Band bang!: una sensible celebración, con humor y música

Gran diseño de máscaras y trabajo corporal
Gran diseño de máscaras y trabajo corporal Fuente: Archivo
Susana Freire
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23 de marzo de 2018  

Band bang! / Libro, dirección, concepto escenográfico y vestuario: Pablo Alarcón / Intérpretes: Ernesto Segall, Javier Benítez, Agostina Alarcón, Marcos Rodríguez, Ángel Cams, Mariano Frumento, Juan Eguiguren, Pablo Alarcón y Alan Barceló / Realización de máscaras: Pablo Alarcón y Juan Palavecino / Coreografía: Mecha Fernández / Iluminación: Matías Pilotti / Sala: El Cubo / Funciones: viernes y sábados, a las 21, y domingos, a las 17 / Duración: 73 minutos / Nuestra opinión: buena

Hubo famosos mimos que podían representar una historia a través de los movimientos del cuerpo, del gesto, sin uso del discurso. Más allá de Charles Chaplin y otros que se destacaron en la época del cine mudo, en la escena se debe señalar a Ettiene Decroux, quien estudió teatro en el Vieux-Colombier en 1923, dirigido por Jacques Copeau. Allí, tuvo la intuición de un arte corporal dramático.

Jacques Lecoq, referente del teatro del gesto; Jean Louis Barrault, que creó a su famoso personaje Baptiste; Marcel Marceau, quien dio vida a Bip, y Ángel Elizondo, Roberto Escobar e Igón Lerchundi, en la escena argentina, son solo algunos que escogieron esta modalidad.

Esta es la propuesta de Band Bang!: la interpretación sin palabras, con música, máscaras muy elocuentes y un discurso gestual. Absolutamente todos los participantes, incluidos los músicos, desarrollan esta técnica para contar pequeñas historias humorísticas, breves, pero con una carga de emociones que llega a conmover al público.

Dos niños en una plaza, el barrendero, el pescador, el cocinero, el acróbata, son algunos de los protagonistas que revelan la habilidad de los actores para componer los personajes. El encuentro de los viejos es un momento muy logrado por la ternura que provocan. También varían los ámbitos: la costanera, el subterráneo, la plaza, el bar porteño. Es decir, ambientes fácilmente reconocibles.

Merece un capítulo aparte la confección de grandes máscaras enteras que cubren la totalidad de la cabeza, con un diseño donde ya se encuentra el germen de la psicología de los personajes. Lo demás es la composición corporal y gestual de una manera muy convincente.

Contribuye el vestuario, con diseños muy específicos, y la iluminación que genera locuaces contrastes. Podría decirse que es una propuesta ingenua en su contenido, tal vez, pero sin lugar a dudas la dirección de Pablo Alarcón logra volcar una ráfaga de aire fresco sobre el escenario, ideal también para el público juvenil.

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