Aldo Sessa en el Museo de Arte Moderno, una experiencia física

Mariana Arias
Mariana Arias PARA LA NACION
Charly García, por Aldo Sessa
Charly García, por Aldo Sessa Crédito: Aldo Sessa
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22 de marzo de 2018  • 23:46

"Estoy descubriendo a un fotógrafo que desconocía", dijo Aldo Sessa de sí mismo, ante la sorpresa de ver imágenes que hacía tiempo no veía, fotos propias, inéditas, que el genial artista había tomado con su alma de explorador y que había atesorado en su estudio. Una investigación llevada a cabo por Victoria Noorthoorn y su equipo del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, que demandó seis meses de trabajo exhaustivo, minucioso, seleccionó 700 fotos entre 800.000 imágenes de su archivo. Esta magnífica selección hoy luce en la sala del subsuelo del edificio ubicado en Avenida San Juan 350, hasta el 27 de mayo.

Ingreso al museo y bajo por el montacargas recuperado para la utilización del púbico. Ya en la sala donde se exhibe la muestra, la primera sensación es de impacto, una absoluta y repentina conmoción. La monumental obra de Sessa está allí, presentada de tal manera por Marcela Thomas -diseñadora, escenógrafa y cineasta brasileña- que logra que el espectador se vea envuelto por la mirada de Sessa, como si fuéramos objeto de su cámara, como si su lente nos hubiera atrapado, en una composición perfecta de luz y espacio, deteniendo el tiempo para siempre. En la muestra de Sessa no sólo somos espectadores, somo presas de su lente. Se produce, así, una reacción física que emociona de inmediato. Sólo un artista genuino puede provocar tal movimiento interno.

La exposición acerca la lupa sobre su experimentalidad constante, que comienza a sus 10 años con los primeros pasos de su carrera artística en el Taller De Ridder, y continúa durante toda su vida. 60 años de una observación del mundo que se encuentra entre su mirada profunda y su imaginación.

Foto de Aldo Sessa
Foto de Aldo Sessa Crédito: Aldo Sessa

"Estoy viendo algo que nadie vio", me cuenta apasionada la curadora Victoria Noorthoorn, que pensó, al encontrarse con planchas de contactos, negativos, copias impresas o digitales. Tenía ante sus ojos el documento vivo de un artista que ella califica como fundamental. Al ver todo ese material según ella era imposible de seleccionar. La monumental totalidad de las fotos (y cada una en particular) se pueden considerar un registro valioso de nuestra historia, de nuestra sociedad. Esto despertó el deseo de que la muestra fuera una evidencia del trabajo descomunal de un artista que los argentinos desconocemos. No sabía cómo lograrlo por la inmensidad de la obra que iba seleccionando con su equipo. El proceso fue espinoso. Aldo estaba preocupado y le sugería: "Tenés que buscar un tema, Victoria, si no se hace inabarcable". Sin embargo, la forma de trabajar era otra: estudiar toda la obra y hacerla hablar, que aparezcan los temas.

Pasaban las semanas y cada vez era más interesante y más difícil la selección. Cada imagen que aparecía era extraordinaria. Una mañana, antes de salir hacia el estudio de Sessa a continuar con el trabajo, Victoria recibió un llamado de Marcela Thomas; en el último minuto de la conversación, le pidió ayuda. "Necesitaba una mirada externa -recuerda Victoria-, y le comenté sobre mi problema de no encontrar la forma de hacer la puesta con las ya 2500 fotos elegidas. Le transmití que mi intención era que al entrar a la sala tenía que sentirse una evidencia física". En pocos minutos, Thomas visualizó una línea de horizonte de fotos de 20 centímetros que contarían un relato. Las fotos se ampliarían hacia la tierra y hacia el cielo, hacia arriba y hacia abajo de la línea principal.

El relato, los temas que tanto ansiaba Aldo Sessa, aparecen en columnas atravesadas por imágenes de todas las épocas. Ofrece un recorrido a través de las diversas investigaciones del artista, que nos sumerge en inabarcables universos con una misma materia: la mirada puesta al servicio de la creación. La luz, el instinto, la inocencia de un niño que nunca lo abandonó, que vive hasta hoy en el alma de un señor elegante, educado, atento; un niño que siempre lo acompañará para llevarnos de la mano y conducirnos a abrir una puerta hacia un mundo que nos perderíamos sin su valioso registro.

Foto de Aldo Sessa
Foto de Aldo Sessa Crédito: Aldo Sessa

Temas del relato de la muestra

La Vieja Buenos Aires (1958 - 2001): Son las primeras fotografías de Sessa, y con ellas, su mirada sobre la ciudad cuando comenzó a experimentar. La Boca, Barracas o Palermo, y en esos barrios los personajes y las texturas en juego con la abstracción.

Fotoperiodismo (1969 - 2007): Una disciplina en la que se inició como colaborador de LA NACION y La Gaceta de Tucumán. Es impresionante su particular manera de acercarse al hecho con cámara en mano y sin teleobjetivos, muy cerca de la escena: "Me interesa estar lo más cerca posible del conflicto, a dos o tres metros de lo que está pasando". Escenas conmovedoras de nuestra historia: las marchas de las Madres de Plaza de Mayo, el traslado del féretro de Juan Domingo Perón y las protestas populares ante la crisis de 2001.

Teatro Colón (1982 - 1987): "Para un fotógrafo, el Colón es el cielo, el purgatorio y el infierno". Sin flash, sin trípode, en la penumbra de los ensayos y funciones, con su movimiento único, capta la espera de los músicos, el gesto de concentración de los artistas, el instante del bailarín cuando parece volar suspendido en el aire. Jorge Donn, Julio Boca, Bruno Gelber, Luciano Pavarotti, son algunos de los protagonistas de esta serie.

Retratos (1957 - 2017): En sus imágenes muestra la evidencia de una tensión cuerpo a cuerpo en la que el fotógrafo lleva al retratado a componer la escena que mejor lo representa. Miradas, gestos, ámbitos que estuvieron relacionados con la vida de Sessa, amigos entrañables: Manucho Mujica Láinez, y Silvina Ocampo; Nicolás García Uriburu, la fotógrafa Lisl Steiner. Raúl Soldi, Rogelio Polesello, Marta Minujín, Charly García y la posibilidad de ver en esas fotos un costado único de los personajes captado por el ojo de Sessa.

Nueva York (1962 - 2017): Formas urbanas a partir de sus reflejos, busca a sus habitantes en sombras tras vidrios opacos y juega con inesperadas situaciones humorísticas. "Nueva York tiene una velocidad vertiginosa, demandante y cosmopolita. Me motiva mucho sentirme pulverizado allí, me hace bien, me despierta la creatividad".

Viajes (1963 - 2009): De los punks londinenses a los cultivos acuáticos de Birmania, de los mercados de El Cairo a los templos de la India, los viajes de Aldo Sessa por Inglaterra, Turquía, Tailandia, La India, China o Birmania, Para crear estas imágenes, Sessa buscó lo que llama "la distancia mínima", en la que el fotógrafo no sólo observa, sino que también es observado por los ojos que retrata.

Argentina (1980 - 2010): Un recorrido vastísimo por las geografías, los biomas y las culturas de nuestro país. Desde un solitario caserío patagónico como de un mar de manzanas en una cosecha rionegrina, y la característica manera de mirar al gaucho.

Naturalezas muertas y abstracciones (1964 - 2018): Imperdible es su trabajo sobre la naturaleza muerta, género clásico de la historia del arte. Estas fotografías son el fruto de un estudio obsesivo sobre las posibilidades de cada objeto en la privacidad del taller: las formas de una flor solitaria, un simple huevo o una hoja de papel develan un Sessa lúdico, entregado al mero placer de armar composiciones.

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