Un ingeniero de bajo perfil para un país en plena ebullición

Gonzalo Ruiz Tovar
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22 de marzo de 2018  

LIMA.-El vicepresidente de Perú, Martín Vizcarra, recibió ayer un regalo de cumpleaños adelantado: la oportunidad de ejercer la jefatura del Estado, tras la renuncia de Pedro Pablo Kuczynski, un día antes de ser destituido por el Congreso.

Vizcarra, delgado y de elevada estatura, caracterizado por su perfil bajo y su amabilidad, era actualmente embajador en Canadá, y ya se encuentra en viaje a Perú.

En julio de 2016, el recién elegido vicepresidente era una figura emergente en política, poco conocida y sin mayores reparos. En mayo de 2017 era ya un ministro que se iba del gobierno vapuleado por la misma oposición que hoy lo reclama como figura salvadora.

Vizcarra, que según la Constitución debe reemplazar a Kuczynski, es un ingeniero civil con origen de clase media, que nació en Lima por accidente, ya que sus reales raíces e intereses están en el pequeño departamento sureño de Moquegua, donde creció y vivió.

Durante gran parte de su vida, el posible nuevo presidente estuvo lejos de la política, dedicado al negocio de la construcción.

El giro se dio cuando en 2010, al mando de un grupo regional independiente, fue elegido gobernador de Moquegua. Su gestión recibió muchos elogios y por eso sorprendió que en 2014 se abstuviera de buscar una reelección.

Parecía que la breve historia política de Vizcarra había terminado, pero en 2016 se entusiasmó con Kuczynski y lo acompañó con tal ahínco que el hasta ayer jefe de Estado le propuso ser su vicepresidente.

Se metió en un problema cuando, sin consultarlo, decidió que el Estado debería ayudar con dinero a un consorcio argentino-peruano al que se le encomendó construir un nuevo aeropuerto en la ciudad de Cuzco y después admitió que no tenía recursos para cumplir. La oposición le saltó a la yugular.

Como un exilio de lujo fue enviado a Canadá. Para los analistas, Vizcarra, liberal como su líder, no mostró cintura para enfrentar a la oposición de derecha radical como ministro, por lo que no hay claridad sobre si podría hacerlo como gobernante. Incluso hay quienes creen que ejercería su presidencia como un virtual rehén de la oposición, sobre todo de Keiko Fujimori.

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