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Messi tiene prohibido resfriarse

Cristian Grosso
Cristian Grosso LA NACION
Messi mira el partido desde el banco, a su lado el Kun Agüero .
Messi mira el partido desde el banco, a su lado el Kun Agüero . Fuente: LA NACION - Crédito: Fernando Massobrio
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23 de marzo de 2018  • 18:42

La Argentina no se quedó atrapada en un ataque de melancolía. Intentó rebelarse ante esa ausencia indisimulable, pero no pudo escapar de una sentencia que la atormenta: Messi es el equipo, y sin él, el proyecto se descascara. Sin Messi se evaporan los favoritismos. Sin él, no aparecen jerarquías alternativas para darle espesura a la idea. La propuesta es sana e identificable: sociedades y paciencia para que la pelota siempre sea el vehículo de las intenciones albicelestes. Un equipo prolijo, pero monótono. Intenso, pero previsible. Ambicioso, pero tibio. Le faltó inspiración para filtrar pases o romper líneas. Desborde, gambeta, magia. Lionel Messi, sí, faltó Messi. Messi no tiene derecho a sufrir una sobrecarga muscular. Ni un resfrío, tampoco.

No alcanzaron las esporádicas apariciones de Lo Celso o Lanzini: demasiado inestables para confiar. Paredes dilapidó su oportunidad. Los minutos de Di María como bastonero fueron los más desequilibrantes y el ingreso de un criterioso Banega abrió una victoria exagerada, para confirmar que no aparecen mejores que la 'despreciada' guardia vieja. Porque ahí nace el déficit: el ala renovadora no se asienta ni se anima. Antes Dybala, Pizarro, Rigoni, Papu Gómez., Lo Celso, Perotti, Paredes y Lanzini, aún con su golazo. Demasiados nombres para ninguna solución duradera. En el abanico de recursos hay poco más que el as de espadas.

Mientras Italia propuso un partido incómodo, siempre dispuesta a morder, presionar y molestar, la Argentina no supo desanudar el amistoso. Solo cuando el rival ofreció espacios y desacoples descubrió los atajos al gol. Pudo convertir la Azzurra un par de veces, cuando el destino del juego aún era una incógnita, pero puntual apareció Willy Caballero para ganarse su plaza en el Mundial. Del tubo de ensayo, nadie aprovechó mejor la mesa de examen que el arquero.

La Argentina sumó un triunfo mentiroso, lo más aconsejable sería desconfiar. Sin el beneficio de contar con el capitán, la selección desaprobó el desafío de inyectarle certezas a su idea. Y a Sampaoli se le escurrió otro amistoso para sumar apellidos a su libreta. Pierde tanta estatura sin Messi, que la selección desciende al lote de los equipos terrenales. Los que no pueden ganar un Mundial.

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