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Vidal, el silencio por su reelección y los tres paraguas

Damián Nabot
Damián Nabot LA NACION
Fuente: LA NACION - Crédito: Santiago Filipuzzi
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22 de marzo de 2018  

Mauricio Macri creyó que era el momento de ofrendar una nueva dosis de previsibilidad al "círculo rojo" y la semana pasada comunicó a través de su secretario Fernando de Andreis que iba a trabajar por un segundo mandato, al igual que Horacio Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal . De la tríada, Vidal fue la única que no habló públicamente del tema. Nadie le preguntó. ¿Tiene margen Vidal para desistir de una nueva candidatura? Nadie concibe en el oficialismo la meta de 2019 sin jugar su carta principal en el mayor distrito del país. Ni siquiera la gobernadora, a pesar de sus íntimos reparos, más asociados a la esfera personal que a la pública. La política es como un avión en vuelo: uno no decide cuándo bajarse.

La gobernadora analizó con su entorno más cercano cuál debía ser la impronta de su gestión. Así nacieron en La Plata los tres paraguas. El primero lo denominaron "lucha contra las mafias", un eslogan que capitaliza los enfrentamientos que tuvo Vidal tanto con jefes sindicales, como el Pata Medina, de la Uocra, como con los comisarios exonerados.

El segundo paraguas de la gestión agrupa las obras públicas, una apuesta a la cual destinará gran parte de los 40.000 millones que recibirá en 2018 para compensar lo perdido en el Fondo del Conurbano.

El tercero, finalmente, es el paraguas social, donde la gestión de Vidal desearía que sus logros resultaran más visibles y que cubre medidas como la extensión del SAME a los municipios del conurbano, la renovación de las guardias hospitalarias o la instalación de oficinas públicas en villas bonaerenses.

Este eje, claro, también incluye la educación. Es difícil mostrar logros ahí. Vidal consiguió extender las negociaciones con los sindicatos con las escuelas abiertas. No es poco, a la luz de la historia reciente. Pero la resolución del conflicto todavía está lejos. Recién cuando el gobierno nacional logre encorsetar el 35% de las negociaciones paritarias dentro de su objetivo del 15% de aumento, la flexibilidad llegará a Buenos Aires para sellar un entendimiento.

En el medio, la gobernación apostó a la carta del escarnio: acusó a los representantes de los docentes de dejar a los chicos sin clases y tomarse licencias indiscriminadamente. La estrategia arrinconó a los sindicatos, les quitó margen para ir al paro. Pero socavó todavía más el lastimado prestigio de los maestros; son ellos, finalmente, quienes conforman la red que contiene a los chicos más vulnerables en la inmensidad del territorio de la provincia. La urgencia de la pulseada con Roberto Baradel arrasó el affectio societatis que debería unir a las cabezas del Estado con los docentes. La educación pública en la Argentina carga con demasiadas derrotas en los últimos años. Los números de la matrícula que están en los escritorios de la gobernación son el mejor reflejo. Entre 2001 y 2009, las escuelas privadas ampliaron su porcentaje de alumnos en desmedro de las públicas. En la provincia de Buenos Aires, la participación de la educación de gestión privada en el total pasó de un 26,4% en 2002 a un 31% en 2009. La educación pública nunca recuperó terreno. Nadie puede cantar victoria, ni los gremios ni el Estado.

Vidal encontró en la información su principal arma contra las zonas de sombras donde sospecha que se mueven sus adversarios. Enfocó el reflector sobre las declaraciones juradas de los policías, intenta con dificultades repetir la jugada en el Poder Judicial y hasta iluminó la situación del presentismo docente. Sin embargo, a veces, el ímpetu de las contiendas lleva a perder de vista el contexto. Las autoridades de las escuelas bonaerenses, por ejemplo, están siendo convocadas por estos días para explicarles que, de ahora en más, deberán cargar en el portal ABC los datos de sus colegios y alumnos.

La semana pasada, en una de las reuniones regionales y tras escuchar las bondades de la nueva carga de información, la directora de un jardín de la zona oeste del conurbano les advirtió de un detalle: su escuela, como la mayoría del distrito, no tenía Internet. A veces no es fácil equilibrar las urgencias con la realidad.

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