Cambridge Analytics y un debate necesario

Luis Paolini
Luis Paolini MEDIO:
(0)
24 de marzo de 2018  • 01:40

Este fin de semana el mundo se enteró de la existencia de una empresa llamada Cambridge Analytics, una firma inglesa que estuvo a cargo de campañas en redes sociales como la salida de Inglaterra de la Unión Europea (el famoso Brexit) y la campaña republicana para la elección de Donald Trump en Estados Unidos. Lo particular de esta compañía, si no fuera por lo importante de las campañas de las que fue parte, es que un exempleado filtró que tenían en su poder el perfil psicológico de más de 50 millones de estadounidenses sobre los cuales armaron la maquinaria de propaganda política más grande de la que se tenga conocimiento.

Cambridge Analytics comenzó sus operaciones utilizando una de las herramientas que Facebook pone a disposición de cualquier desarrollador al día de la fecha: las aplicaciones que se instalan sobre esta red social. Seamos realistas, ¿cuántos de nosotros ponemos foco en los permisos que le damos a las aplicaciones de Facebook que utilizamos? A su vez, ¿cuántas veces revisamos las aplicaciones que tienen permisos para utilizar nuestra información personal en esta red social como en cualquier otra? Según la empresa, ellos pudieron acceder, gracias a la aplicación "ThisIsYourDigitalLife", al perfil psicológico de 50 millones de personas, lo que les permitió generar campañas de marketing digital increíblemente sofisticadas con la intención de brindarle un impulso al partido republicano para ganar las elecciones en 2016.

Que ocurran estos sucesos en el siglo XXI no es casual, la humanidad llegó al punto donde no solamente conseguir información es muy económico, sino también el procesamiento de la misma puede hacerse con relativamente poco esfuerzo. Esto permitió a la empresa encontrar patrones de personalidad entre las preferencias de cada uno en la vida virtual y su posible intención de voto, para que, una vez identificado el perfil de la persona se la pueda "bombardear" con publicidad a partir de un objetivo específico (cambiar su intención de voto, lograr que comparta una noticia, etc.).

Esta situación lleva a comprender que nos encontramos en un mundo gobernado por los datos, somos parte de él en el mismo instante en el que abrimos una página web o una aplicación, y nos encontramos con avisos elegidos especialmente para cada uno de nosotros, en base a una enorme cantidad de datos que, sin querer, entregamos cada vez que hacemos (o dejamos de hacer) un click. En apenas milisegundos, se calculan nuestras posibles preferencias de compra, los precios que estaríamos dispuestos a pagar, momento del día, semana o año donde somos más propensos a generar un gasto; y, lo más importante, si damos con el perfil de usuario que quiere comprar: todo esto, antes de que la página que vamos a visitar aparezca delante de nuestros ojos.

Amazon ya se adelantó y comenzó a llenar camiones con productos de muy alta intención de compra y los tiene en las rutas para entregar los pedidos, que aún no se han hecho, en el menor tiempo posible. ¿Ciencia ficción? No, bienvenidos al futuro.

Esta realidad va incorporando en su dinámica a las últimas innovaciones tecnológicas, como el famoso big data (la capacidad de capturar, almacenar y preguntar a una masa de datos extremadamente grande) y machine learning (para darle a las computadoras la capacidad de entender todos esos datos y encontrarle un sentido para tomar decisiones). Más allá de su (mal) uso en el caso de Cambridge Analytics, ambas pueden crear soluciones que permiten la mejora de muchos aspectos de nuestra vida. Vale citar como ejemplo al sistema de expresión del que dispuso el recientemente fallecido Stephen Hawking, un sistema que se alimentaba de múltiples fuentes de datos para permitir que una persona con una enfermedad totalmente incapacitante pudiera dar cátedra utilizando solamente los músculos de su cara, o los asistentes de voz de los que disponemos al día de la fecha en nuestros teléfonos celulares, que han avanzado en el reconocimiento de nuestras palabras a pasos agigantados gracias a que durante años estuvimos alimentándolos de nuestras grabaciones de audio sin darnos cuenta.

Los ejemplos anteriores evidencian las oportunidades que tenemos por delante como humanidad en cualquier menester. Este punto, si bien es promisorio, posee varias cuestiones que deben trabajarse tales como la privacidad, contextos, regulaciones gubernamentales y educación, entre otras.

Las universidades comienzan a comprender la influencia de los grandes volúmenes de datos. El Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA) acaba de presentar la carrera de Licenciatura en Analítica Empresarial y Social con el objetivo de formar expertos en datos que puedan diseñar y aplicar algoritmos de machine learning en el entorno donde se desempeñan. Así también sería una valiosa alternativa implementar en la enseñanza primaria y secundaria materias con nociones de programación para darles a las generaciones futuras el entendimiento y la capacidad de que puedan desenvolverse en el mundo actual. Las posibilidades son variadas y la necesidad comienza a aparecer.

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.