toda la música bailable de aquellos años para que llegara el momento de los lentos. Y ahí, si el muchacho tenía suerte, podía sacar a bailar a la chica que había estado buscando durante toda la noche, mientras sonaba "Against All Odds". Es parte de la historia emotiva de muchos de los que ahora están aquí, en el Campo Argentino de Polo. Y Phil Collins lo sabe, por eso comienza su recital de la manera que ningún especialista en recitales de estadios recomendaría: con una balada. Claro que no es cualquier balada ni cualquier cantante. El inglés que está ahora sobre ese escenario tiene 67 años y 50 de trayectoria artística. ¿Cuántos son los que pueden enseñarle algo? Entra caminando despacio, apoyado en su bastón, y comienza a cantar. Y créanme que esa balada es el mejor comienzo. Luego sigue con otra, "Another Day in Paradise", y pronto pone rumbo a ese R&B y ese soul que comenzó a cultivar a principios de los 80, que daban cuenta de su pasión por la música negra de los 50, 60 y 70. Las pruebas están en temas como "I Missed Again" y "Hang in Long Enough", con una sección de brasses demoledora.

Ningún especialista en grandes recitales le recomendaría salir de gira a un hombre que ha pasado por problemas de salud difíciles. Su gira se llama Not Dead Yet, Live (no muerto aún). Esa fue la primera señal que dio antes de comenzar sus tours. Canta todo el recital sentado. Pero eso no hace una gran diferencia. Cuando tomó el lugar de frontman en Genesis, tras la partida de Peter Gabriel, para el disco A Trick of The Tail, no era el gran showman. Cantaba con las manos en los bolsillos. Ahora tampoco; lo suyo es como volver a esa experiencia, aunque con otro camino recorrido. Ya no tiene a Chester Thompson para hacer duelos de batería. De hecho, no puede tocar la bata en vivo. Pero está bien acompañado. Tiene a uno de sus hijos -Nicholas, que a los 16 años toca los temas tal cual los grabó su padre, hace treinta o cuarenta años- sentado tras los cascos y platillos, y a socios que son viejos compañeros de ruta, como el guitarrista Daryl Stuermer y el bajista Leland Sklar.

El concierto es una retrospectiva y el público va a ver eso. Cuando suenan temas como "Follow You, Follow me" en las pantallas se ven imágenes de la historia del grupo Genesis, de diferentes momentos de Phil Collins sentado a la batería y de sus compañeros. Evidentemente hay un público dispuesto a revivir "Separates lives", la balada para iluminar todo el estadio (con esos encendedores ahora llamados smartphones); la ácida "In the Air Tonight"; el rhythm and blues de la factoría Supremes "You Can't Hurry Love"; el "Easy Lover" que Collins hacía con Philip Bailey; el "Sussudio" de su breve etapa bailable, o el manso "Take me Home", para la despedida.

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