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Tras el revuelo por el "lettergate", renunció el hombre fuerte de la comunicación vaticana

El Papa aceptó la dimisión de Dario Viganó luego de la alteración de una misiva de Benedicto
Elisabetta Piqué
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22 de marzo de 2018  

ROMA.- El denominado "lettergate" hizo rodar ayer la cabeza de monseñor Dario Viganó, prefecto de la Secretaría para la Comunicación y máximo responsable del aparato comunicativo del Vaticano, que la semana pasada estuvo en el centro de fuertes controversias y acusaciones de manipulación de la información luego de haber difundido parcialmente una carta privada de Benedicto XVI junto a una foto retocada.

La noticia del alejamiento de Viganó, hombre hasta ahora de mucho poder y cercano al Papa, designado al frente de la Secretaría para la Comunicación en junio de 2015, llegó por parte de la Sala de Prensa, que publicó una carta de renuncia del prelado dirigida al Papa y escrita el 19 de marzo y, por otra parte, la respuesta de Francisco, fechada ayer, en la que acepta el paso al costado de Viganó, pero le pide que se quede como asesor de ese dicasterio.

"En estos últimos días se han levantado polémicas acerca de mis acciones que, más allá de las intenciones, desestabilizan el complejo gran trabajo de reforma que usted me ha confiado en junio de 2015", escribió Viganó, que manifestó: "Deseo hacerme a un lado, aunque disponible a colaborar en otras modalidades".

"Después de nuestros últimos encuentros y después de haber reflexionado largamente (...) respeto su decisión y acepto, no sin alguna fatiga, las dimisiones como prefecto", escribió a su turno el Papa.

En los últimos días no se hablaba de otra cosa que del pésimo manejo informativo de Viganó, que el lunes de la semana pasada, al presentar una serie de libros sobre la teología de Francisco, difundió parcialmente una carta que, luego se supo, era de carácter privado y reservado, de Benedicto XVI, papa emérito.

El 12 de este mes, en vísperas del quinto aniversario del pontificado de Francisco, Viganó solo hizo trascender dos párrafos de una misiva en los que el papa emérito destacaba el "tonto prejuicio por el cual el papa Francisco sería solo un hombre práctico falto de especial formación teológica o filosófica" y "la continuidad interior entre los dos pontificados, aun con todas las diferencias de estilo y de carácter". Además, divulgó una foto de esa carta alterada, en la que aparecía desenfocado e ilegible un párrafo de la primera carilla y totalmente tapada por una pila de libros la segunda carilla, salvo la firma.

Fue trascendiendo en los días siguientes, causando escándalo, que en las partes ocultadas de la carta de Benedicto -dirigida a Viganó y personal- el papa emérito explicaba que no iba a poder escribir un comentario a la nueva serie de libros sobre la teología de Francisco no solo porque no iba a poder leerlos por falta de tiempo, sino también porque, entre los autores, había un teólogo de su desagrado.

Se refería a Peter Hünermann, académico alemán muy crítico de Juan Pablo II, que hasta lideró "iniciativas antipapales", según escribió Joseph Ratzinger.

Todo esto causó mucho revuelo en el Vaticano, donde algunos altos prelados pidieron la renuncia de Viganó, acusado de haber violado códigos de ética periodística y, siendo el máximo responsable de la comunicación del Vaticano, de haber dañado la credibilidad de la Santa Sede y del Papa mismo.

No hace falta decir que la gestión del "lettergate", que hasta tuvo ribetes patéticos cuando desde el Vaticano dijeron que el borroneo de la carta había sido algo "artístico", fue aprovechada por los sectores ultraconservadores que atacan a diario al Papa para disparar más munición gruesa en su contra.

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