La concepción, el big bang de la vida humana

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23 de marzo de 2018  

El ser humano es un ser itinerante, un nómade existencial. Su trayectoria vital tiene un punto de partida y uno de culminación. La concepción y la muerte configuran ambos límites.

El de la concepción y el de la muerte son los únicos momentos comunes a toda la humanidad. Entre una y otra estamos siendo. Porque somos seres en continua construcción. La concepción es mucho más que la fusión del óvulo con el espermatozoide. Es nuestro verdadero nacimiento a la vida. En el parto se nace al mundo, pero a la vida se nace en la concepción. En la concepción emerge un nuevo ser humano, único, irrepetible, diferenciado de sus progenitores y de todo otro ser humano. Con un diseño genético exclusivo (compartido solo por un gemelo) y un programa de vida personal y personalizado. Esto convierte la concepción en el mayor acto creativo.

La teoría del big bang es la más aceptada para explicar el origen del universo. Plantea que, desde un diminuto punto de materia megacondensada, se produjo una explosión desde la cual el universo está en expansión hasta su irrevocable final. La vida humana replica esta hipótesis. La concepción es nuestro big bang, la gran "explosión" vital. Desde una célula totipotencial nuestra vida se expande y evoluciona hasta su desenlace final.

Más allá del misterio que sigue envolviendo a la concepción y de los enigmas sin resolver aún, algunas reflexiones acerca de ella nos permiten ser concluyentes.

El de la concepción es el momento más decisivo de la vida humana. De no haber tenido cabida, ninguno de nosotros habría existido y, por lo tanto, ninguno de los otros momentos decisivos de nuestra vida. Se configura así la paradoja que nadie decide en el momento más decisivo de su vida. No es posible que alguien sea engendrado antes o después de cuando sucedió, ni es posible que alguien sea concebido por otros progenitores que los que aportaron los gametos precisos.

El de la concepción es el momento más trascendente de cada vida humana. Es el salto cualitativo más extraordinario: de no tener vida, se la adquiere en ese instante. De no ser, se adquiere ser en ese instante. De no haber sido engendrados no habríamos vivido ningún otro momento trascendente.

La concepción es el instante preciso en que el ser se temporaliza; a partir de allí estamos instalados en el tiempo, adquirimos historicidad. En la concepción se da una conjunción irrepetible de la temporalidad. Es nuestro absoluto pasado, nuestra edad cero. Es nuestro presente más presente, el más vigente, de todos los que habitan nuestra vida. Y asimismo es el único momento en que somos puro futuro, puro proyecto. La concepción es la plenitud de nuestra potencialidad.

Los griegos concebían de dos modos distintos al tiempo: cronos y kairós. Cronos representa el tiempo transcurrido; "mensurable" con el reloj o el almanaque. Kairós es el momento de la oportunidad, el momento propicio. Cronos nos recuerda el aniversario de nuestra concepción; deberíamos celebrarlo, como celebramos el aniversario del parto. Propongo denominarlo nuestro cumplevida. Kairós nos recuerda que estar vivos roza con lo milagroso: en toda la historia de la humanidad, el único momento posible para ser concebidos es cuando sucedió. Así, pues, todos hemos sido engendrados en el momento oportuno.

Nadie elige venir a la vida, pero todos hemos sido convocados a la vida. Ser engendrado es ser elegido, citado al escenario de la vida y la convivencia para desempeñar en él un rol protagónico.

Médico psicoterapeuta, autor de La concepción y el sentido de la existencia I y II , y de Teoría del Programa de vida.

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