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Quedó encandilado por una rubia misteriosa, perdió su rastro y diez años después la encontró en el lugar menos pensado

En el camino es donde la vio: un ángel de cabellera rubia y ondulada. Apenas fueron unos segundos, los suficientes para que él quedara encandilado. Cuando pudo reaccionar, ella ya había cruzado la avenida.
En el camino es donde la vio: un ángel de cabellera rubia y ondulada. Apenas fueron unos segundos, los suficientes para que él quedara encandilado. Cuando pudo reaccionar, ella ya había cruzado la avenida.
Señorita Heart
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23 de marzo de 2018  • 00:51

Sin conocerse, ambos habían dejado sus respectivos pueblos para ir a estudiar a Rosario. Venían de dos pequeños lugares en la periferia del mundo y, como muchos adolescentes, soñaban con obtener un título y triunfar en la vida.

Manuel llegó invadido por la curiosidad: investigaba la gran ciudad, su nuevo barrio, los ruidos, los colectivos y todo aquello que había reemplazado los días tranquilos de su pueblo, en donde la mayoría de las personas se manejaban en bicicleta y se saludaban en cada esquina.

A dos cuadras del departamento que compartía con un amigo había un supermercado gigante, que poco se parecía al almacén de su infancia. Allí decidió comprar su primer almuerzo, y en el camino es donde la vio: un ángel de cabellera rubia y ondulada. Apenas fueron unos segundos, los suficientes para que él quedara encandilado. Cuando pudo reaccionar, ella ya había cruzado la avenida.

El tiempo pasó y cada día él la buscaba a la misma hora, por el mismo lugar, con la esperanza de verla. Su imagen ocupaba gran parte de su pensar diario; había practicado palabras, gestos y sonrisas delante del espejo, y tenía planificado invitarla a tomar un helado apenas se diera la oportunidad. Pero esa rubia, que tan fascinado lo tenía, no apareció más.

Un tropezón y una sonrisa

Una noche de calor, Manuel, muy aburrido y sin conexión a internet en su casa, decidió ir a matar el tiempo a un ciber; un 1 peso la hora, dos por 1,75: había que aprovechar la promoción.

"Pasá por la 13, nene", le dijo el señor del ciber. Y ahí, justo en la 14, sin buscarlo ni imaginarlo, estaba ella, la rubia de sus sueños. Él quedó inmóvil mirándola, nervioso y temblando de pies a cabeza, hasta que logró sacar su mejor sonrisa y corrió la silla para sentarse. Pero sus rodillas, que apenas le respondían, flaquearon, y Manuel trastabilló con desmesurada torpeza. El mejor tropezón de su vida porque, gracias a él, descubrió que a esa cabellera la acompañaba la sonrisa más preciosa e iluminada que hubiera visto jamás.

Después de sonreírle, su misteriosa rubia siguió en su mundo; unos cuantos minutos más tarde, se levantó luciendo un hermoso vestido azul con flores blancas y se dispuso a partir.

Manuel corrió hasta la puerta, decidido a no perder la oportunidad de invitarla a tomar ese helado. "Te acompaño", le dijo con cierto temor, mientras escuchaba un "Nene, no te vayas sin pagar", por parte del dueño del ciber. "No, gracias", respondió ella, suave.

El tiempo pasó y siempre fantaseó con volver a encontrar a aquella mujer de nombre desconocido.
El tiempo pasó y siempre fantaseó con volver a encontrar a aquella mujer de nombre desconocido.

Ahí quedó todo, nunca más coincidieron; solo la veía pasar, cada tanto, desde el balcón. No quiso volver arriesgarse, ella ya lo había rechazado. Se conformó, entonces, con admirarla desde lejos.

Barrio nuevo

El año 2003 había llegado y con él, el fin del contrato de vivienda. Su amigo había abandonado la carrera y lo mejor que pudo conseguir fue un sucucho: pieza, cocina y baño, barrio nuevo, gente nueva, incómodo y ruidoso. La campana de la iglesia, que estaba a media cuadra, sonaba a menudo; la chimenea de la parrilla de al lado largaba el humo en su ventana y de las fichas de los enchufes salían unas pequeñas hormigas coloradas que invadían el azúcar del mate y el paquete de galletitas. La vecina de la planta baja no se cansaba de reprochar a su hija que había quedado embarazada siendo soltera, el de al lado pasaba horas discutiendo con su novia, y la de arriba no paraba de gritar. Todo negativo, y hasta se corría el rumor de que el departamento desocupado no se alquilaba porque estaba embrujado. Manuel estaba con el ánimo por el piso.

Un buen día, camino a la facultad, pasó lo inesperado. La rubia iba caminando por la vereda de enfrente, increíble. De pronto, y durante los siguientes dos años, comenzó a verla más seguido. Al parecer, compartían nuevamente el mismo barrio. Manuel no hizo nada; la creyó un amor imposible; además, ya tenía novia hacia un tiempo y estaba por mudarse con ella a un espacio más grande.

El tiempo pasó y siempre fantaseó con volver a encontrar a aquella mujer de nombre desconocido. Pero no sabía nada de ella y, ya en época de redes sociales, no supo cómo hacerlo.

El último beso

En una mañana fría del año 2013, un accidente de tránsito lo sorprendió a Manuel en su auto: traumatismos leves y un dolor abdominal que preocupó al médico de guardia. "Te esperan en el consultorio 5. Te llaman por apellido. Te van a hacer un estudio", le dijo.

En sala de espera, cabizbajo, dolorido y con la imagen del auto destruido en su cabeza, Manuel escuchó su apellido y se dirigió hacia la puerta entreabierta. Al levantar su vista, el tiempo y el espacio se paralizaron y todo a su alrededor se volvió irreal: allí, parada con un guardapolvo blanco radiante estaba ella, su rubia. "Yo a vos te conozco de algún lado", le dijo. Él, absolutamente impactado y con una sonrisa, lo primero que pudo decir fue: "no lo puedo creer". Y entonces le contó todo, desde el primer instante en el 2001, cuando vio la sonrisa más hermosa del mundo por primera vez. "Nunca dejé de pensarte y no sabía cómo encontrarte y durante años dejé de tener la suerte de volverte a ver. Quisiera invitarte a tomar un helado", le dijo, finalmente, más de diez años después.

Ella aceptó y conversaron sobre sus carreras (ambos en el área de salud) y sobre cada coincidencia. "Hay una más", le confesó ella, "Trabajaste dos años en el sanatorio que está enfrente de casa. Vos no me veías, pero yo sí a vos desde mí balcón cuando te ibas. La noche del ciber, cuando te dije que no, me arrepentí segundos después, porque era tarde y tenía miedo de ir sola; pensé por dentro que, si me preguntabas otra vez, iba a decirte que sí, pero eso no pasó. Siempre creí que había algo raro en nuestro destino, porque era sorprendente que nos mudáramos, sin saber, a los mismos barrios".

Foto de Manuel y su mujer...El primer beso se lo dieron frente al planetario de Rosario. ¿El último?
Foto de Manuel y su mujer...El primer beso se lo dieron frente al planetario de Rosario. ¿El último?

El primer beso se lo dieron frente al planetario de Rosario. ¿El último? Ellos dicen que no existirá mientras estén vivos, porque hoy, y desde hace 5 años, que están juntos, se aman, son felices y tienen muchos proyectos, entre ellos, dejar de ser dos para cumplir el sueño de ser una hermosa familia.

El destino, finalmente, logró reencontrarlos para no volver a separarlos más.

Si querés que la Señorita Heart cuente tu historia de amor en sus columnas, escribile a corazones@lanacion.com.ar

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