Willy Caballero: "Yo sé que jugar en la selección no es defender a la patria en una guerra, pero se me pondría la piel de gallina"

"No rendirme nunca me trajo hasta acá", anticipa el arquero de Chelsea
"No rendirme nunca me trajo hasta acá", anticipa el arquero de Chelsea Fuente: LA NACION - Crédito: Fernando Massobrio
Andrés Eliceche
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22 de marzo de 2018  

MANCHESTER.- Las manos lo delatan: Willy Caballero es arquero. Dedos largos, raspados, fuertes. Que toman un sillón, lo levantan y lo corren de lugar para que el periodista tenga también donde sentarse durante la entrevista. Que son capaces de engullir una pelota con los guantes, y también -en otra atmósfera- tomar un lápiz para dibujar. "No sé si darle ese dato a mi defensa puede transmitirle mucha confianza", sonríe, divertido. Porque el arquero, según los libros viejos, tiene que ser rudo, moldear una mirada que perturbe. Transmitirle miedo al rival, en lo posible. A contrapelo de ese manual, este entrerriano no esconde su sensibilidad. Y toma aire cuando se pone en situación: está a punto de debutar en la selección mayor de la Argentina, una foto que espera sacarse desde hace demasiado tiempo.

"Yo no fantaseo tanto con una atajada: cuando uno es chico y ve el Mundial sueña con escuchar el himno con la camiseta de la selección puesta. Sé que no es defender a la patria en una guerra, pero se me pondría la piel de gallina. Estuve con Bielsa, Pekerman y Martino, pero no tuve la chance. Soy capaz de hacer mil cosas por jugar con la selección, lo deseo con todo el alma", dice de corrido y sin levantar el tono. Ni perder el asombro por estar donde está.

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Caballero sabe de qué se trata arrancar tarde. Le costó confiar en sus condiciones, algo que trabajó mucho con una psicóloga cuando era un juvenil recién llegado de Santa Elena a la pensión de Boca. Después le costó encontrar un lugar en el arco de la primera, tan poco abierto a los chicos del club. Su fue a España y le costó hacerse un lugar en la liga; debió pasar más de seis años en Segunda con el Elche hasta que un club más grande confió en él: tenía ya 29 años cuando debutó en Málaga. Fue su primera vez en la gran vidriera. ¿Jugar en la selección mayor? Vaya si le costó, o le cuesta: si logra capturar esa oportunidad este viernes, ante Italia, lo hará con 36 años, 5 meses y 23 días. Un dato que superaría el hito que marcó Esteban Fuertes en 2009, en esos arranques del Maradona entrenador: lo hizo jugar un tiempo ante Panamá, en uno de esos desabridos amistosos, para que se luciera en la cancha de Colón cuando el delantero tenía 36 años, 4 meses y 14 días.

¿Cuánto le importa esa estadística al que fue campeón mundial Sub 20 con la selección en 2001 y campeón olímpico -como suplente- en Atenas 2004? Nada. Él quiere abrazar con esas manos made in arquero esta repentina posibilidad. "Lo que me trajo acá es el trabajo constante, el no sacar de mi cabeza que podía llegar. No resignarme, no rendirme. Siempre lo tuve presente. El año pasado, que jugué bastante en el Manchester City, sentí que podía pasar. Y cuando llegué a Chelsea y tuve el primer contacto con Martín Tocalli, el entrenador de arqueros de la selección, fue un momento hermoso. Me preguntó si me veía con fuerzas para pelear por esto y le dije que su llamado ya me llenaba de ganas. A veces, dos partidos buenos en un equipo como el City o el Chelsea impactan más que 20 buenos en el Málaga. Es lo que viví", reflexiona, mientras al otro lado de este espacio montado para las entrevistas, en las entrañas del deslumbrante complejo de entrenamientos de su exequipo, Jorge Sampaoli piensa si llegó la hora de Willy. Lo resolverá hoy, aunque algo es seguro: el DT ya decidió que en uno de los dos partidos -el segundo será el martes, ante España en Madrid-, jugará Caballero.

La complicidad entre Chiquito Romero, el arquero récord, y Willy Caballero
La complicidad entre Chiquito Romero, el arquero récord, y Willy Caballero Crédito: Fernando Massobrio

Su primera citación en el ciclo de este DT le llega en la inminencia del Mundial, lo que aumentan las chances de que la convocatoria se estire hasta Rusia. Pero aquí y ahora, este hijo y sobrino de arqueros quiere ir "despacito", como cuando vivía en el pueblo. "Sampaoli me dijo que le gustó lo que transmitía. Que sea agresivo, que tome decisiones, que participe, que me gane el lugar. Tengo que trabajar e ir despacito. Mucha gente que conozco me escribe que disfrute y lo agradezco, pero no hace falta: lo vivo así". Así, con la certeza de haber dado vuelta las ideas hace más de 12 años, consecuencia directa de un suceso familiar traumático. Caballero disfruta ahora porque antes sufrió: su hija Gullermina padeció cáncer de retina cuando tenía tres años. Entonces, él y Lucía, su mujer, decidieron volverse de España a la Argentina para que la nena fuera tratada allí. Guille salía de quimioterapia y quería saltar en la cama, pero a él le daban ganas de llorar. Aquel trance, ya superado, lo hizo consciente de que todo lo que viniera después sería un regalo. Lo recuerda ahora, mientras en las afueras de Londres -donde viven con este hombre- tres mujeres se preparan para tomar un tren mañana con destino Manchester. Lucía, Guillermina y Aitana (la hija más pequeña) llegarán a la ciudad en la que vivieron tres años por el trabajo de Willy en el City e irán directo al estadio Etihad, a verlo. Cantarán el himno en la tribuna y esperarán verlo atajar.

Él siente que hizo todo lo que tenía al alcance para cumplir la meta. Una que alguna vez escribió en un papel para poder tacharla si la cumplía. "Hoy soy mejor que antes compitiendo, entrenando. Soy más profesional, me cuido más en las comidas, en el descanso, me entreno más en el gimnasio. Cuando sos más joven pensás que no lo necesitás, pero ves a otros que son grandes en todo sentido y aprendés", se compara con su versión de los años iniciales. Lo que la alta competencia no le hizo perder fue la capacidad de asombro ni la timidez que le despierta el capitán de la ilusión argentina. "Cuando lo enfrentaba no me animaba a acercarme después de los partidos, y muchas veces él lo hizo para saludarme. Ahora fue igual, cuando llegó me dio un abrazo y me solté más. Hoy no sabés, se pasó a cuatro y se mandó un terrible golazo. Ver eso me sorprendió, era mi primer entrenamiento con él. Ahí te das cuenta de que estás jugando con Messi". Que se lo crea Caballero, el que tiene bien aprendido que nunca es tarde en la vida.

Caballero: "Yo no fantaseo tanto con una atajada: cuando uno es chico y ve el Mundial sueña con escuchar el himno con la camiseta de la selección puesta"
Caballero: "Yo no fantaseo tanto con una atajada: cuando uno es chico y ve el Mundial sueña con escuchar el himno con la camiseta de la selección puesta" Fuente: LA NACION - Crédito: Fernando Massobrio

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