Por qué los rótulos son negativos

Bernardo Stamateas
Bernardo Stamateas PARA LA NACION
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22 de marzo de 2018  • 01:54

Es frecuente que algunos padres les coloquen rótulos a sus hijos, tales como: petiso, loco, cabezón, bocho, etc. Muchas veces el rótulo es un ideal del yo de los padres, es decir, lo que ellos quieren que los hijos sean. Es un modelo para aspirar a la exigencia, instituido por los padres. Es una carga de exigencia en la que el "rótulo positivo" compensa la frustración de los padres. Es decir que los hijos deben cumplir las metas y los objetivos que ellos no alcanzaron. Por ejemplo: "mi hijo el doctor".

Por otra parte, es una carga pesada para quien lo recibe, pues aun un rótulo positivo es exigente: "el genio", "el inteligente", "la niña perfecta", "el mejor". Tanto los rótulos positivos como los negativos terminan siendo negativos.

Todas las frases y rótulos negativos que nuestros padres nos puedan haber dicho desde chicos no nos pertenecen porque son la proyección de sus propios conflictos. Pero a pesar de ello, la mayoría de nosotros los "compramos" como si fueran nuestros.

Muchas personas suelen quedar prisioneras de esos rótulos, o no pueden revelarse y hacer lo contrario pensando: "No quiero parecerme a eso", o: "Quiero ser lo contrario al rótulo que me han puesto". Un ejemplo de alguien que se revela al ideal del yo es aquel que, aunque sus padres le hayan puesto el rótulo de genio, termina siendo muy desordenado.

Algunos tipos de rótulos individuales y sociales:

  • a. El vago: Es el inconstante, el "tiro al aire", el rebelde, que está cargado de frustraciones.
  • b. La oveja negra: "Por culpa tuya, nos va como nos va", le repiten. Es el hijo problemático que carga con todos los conflictos de la familia.
  • c. El payasito: "¡Ay, si Juan estuviera acá, nos divertiríamos mucho!". Este rótulo implica quién es la persona para los demás: el que divierte, el que alegra, etc.
  • d. El hijo brillante: Es el que se exige a sí mismo para alcanzar el ideal de los padres.

A veces no llegan a etiquetar pero sí se repiten ciertas frases de manera constante: "No vas a llegar a nada"; "¿cuándo me vas a dar un nieto?"; "vos nunca terminás nada". Dichas frases terminan sellándose, lo cual significa que el rótulo es un castillo construido con ladrillos de frases.

Hablar nunca es un acto inocente. Las palabras de los padres siempre deberían motivar, felicitar, brindar autonomía, ayudar a pensar.

"Estoy cumpliendo con el rótulo". La repetición de frases y de actitudes que construyen los rótulos hace que muchos queden atrapados en ese rol y lo vivan como una "profecía autocumplida". Por ejemplo: el hijo vago funciona en ese rol y así irrita a sus padres. Es una manera de seguir ligados. A ese hijo, le cuesta crecer y quedó atrapado en el rótulo.

La oveja negra prefiere ser titulada porque, aun así, tiene una etiqueta que lo individualiza. Inconscientemente piensa: "Al menos, soy alguien para mis padres. Cambiar sería perder lo que soy para ellos". Se trata de una doble encerrona, una atadura, algo que "me gusta pero me angustia también".

El payasito cumple el rol de entretener a todo el mundo pero, cuando está solo, se siente triste y melancólico y no sabe quién es sin compañía que lo festeje.

El hijo brillante tampoco sabe quién es cuando está solo. Está atrapado en el "debería ser para los demás".

Construir nuestra individualidad: quiénes somos, qué deseamos y adónde vamos es el gran proceso de maduración.

Cuanto más sano sea un padre, menos proyectará sobre sus hijos. Entender que los rótulos son lo que otros escribieron sobre mí en la proyección me permite tomar distancia y construir mi propio rol y mi deseo.

Los rótulos jamás nos dejan mostrarnos tal cual somos. Solo dejan en claro que alguien más nos ideó con el objetivo de satisfacer sus propios deseos.

Para liberarnos de todos los rótulos limitantes que nos han colocado quienes pretendían que viviéramos según sus deseos, necesitamos sanarnos interiormente. Para ello, tenemos que entender que nacimos para ser libres, tomar nuestras propias decisiones y vivir la vida según nuestro deseo.

Si tenés alguna inquietud, podés escribirme a Bernardoresponde@gmail.com

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