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Recuerdos de la infancia en la frontera entre México y los Estados Unidos

Reyna Grande, autora de La distancia entre nosotros
Reyna Grande, autora de La distancia entre nosotros Crédito: Gentileza de la autora
Reyna Grande escribió en "La distancia entre nosotros" su historia como migrante ilegal
Fabiana Scherer
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24 de marzo de 2018  • 00:00

Reyna Grande, autora de La distancia entre nosotros
Reyna Grande, autora de La distancia entre nosotros Crédito: Gentileza de la autora

"En los últimos años, alrededor de 200 mil niños llegaron a la frontera de los Estados Unidos con el fin de pedir permiso para quedarse. La mayoría provenía de lugares como Honduras, El Salvador y Guatemala, así como de mi propio país: México. La mayor parte escapaba de la violencia, la pobreza, opresión, corrupción, pero otros solo lo hacían para reencontrarse con sus padres", escribe Reyna Grande en el prólogo de La distancia entre nosotros (VRYA), la novela autobiográfica que narra su infancia y el cruce a los Estados Unidos como migrante ilegal.

Cuatro años tenía Reyna cuando su madre cerró la valija con la promesa de que no iría por mucho tiempo. La pequeña Reyna no sabía en dónde estaba Estados Unidos o por qué la gente de su ciudad natal, Iguala, Guerrero, lo llamaban el otro lado. Lo que sí sabía era que el otro lado ya se había llevado a su padre y que, ahora era el turno de su madre. "Nuestros padres nos abandonaron en México cuando vinieron a los Estados Unidos. ¿Qué tal si se habían olvidado de nosotros? ¿Y si nunca más los fuéramos a ver?" pregunta en la voz de la niña guerrense.

La portada del último libro de Reyna Grande
La portada del último libro de Reyna Grande Crédito: Gentileza de la autora

Con nueve años cumplidos, Reyna emprendió junto a sus hermanos (Mago y Carlos) el cruce de la frontera dispuesta a vivir en otras tierras junto a su familia. Tras dos intentos fallidos consiguieron hacer el peligroso cruce que la llevó a vivir un buen tiempo en las sombras como migrante. "Papi dijo que habíamos violado la ley al venir a Estados Unidos, pero en aquel entonces yo no entendía mucho de leyes. Todo en lo podía pensar era en por qué habría una ley que impidiera que los niños estuvieran con sus padres. Esa fue la única razón por la que yo había venido a este país, después de todo."

-¿Qué te llevo a contar esta historia? No es solo una novela sobre el cruce de la frontera, sino una travesía mucho más íntima, en la que narrás el abandono al que se enfrentan los hijos de los migrantes.

-A través de mi libro quería explicar la razón del cruce. El por qué la gente llega a la frontera y arriesga la vida. Creo que hay muchos enfoques en el cruce. Hay muchos libros que tratan el tema, y es un tema importante porque el cruce es muy peligroso y complicado. Pero para mí era también importante enfocarme en la vida antes y después del cruce. Esos años de abandono me dolieron más que esa semana intentando cruzar la frontera.

-En un principio este libro fue publicado para lectores adultos ¿Por qué decidiste volver a escribirla y orientarla al público joven?

-Como yo era una niña de nueve años cuando crucé la frontera y llegué a los Estados Unidos, mi niñez es una etapa que recuerdo muy bien, una etapa de muchos cambios y muchas preguntas: ¿Quién soy? ¿Dónde pertenezco? ¿Hasta dónde puedo llegar? ¿Qué puedo esperar del futuro? ¿Cómo puedo superar las barreras ante mí? Estas preguntas se las hacen muchos niños, especialmente niños migrantes o de familias pobres, o en situaciones inestables. En todo lo que pasa en el mundo, la pobreza, la violencia, el hambre, la inestabilidad social y económica, los niños son victimas inocentes. Los niños pagan por los errores de los adultos. Haber crecido en México, en la pobreza, en la corrupción, con pocas oportunidades, me permite entender al mundo y saber por qué hay una crisis global de migración. Cuando nuestro gobierno nos falla y no reconoce nuestro sufrir y no hace nada para ayudarnos a progresar, eso es una gran tragedia. Esas tragedias se están viendo por todo el mundo, incluso en Venezuela donde la gente, especialmente los niños, se están muriendo de hambre. Se requiere mucho valor y mucha fuerza interna para tratar de seguir adelante en un mundo lleno de injusticia, especialmente para los niños. A través de mi libro y mis experiencias quiero motivar a estos jóvenes a que no se den por vencidos, a que luchen y triunfen a pesar de las desventajas que tengan.

-¿Cómo fue crecer en la ilegalidad?

-A los migrantes se les acusa de ser "criminales" por haber violado la ley y entrar al país sin permiso. Es difícil vivir tu vida con el estigma de ser "criminal", cuando en realidad lo único que quieres es vivir una vida digna, estable, y tener oportunidades de superación. Cuando eres acusado de ser "criminal" te afecta mucho la autoestima y tu identidad como ser humano. Lo que me enoja es que la gente piensa que un migrante indocumentado es indocumentado porque quiere; no se dan cuenta lo difícil que es obtener una visa. Nadie quiere ser "ilegal", pero no hay de otra. Mi familia nunca hubiera calificado para una visa porque éramos muy pobres y no cumplíamos con los requisitos. Las cosas se han hecho aún más difíciles con Trump, ya que insiste con la idea de reducir las visas y dar menos oportunidades para migrar legalmente.

-La presidencia de Donald Trump es muy dura en política migratoria, sobre todo con los mexicanos. ¿Cómo se vive está actual situación?

-Ha sido muy difícil estos últimos años vivir así. Ese hombre nada más se pasa haciendo tonterías. Ataca a todos, a los migrantes, a las mujeres, a las comunidades de color, a los animales, al medio ambiente. Nada ni nadie está a salvo. Pero quiero decir que con el ex presidente Barack Obama, las cosas con los migrantes no eran tan buenas tampoco. Nunca voy a olvidar que bajo la administración de Obama, 2, 5 millones de migrantes fueron deportados. Esas son 2, 5 millones de familias que sufrieron, porque todo lo que pasa con la migración afecta a toda la familia.

-La crisis de los migrantes se replica en el mundo y suele despertar sentimientos oscuros. ¿Cuál es tu reflexión dada tu experiencia?

-Me duele mucho saber que hoy en día hay más y más migrantes. Tenemos que enfocarnos en los factores que empujan a la gente a migrar, y no en cómo castigarlos. Parece que es todo lo que se hace, pensar en cómo castigarlos y construir muros para mantenerlos fuera. Pero la conversación debería ser más enfocada en estas cuestiones: ¿Qué está creando esta situación y qué podemos hacer para ayudar a los migrantes? ¿Cómo podemos prevenir la migración y eliminar esos factores que están creando esta situación? Si no hacemos nada para eliminar el hambre, la pobreza, la corrupción, la violencia, la inestabilidad económica y política, la injusticia y la violación de los derechos humanos, siempre va a haber migrantes. Siempre habrá gente desesperada y sin otra opción más que migrar.

-¿La literatura puede ayudar a dar visibilidad estas cuestiones?

-La literatura ayuda a fomentar el entendimiento, la simpatía y la compasión. La literatura puede darte fuerza y motivación. Es bueno tratar de ver el mundo a través de los ojos de otra gente. Cuando lees un libro, vives la vida del protagonista y ves al mundo a través de sus ojos.

-Tuviste la oportunidad de visitar colegios y participar en diferentes foros como una voz representativa de los migrantes. ¿Qué es lo que más te llamó la atención?

-Lo que más me sorprende es el comentario que me ha hecho mucha gente: "Yo no sabía lo difícil que es la vida para los migrantes." Me da gusto que todos esos lectores que no sabían, ahora ya saben. Y el saber es muy bueno porque ahora ya no sufren de la ignorancia. Muchos que están contra los migrantes es porque no saben y no entienden.

-¿Qué rescatas de tu niñez en México?

-Mi niñez en México me formó como persona. Aprendí a ser fuerte, a no dejarme vencer, a soñar, a luchar por tener un futuro mejor que mi pasado.

-La mayoría de tu vida transcurrió en Estados Unidos. ¿Cómo definís tu identidad?

-Cuando era niña me sentí partida a la mitad. No era completamente mexicana y no era completamente americana. Me sentía marginada en ambas culturas y sociedades. Hablaba español con acento americano y el inglés con acento mexicano. Después, en la universidad, empecé a entender que me había transformado en una mujer afortunada: era bilingüe, bicultural, binacional. Era lo doble de lo que fui antes. Ahora, en vez de sentirme avergonzada de mi pasado, me da orgullo que mis experiencias me han hecho una mujer de dos mundos.

-¿Y tus hijos?

-Mis hijos son estadounidenses. Eso no lo puedo negar. Nacieron en los Estados Unidos. Su primer idioma fue el inglés. Y han vivido toda su vida aquí. Pero yo quiero que nunca se olviden de sus raíces mexicanas. Quiero que tengan muy presente el hecho de que su madre es migrante y que tienen familia en México. No quiero que se conviertan en esos estadounidenses que son racistas porque se han olvidado que sus antepasados fueron migrantes. Eso no lo aceptaré jamás. Ellos lo saben. Por eso los llevo a México cada año, y trato de inculcar en ellos el respeto y aprecio hacia la cultura mexicana.

-¿Qué tipo de relación mantenés con México?

-Voy a México dos veces al año. Me gustaría ir más seguido. Me gustaría irme a vivir allá por unos años. Tal vez más adelante lo haga. Por el momento, me gusta visitar mi tierra natal y ver a mi familia. Cuando voy a México, me ayuda a valorar lo lejos que he llegado en mi vida. Mi vida es completamente diferente a la vida de mis primos en México. Ellos todavía viven en la misma situación que yo dejé atrás. Lo bueno es que yo los puedo ayudar. He mandado a dos de mis primas a la escuela. Y ahorita estoy mandando a mi primo a la universidad. Espero que poco a poco puedan superarse, aunque la realidad es que en México no hay muchas oportunidades, aunque tengas estudio y título universitario.

-¿Cómo ves la actualidad de tu país desde ¨el otro lado¨?

-Pues me duele mucho porque observándolo desde afuera veo todos los defectos que tiene. Cuando voy a México regreso a mi casa en California con TEPT (trastorno de estrés postraumático) porque me duele ver a mi gente viviendo así. Trabajan muy duro para ganar una miseria: $5 dólares al día, cuando una pizza allá les cuesta $10. El gobierno mexicano eligió ese salario para la gente, sabiendo que todo está bien caro, la comida, la ropa, el combustible, el cuidado médico, la educación.todo lo que se necesita para vivir está carísimo y fuera del alcance de mucha gente.

-¿Conoceremos pronto tu nueva novela?

-Acabo de terminar la segunda parte de La distancia entre nosotros. Sale a la venta en octubre en los Estados Unidos. Se llama A Dream Called Home y trata sobre los siguientes diez años de mi vida, que retomo donde termina el relato de La distancia.. Ahora estoy trabajando en una novela sobre la guerra entre México y los Estados Unidos en 1846-48 cuando México perdió la mitad de su territorio, incluyendo California, donde yo vivo. California era tierra Mexicana, y sin embargo, me consideran extranjera.

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