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Coney Island, Astoria y Belmont: barrios de Nueva York para descubrir

Más allá de Manhattan y sus circuitos híper turísticos, una gira por tres barrios diferentes en Brooklyn, Queens y Bronx para redescubrir una ciudad inagotable
Daniel Flores
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25 de marzo de 2018  

Belmont, un cuento del Bronx

Las pastas de Borgattis son un asunto de familia, como la mayoría de los negocios en la Pequeña Italia de Belmont
Las pastas de Borgattis son un asunto de familia, como la mayoría de los negocios en la Pequeña Italia de Belmont Crédito: NYC

La ciudad de Nueva York no necesita hacer grandes esfuerzos para atraer turistas. Pero algunos de sus barrios, más allá de los límites de Manhattan y ciertas zonas de Brooklyn, sí deben pelearla un poco para ganarse la atención de al menos algunos de los millones de visitantes que rondan a diario por Time's Square.

Como el Bronx, uno de los cinco boroughs que componen esta ciudad de ocho millones de habitantes. Al norte de la central y luminosa Manhattan, el Bronx es una zona percibida muchas veces como insegura y poco atractiva. Sin embargo, especialmente para quienes ya conocen bien la Nueva York turística, vale más de una excursión.

"Bienvenidos a la verdadera Little Italy", dice Anna. Es italiana, reside hace quince años en Nueva York y guía recorridos por Belmont, bastión fundamental de la italianidad neoyorquina. Todo el mundo (que pasa por Nueva York) conoce la Pequeña Italia de Manhattan, donde hoy proliferan más que nada los negocios chinos. Belmont, en cambio, es mucho menos transitado y mantiene en alto sus banderas rojas, blancas y verdes gracias a una ubicación apartada, incluso sin estación de metro a mano.

Parece el set de filmación para una película con De Niro o Chazz Palminteri. De hecho, justamente Palminteri es un vecino ilustre que por estos días protagoniza en Broadway A Bronx Tale, musical inspirado y ambientado en estas mismas calles (y dirigido por De Niro, coprotagonista de la versión fílmica en los noventa).

En la obra hay un homenaje a Gino's, la pastelería favorita del actor en Belmont. Se puede comprar la entrada para el show o pasar gratis por el verdadero local, empapelado con fotos de su fan número uno y otros famosos. Y con el gran Gino en persona detrás de un mostrador poblado de delicias, como su ya legendario canoli.

Gino's es una parada infaltable en cualquier tour de Belmont. Un comercio modesto en instalaciones, pero profundamente orgulloso de sus raíces, igual que otros destacados minoristas de la zona: la fábrica de pastas Borgatti's; la cincuentenaria panadería Terranova (con hornos a carbón), la pescadería Cosenza, la Casa Della Mozzarella y la fiambrería y despensa Joe's, con sus sándwiches para el campeonato. Todos de altísima calidad y atendidos por sus propios dueños, hijos y nietos de los fundadores, de inconfundible acento ítalo-norteamericano.

En el italianísimo mercado de Arthur Avenue hay un puesto de cigarros con armadores trabajando a la vista. No son cubanos sino también tanos, continuadores de la actividad a la que se dedicaron los primeros inmigrantes llegados a la zona, trabajadores tabacaleros.

Muy cerca del Little Italy, The Bronx Botanical Gardens es otro motivo para tomarse el metro o incluso el tren desde Grand Central. Un impresionante predio verde de 250 acres, donde se pueden apreciar maravillas como el Jardín de Rosas Peggy Rockefeller (florecido de mayo a octubre), con sus 600 variedades de medio mundo, o los edificios históricos del conservatorio y la biblioteca.

Cómo llegar: en metro, tomar las líneas B o D hasta la estación Fordham Rd y luego caminar unos veinte minutos.

Coney Island, una playa de película

La vuelta al mundo Wonder Wheel tiene casi cien años y es un símbolo de Coney Island
La vuelta al mundo Wonder Wheel tiene casi cien años y es un símbolo de Coney Island Crédito: NYC

Fuera de Manhattan, el borough neoyorquino que más se desarrolló durante los últimos años en términos de gentrificación y de turismo es Brooklyn, con sus barriadas cool y sus inmejorables vistas.

Pero lejos, bastante más lejos del puente de Brooklyn, hay un rincón que hasta hace poco no figuraba en los planes de muchos turistas. Se llama Coney Island y es una improbable (pero real) mezcla de playa popular, parque de diversiones retro y barrio de inmigrantes rusos.

Diez años atrás, ante la primera consulta por Coney Island, las autoridades turísticas de la ciudad podían ponerse nerviosas. No era un lugar que estuvieran ansiosos por mostrar. Hoy no hacen más que promocionarlo como destino imperdible.

Para visitarlo hace falta tiempo. Sobre todo, para llegar: desde el centro de Manhattan, por ejemplo, el viaje en subte parece eterno mientras se suceden más y más estaciones, durante más de una hora, primero bajo tierra y, en el final, sobre la superficie.

Para el viajero con la vista acostumbrada a Manhattan, Coney Island es una imagen onírica. De pronto, la locura de Broadway queda atrás y se llega a un auténtico balneario (repleto en verano), con duchas para refrescarse, sombrillas y redes de voley. Una amplia rambla acompaña el frente de un par de kilómetros de playa. De cara al mar y la arena hay algunos negocios de suvenires, pero más que nada un parque de diversiones que muchos reconocerán a partir del cine, desde el viejo film de culto Warriors hasta Wonder Wheel, la última de Woody Allen, y el reciente producto de la saga Hombre Araña, Spiderman Homecoming.

La costanera de Coney Island es un centro de entretenimiento y turismo desde fines del siglo XIX
La costanera de Coney Island es un centro de entretenimiento y turismo desde fines del siglo XIX Crédito: NYC

En el climax de esta última, el héroe arácnido y el villano de turno se enfrentan junto a la montaña rusa Cyclone. El juego, muy real, es un ícono de Coney Island, que por estos días cumple nada menos que 90 años de emociones fuertes. Puede parecer un entretenimiento naive, si se lo compara con los mucho más extremos juegos de última generación, pero el Cyclone, con su traqueteo vintage, se las sigue arreglando para entretener a grandes y chicos.

Otro juego clásico del lugar es el del título de la mencionada película de Allen, Wonder Wheel, una vuelta al mundo de casi cien años, que sigue siendo activada por la misma familia desde su instalación. También de fama cinematográfica, al pie de la Wonder Wheel se le pueden poner unas monedas a Zoltar, el genio tras un cristal al que el nene de la película Big le pide el deseo de ser mayor, sólo para despertarse al día siguiente en el cuerpo de Tom Hanks.

Quizás haya sido justamente por tanto tributo cinematográfico que, tras años de abandono y decadencia, Coney Island parece reconciliada con ese pasado como distrito de entretenimiento, que se remonta a fines del siglo XIX.

Hoy, la tradición del balneario es resguardada por una fundación, un museo exhibe pruebas de sus tiempos de gloria y un teatro (Coney Island Circus Sideshow) presenta a diario un espectáculo entre circense y alternativo, al estilo de los freak shows de antaño.

Lo primero que se detecta, sin embargo, al caminar desde la estación de metro hacia la costa, no es el parque de diversiones ni la arena. Es Nathan's, otro motivo de fama internacional para Coney Island. Es que el restaurante de comida rápida, fundado acá por un inmigrante polaco en 1916, es conocido como sede del campeonato mundial de ingesta de... panchos, la especialidad de la casa (ahora una cadena con decenas de locales). Al frente de la panchería, imposible no ver el gran cartel que anuncia el récord de hot dogs comidos por el actual campeón mundial: 72. Sólo en Coney Island.

Cómo llegar: en metro, desde la estación de la calle 42, tomar la línea Q hasta la última estación en Brooklyn.

Astoria, mi gran barrio griego

Astoria, en Queens, tiene todo para convertirse en el próximo barrio de moda
Astoria, en Queens, tiene todo para convertirse en el próximo barrio de moda Crédito: L. Maninjau

El centro de Astoria es una placita llamada Atenas. Está poblada por estatuas de Sócrates, Sófocles y Aristóteles y rodeada por banderas y carteles celestes y blancos. Todo confirma lo que se suele decir de este barrio en el borough de Queens: que acá habita la comunidad griega más numerosa fuera de la capital de Grecia.

Tradicionalmente, eso ha sido así al menos por cinco décadas. Pero en los últimos tiempos Astoria se convirtió en un barrio con muchas más comunidades de inmigrantes, probablemente el lugar de mayor diversidad étnica en Nueva York, lo que no es poco.

A pasos de las estatuas de los filósofos griegos proliferan restaurantes y tiendas especializadas en productos árabes, latinos, gallegos, búlgaros, indios, italianos y africanos con precios más amigables que la competencia a sólo un par de estaciones de metro, al otro lado del East River, en Manhattan.

Dicen que Astoria podría ser el próximo Brooklyn en cuanto la invasión hipster se consume. Tiene onda, es tranquilo, todavía es barato y ofrece un acceso rápido y fácil a Manhattan. Sin embaro, el ambiente en calles como Ditmars o la avenida 30 sigue siendo absolutamente barrial con sus pequeños comercios, casas bajas y vecinos no muy enterados de que viven a quince minutos de una de las esquinas más ruidosas y con la publicidad vía pública más cara del planeta.

La comunidad griega comenzó a colonizar esta zona de Queens después de la Segunda Guerra Mundial hasta conformar una especie de Pequeña Grecia, hoy tanto más diversa. Aunque restaurantes como Kyclades Taverna siguen siendo lo más destacado en el menú y atraen no pocos comensales de extrarradio en busca de musaka, souvlaki y otros clásicos. Pequeños supermercados atendidos por sus propios dueños, robustos y con pesado acento de Queens, disponen de una variedad insólita de quesos feta, latas de aceite casi coleccionables, aceitunas y otros productos mediterráneos, que habría que ver si se encuentran tan fácil en Atenas.

En un tour un poco aleatorio por el barrio, la esquina del Omonia Café es un buena parada gastronómica (ensalada griega compartible, 10 dólares), donde suelen encontrarse paisanos del barrio. Astoria es además un lugar ideal para buscar pastizzi, especialidad pastelera maltesa que funciona muy bien con el café helado también popular en el barrio.

Otro destacado de Astoria no tiene que ver con Grecia ni con la cocina. Se trata de la planta de Steinway, la prestigiosa fabricante de pianos fundada en 1853. De Septiembre a junio se ofrecen visitas guiadas, sólo los martes por la mañana y para grupos de hasta 16 personas (mayores de 16 años). Para admirar el proceso de construcción desde la madera en bruto hasta el último y delicado detalle, los cupos suelen agotarse con semanas de anticipación, así que conviene asegurarse la entrada (de diez dólares) incluso antes de viajar a través de la web oficial.

Cómo llegar: desde el centro de Manhattan, tomar las líneas de metro N o W hasta 36 Ave. o M o R hasta Steinway St.

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