Decenas de sociedades y hasta un haras, el patrimonio del zar de Retiro

Crédito: Haras Dilu
Diego Cabot
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23 de marzo de 2018  • 21:16

"Dilú" podría ser el nombre de un negocio de barrio en el que los dueños inmortalizaron las primeras letras de los nombres de sus hijos: Diego y Luciano. Ese recurso fue el que utilizó Néstor Otero, en 1997, cuando bautizó el Haras Dilú, cuatro años después de haber ganado la concesión de la terminal de ómnibus de Retiro, predio que aún explota con su empresa TEBA.

Néstor Otero, el "zar de retiro", es un empresario con fuerte relación con el poder. Con el anterior y con el actual, a quienes conoce cuando se iniciaron en la política con la gestión de la Ciudad.

Fue Mauricio Macri el primero que lo investigó cuando era Jefe de Gobierno. En realidad, varias agencias de la Ciudad pusieron el ojo sobre dos lugares donde el empresario era una suerte de emperador: Retiro y Once. En ambos sitios, Otero tiene la concesión de las estaciones, pero la investigación que se inició tuvo que ver con la organización de venta ambulante.

Hasta allí llegó el gobierno porteño. Por entonces, la explotación de las terminales era jurisdicción nacional y no había nada que hacer. Cuando revisaron las concesiones, aquellos investigadores se encontraron con varias sorpresas. Una de ellas, quizá la más llamativa, era que los planos anexados y que fijaban los límites del predio establecían que parte de las veredas se podían explotar. Los memoriosos recordarán parrillas al paso en medio de la acera, al menos en Retiro. El tiempo pasó y Macri ahora maneja las dos administraciones. Pero Otero no ha sufrido grandes embates de Cambiemos, al menos por ahora. De hecho, mantiene todas sus concesiones.

La Ciudad y la Nación no pueden con el zar de Retiro

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El empresario tuvo algunos pasos por la Justicia. En un expediente que tramitó el juez federal Julián Ercolini se probó que Ricardo Jaime disfrutó durante años de un departamento en Avenida del Libertador cuyo alquiler pagaba Otero. No hubo explicación posible, todos los empresarios aceptaron una probation para evitar una posible condena. Con algunos miles de pesos en alimentos terminaron el asunto.

La vida comercial de Otero empezó con una pizzería en la zona Sur del Gran Buenos Aires y desde la gastronomía inició la construcción de su imperio. De la mano de Gerardo Sofovich entró a aquella polémica concesión del Zoológico de Buenos Aires donde manejó los locales de comida en el parque. Tuvo un paso por el comedor de uno de los pabellones de Ciudad Universitaria pero su gran negocio fueron las terminales de Retiro y Once.

Jamás puso el eje del negocio en los servicios a las empresas de transporte sino que concibió un esquema de negocios mediante el que todos los locales le pertenecen a personas cercanas (varios empleados tienen negocios a su nombre). Además, esos comercios se abastecen en empresas vinculadas y contratan servicios a compañías que comparten domicilios legales, socios y hasta el escribano que firma cada uno de los papeles.Todo un entramado de dinero oscuro. Tiene las estaciones de Lomas de Zamora, Puente La Noria, Santiago del Estero, Villa Gesell, Mar del Plata, entre otras. De a poco se quedó con gran parte de las estaciones terminales del país, al menos las que están en manos privadas.

Hay un antecedente que deja varias dudas. En plena arremetida del gobierno porteño contra Otero y la venta ilegal en los alrededores de Retiro y Once hubo un dato que hoy toma relevancia. Entonces, el empresario y el gobierno porteño se asociaron para la construcción de una terminal más en la ciudad. En el sur se construyó la poco concurrida Estación Dellepiane. Las causas contra el concesionario de terminales se ralentizaron. Como dice el dicho, las brujas no existen, pero que las hay, las hay.

Aquel proceso terminó también con una probation, la estación se terminó y actualmente tiene muy poco tráfico.

Pero al hombre siempre le tiró el campo, dicen quienes lo trataron. El Haras Dilú, una sociedad que se constituyó en febrero de 1997 y que lo tiene como socio con su mujer, empezó con un campo de 200 hectáreas ubicado en Melchor Romero, partido de La Plata.

A fuerza de pura sangre, el haras creció. Compró 1350 hectáreas en Tornquist donde tiene, según declaran la empresa misma en su sitio web, "1064 cabezas que están en período de reproducción". Luego sumaron 139 hectáreas en Pigüé y arrendó de 870 hectáreas más en Bartolomé Bavio, partido de Magdalena, en donde hay 868 cabezas de ganado bovino y cultivos de maíz y girasol. Además, tiene un feedlot preparado para alojar 3000 cabezas. Todo un emprendedor.

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