Los diez días más tensos del vínculo entre Macri y la Corte Suprema

Jorge Liotti
Jorge Liotti LA NACION
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25 de marzo de 2018  

El jueves recién se levantaba de dormir una siesta, cuando a Mauricio Macri le informaron que la Corte Suprema había emitido una acordada, con la firma de sus cinco integrantes, para pedir al Consejo de la Magistratura que investigue cómo se conformó el tribunal que liberó al empresario Cristóbal López. El Presidente hizo una mueca quejosa de asentimiento, como quien sospecha de la novedad, y respondió: "Es algo, pero no alcanza".

Estaban cerca de cumplirse los diez días de mayor tensión en la relación entre el Gobierno y la Justicia desde que llegó Cambiemos al poder. Con un dato adicional: esta vez el enojo presidencial no solo apunta a los desprestigiados jueces de Comodoro Py, sino también a la Corte Suprema y a su presidente, Ricardo Lorenzetti.

Todos los que hablaron con Macri en estos días atestiguaron su malestar por el primer hecho que desató la crisis: la resolución de la Corte Suprema para que se vuelvan a sortear dos causas que involucran a Cristina Kirchner.

Al Presidente no solo lo fastidió su efecto jurídico, sino la convicción de que Lorenzetti no fue explícito cuando lo llamó para anticiparle la decisión. "Ese es el problema de poner a un ingeniero a hablar de Justicia con un viejo zorro", concluyó un influyente jurista, que observa con preocupación las dificultades de interlocución entre los dos poderes.

Macri creyó ver una entente judicial-peronista porque el impulsor de la medida fue Juan Carlos Maqueda, seguido por Horacio Rosatti.

Lorenzetti esta vez no fue el gestor, pero venía molesto por la decisión adoptada la semana previa por la Casa Rosada de crear una comisión para reformar el Código Civil, un cuerpo normativo que el propio titular de la Corte presentó hace tres años.

Al día siguiente, los camaristas Eduardo Farah y Jorge Ballestero terminaron de alterar al Presidente al liberar a Cristóbal López, pero sobre todo al cambiarle la acusación de fraude a evasión. Ni siquiera en los períodos del año pasado en los que en Comodoro Py se realizaba una olimpíada de procesamientos y detenciones Macri creyó en la conversión de los jueces. Siempre pensó que eran medidas de autopreservación de los magistrados ante el desprestigio social y la avanzada oficial. Y Ballestero siempre había sido uno de los que le parecían más zigzagueantes. Por eso ahora no vaciló en habilitar un pedido para que se investigue en el Consejo de la Magistratura el patrimonio del juez. En la Casa Rosada lo apuntan como el próximo Eduardo Freiler.

Esa tarde del jueves, después de la siesta, Macri contó a sus hombres cercanos cómo había resuelto imprevistamente anunciar en televisión el nombre de su candidata a la Procuración General.

Todos sabían que sería Inés Weinberg de Roca, pero no que se oficializaría ese día. "Estaba caliente y lo tiré", explicó jocoso su decisión, que apunta a introducir en Comodoro Py un agente externo a lo que él llama "la rosca política" en los tribunales.

En los últimos días surgieron evidencias de que están muy activos nuevamente aquellos jueces mañosos y viejos operadores, incluso quienes dicen hacer gestiones oficiosas en nombre del Gobierno.

En la Casa Rosada están confiados en que la prestigiosa jurista podrá con ellos y que el peronismo no se atreverá a frenar su acuerdo en el Senado. Les convendría ir hablando con las huestes de Miguel Pichetto porque ahí no están tan seguros.

Es que el Congreso será otro campo de esta puja. No por nada los mosqueteros Elisa Carrió, Emilio Monzó, Mario Negri y Massot fueron los motores el último miércoles en la Cámara de Diputados de un pedido de explicaciones a la Corte Suprema por las filtraciones de las escuchas de Cristina Kirchner y Oscar Parrilli. Recibieron un guiño del Gobierno para hacerlo, y aunque apuntaban a Ariel Lijo -el juez a cargo de la causa y sobre quien recaen sus sospechas-lograron de paso encender a Lorenzetti, quien leyó la jugada y apuró un pedido de la Corte para que se investigue qué pasó.

La semana terminó igual de tensa que como comenzó. Macri venía indigesto con dos fallos de Cámara de anteayer: el que confirmó la cautelar que eximió de pagar Ganancias a la mayor parte de los jueces nuevos, y el que declaró inconstitucional su DNU para fijar condiciones más estrictas al ingreso de extranjeros.

Al despertarse ayer se desayunó con la liberación de Carlos Zannini y Luis D'Elía. Lo llamó temprano al ministro de Justicia, Germán Garavano, para preguntarle cómo lo interpretaba. Y si bien Garavano le explicó que jurídicamente podría corresponder la medida, sospechan de ciertos vínculos con el kirchnerismo de los jueces que actuaron. "Entre esto y lo de la Corte Suprema de hace diez días, la causa quedó game over", resumió un funcionario.

Para el Gobierno, lo que está ocurriendo son expresiones de un "fin de ciclo" en la Justicia.

Para otros, una guerra de poderes en pleno desarrollo.

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