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Familia de campeones: Adolfo Cambiaso ganó en Palm Beach junto a sus hijos Adolfo VI y Mía, de 15 y 12 años

Adolfo Cambiaso, junto a su esposa y sus hijos
Adolfo Cambiaso, junto a su esposa y sus hijos
Xavier Prieto Astigarraga
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24 de marzo de 2018  • 22:30

Siempre fue el único Cambiaso luchando contra clanes consolidados en las alturas del polo: los Heguy (en dos ramas), los Pieres, los Novillo Astrada, los Merlos. En un deporte en el que la familia es un sostén no sólo afectivo, sino también estructural (caballos, instalaciones, cultura polística), Adolfo Cambiaso V fue -aún es, y lo será- un lobo solitario en el alto handicap, con compañeros de apellidos diferentes al suyo.

Ahora, el líder de La Dolfina empieza a identificarse con esa palabra sagrada, "familia". No es que venga de un repollo, claro; su padre jugaba, sus hermanastros jugaban. Pero hay más Cambiaso levantando trofeos, y parece que los habrá por muchos años. Mia y Adolfo VI, sus hijos mayores, vivieron algo que hoy disfrutan pero que con el tiempo valorarán como tesoro: levantar un trofeo importante con su papá.

En el club Grand Champions, de Palm Beach, padre y crías ganaron la copa Sterling, disputada por ocho conjuntos de 20 goles, un handicap muy alto fuera de la Argentina. Y entre los rivales hubo varias figuras: Guillermo Caset, Sebastián Merlos, Nicolás Pieres, Rodrigo Ribeiro de Andrade, Alejandro Novillo Astrada. Acompañados por Cristián "Magoo" Laprida, los Cambiaso actuaron por Valiente y se coronaron con una goleada, 10-4, al equipo de Nicolás Pieres y Nicolás Roldán, Audi.

Mia tiene 15 años. Adolfo (h.), "Poroto", apenas 12. Cada uno posee 1 de handicap. Y cada uno marcó 2 goles, o sea que los dos niños/adolescentes hicieron la misma cantidad que el cuarteto contrario. Los chicos, que jugaron muy bien, gozaron mucho. Su progenitor, quizás aun más.

Adolfo Cambiaso junto a su familia
Adolfo Cambiaso junto a su familia

"Ellos se divierten. No saben ni lo que pasa. No hay que ir eliminando etapas. Los divierte que sea una final y jugar conmigo. La pasamos bomba y encima ganamos jugando bien", contó Adolfo a la nacion. Sabe él de esas sensaciones: como Poroto, a los 12 años conquistó un trofeo de 20 goles con su papá. Es un lindo recuerdo la copa Eduardo Heguy elevada en 1987 junto a Adolfo IV, el medio hermano Marcial Socas y Rodrigo Rueda. A fin de año subirían a Adolfito a 2 goles, pero en ese momento tenía 0. Poroto, hoy con 1, viene un poco más rápido que uno de los dos mejores polistas de la historia en la escalera hacia el 10.

En aquel partido de la cancha 2 de Palermo, Rueda reemplazó a la yenda Horacio A. Heguy, que no pudo jugar ese día. Esta vez se dio algo parecido: Juan Britos (7) sufrió una caída en otro certamen y debió hacer una semana de reposo, y la reformulación abrió un lugar para Laprida y otro para Mia Cambiaso en la final. Música para los oídos de la chica que ama a los caballos.

Le tocó jugar de 2 a la suave y delgada quinceañera. O sea, correr, marcar, raspar. Y anduvo atajando a nada menos que Nico Pieres, que en Palm Beach lleva un insólito 8 cuando en Buenos Aires posee 10. "Tenía que hacer el trabajo sucio, pero se la banca, le gusta. Mia es muy de a caballo", contó Adolfo. A ella le fue más que bien: le dieron el premio al jugador más valioso del encuentro, y Biónica, a la que montó, resultó el mejor ejemplar. A Poroto, todavía más bajo y flaco que su hermana, le fue asignado ser el back. "Un back mentiroso", según el papá, de quien el chico jugó cerca y recibió pases luego de barrer al hombre.

"Jugaron bien los chicos, con buen funcionamiento. El resultado fue un poco una anécdota, pero el rival era bueno. Jugó fuerte pero con buena intención", comentó Adolfo. "Como padre, disfruté bastante. En la cancha los siento más como compañeros. Los siento como hijos antes y después del partido", agregó.

Desde fuera lo vivió María Vázquez, su señora, incómoda con eso de que sus retoños anden a mil en tan alto nivel. "La asusta, pero ella sabe que no voy a exponerlos a algo que sienta de mucho riesgo. Jugamos contra rivales que tienen buena onda; uno sabe con quién dejar jugar a los chicos", explicó Cambiaso, que entiende que "cuanto más alto el nivel, más seguro el juego, porque hay mejores jugadores y caballos. A nivel más bajo, caballos más riesgosos". "Si hubiese sido una final más áspera, quizás Mia no habría jugado. El polo de mujeres es más peligroso que esta final", aclaró.

Mia se coronó en diciembre en el Argentino femenino el mismo día en que su progenitor festejó en la cancha 1. En 2016, Adolfo había jugado el Abierto de Jockey con otra mujer, Lía Salvo. Hoy actúa en Estados Unidos junto a un archirrival, Facundo Pieres. Acostumbrado a impactar, Cambiaso ya piensa en más. "Podría jugar un Jockey con Poroto tranquilamente, aunque todavía no está listo", piensa. Y desea más experiencias familiares en la cancha: "Ojalá lo repita en un torneo en Argentina", se entusiasma.

Adolfo Cambiaso, el que construyó la porción más alta de su carrera sin parientes al lado, hoy se entusiasma con el polo familiar.

Adolfo Cambiaso junto a su familia .
Adolfo Cambiaso junto a su familia .

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