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El kirchnerismo y la izquierda, tan parecidos y tan diferentes

Jaime Rosemberg
Jaime Rosemberg LA NACION
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22 de marzo de 2018  • 02:05

El Gobierno, o al menos un sector de la Casa Rosada, los imagina como un "todo", como un "tándem" que se confabula para "apedrear" un sistema que pretende estable y previsible.

Pero el kirchnerismo y la izquierda partidaria, cabe aclararlo, no son ni serán lo mismo. Y una muestra cabal se verá en la Plaza de Mayo, el próximo sábado, cuando los "hijos" de Cristina Kirchner nucleados en La Cámpora y algunos organismos de derechos humanos lleguen a repudiar el golpe militar de 1976 y su feroz y siniestra secuela de miles de desaparecidos. Tal como ocurre todos los años por lo menos desde que Néstor y Cristina Kirchner llegaron al poder, ni bien termine esa concentración comenzará otra: la de la izquierda nucleada en el Frente de Izquierda, con el acompañamiento de la CTA autónoma, más partidos de izquierda y otras agrupaciones de derechos humanos.

¿No podían unirse esta vez, dado que confluyen en el "enemigo común", es decir, el gobierno de Mauricio Macri? Desde el kirchnerismo y sus organizaciones afines lo intentaron, una y otra vez, y hasta se propusieron unificar un texto en común para leer ante la multitud que llegará a la plaza (más precisamente a media plaza, que será la porción que el gobierno porteño habilitará para el sábado mientras termina su remodelación total). La idea: mostrar que, en materia de derechos humanos, existe un frente antimacrista unido, sobre todo pensando en las elecciones del año que viene.

Pero las diferencias en relación al pasado eran demasiadas y aún siguen latentes. "Queríamos incluir en el documento la ley antiterrorista, o el repudio a César Milani como jefe del Ejército, o la desaparición de Julio López. No quisieron, y por eso habrá dos documentos", contó por lo bajo un dirigente del Partido Obrero que se opuso desde el principio a la existencia de un solo acto.

Desde el FIT y otras agrupaciones de izquierda ven con recelo las recientes fotos que unieron al "kirchnerismo paladar negro" con referentes del PJ tradicional, como ocurrió en San Luis el fin de semana pasado. "Ahí no vamos a estar ni locos", repiten, aunque la decisión los condene a continuar, en la mayoría de los distritos, a la marginalidad política.

"Desde el FIT hasta el Frente Renovador son todos posibles compañeros", dijo hace unos días Agustín Rossi, uno de los nombres que circulan como eventual candidato presidencial del kirchnerismo, en un claro intento por unificar posturas, pensando no sólo en las PASO sino en las generales y en un eventual ballottage, donde una sola fuerza opositora enfrentaría al Gobierno si es que se llegara a esa instancia. Hasta ahora, el llamado no ha tenido éxito, más allá de alguna alianza ocasional en el Congreso.

En la Casa Rosada analizan el escenario de la división y sonríen. Las diferencias, sostienen, son demasiadas como para preocuparse. Mientras tanto, el jefe de gabinete Marcos Peña y el ministro del Interior, Rogelio Frigerio, favorecen el armado de una "oposición responsable" surgida del PJ moderado de los gobernadores y su correlato parlamentario. La idea es común a muchos gobiernos: intentar diseñar una oposición a medida.

Autoexcluidos desde hace años de las conmemoraciones del golpe en la histórica plaza -los macristas y los leales a Elisa Carrió por cuestiones de naturaleza política, pero también el radicalismo de Raúl Alfonsín que juzgó a las Juntas Militares y propició la creación de la Conadep- los integrantes de Cambiemos sienten que esa plaza no es "el" lugar para manifestar su repudio a los golpes militares. Serán espectadores de las manifestaciones del kirchnerismo y la izquierda, que dirán lo suyo, pero por separado.

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