La radicalización del agresor, en la mira

La policía investiga cómo fue su transición de la delincuencia al terrorismo jihadista
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25 de marzo de 2018  

PARÍS.- Los servicios de seguridad franceses multiplicaron sus esfuerzos para encontrar elementos que permitan explicar la transición del franco-marroquí Raduane Lakdim, autor del ataque de anteayer en Trèbes en el que murieron cuatro personas, de la delincuencia al terrorismo jihadista.

Cuando lograron ingresar al supermercado, una vez abatido el agresor, las fuerzas del orden hallaron tres artefactos explosivos artesanales, aunque en condiciones de estallar.

"Estos explosivos fueron colocados bajo precinto antes del transporte a un laboratorio de análisis", declaró una fuente de la investigación, citada por Le Point.

En su domicilio de Carcassonne encontraron un documento que definieron como "testamento religioso". Ese escrito, presentado como "bastante confuso", fue entregado a los expertos en contraterrorismo para ser analizado.

La policía francesa también consulta a especialistas en teología musulmana para tratar de descubrir eventuales indicios complementarios. Los servicios de inteligencia buscan determinar igualmente cómo Raduane Lakdim pudo procurarse una pistola automática de calibre 7.65 con la que perpetró sus ataques.

Otros elementos hallados en su domicilio condujeron a las autoridades judiciales a colocar en prisión preventiva a su compañera sentimental, de 18 años, también radicalizada. Lakdim se autoproclamó soldado del grupo jihadista Estado Islámico (EI). La milicia reivindicó después el ataque.

Ayer por la mañana la policía detuvo igualmente a otro amigo del terrorista, un menor de 17 años, sospechado de posible complicidad, aunque sin antecedentes policiales.

Según el fiscal antiterrorista francés, François Molins, los investigadores que siguen el caso intentan esclarecer si el atacante franco-marroquí tuvo ayuda o si alguien conocía sus planes.

Lakdim, que estaba a punto de cumplir 26 años -nació el 11 de abril de 1992 en Marruecos-, no estaba considerado una amenaza inminente. El joven, residente en Carcassonne, en el sudeste de Francia, sí estaba en el radar de las fuerzas de seguridad francesas, pero nadie pensó que estuviera tan radicalizado como para emprender un atentado.

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