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Con Maradona y Messi a veces no alcanza: para eso está Dybala

Sebastián Fest
Sebastián Fest LA NACION
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24 de marzo de 2018  • 22:23

Con un Maradona es infinitamente más sencillo ser campeón mundial, pero no necesariamente suficiente. ¿Ejemplo? La final de México 86.

¿Perdón? Sí, el capitán no brilló especialmente en aquel partido. Alcanzaba -casi sobraba- con su gesta ante Inglaterra en cuartos y la maravilla de actuación frente a Bélgica en semis, pero en una final siempre hace falta algo más, se necesita a la gran figura. Y si la figura falla, ese "algo más" de cara al gol puede encarnarse en un Jorge Burruchaga, el hombre que reaccionó ante el empate alemán en el momento justo para sellar el resultado y volar rumbo al título.

¿Otro ejemplo? La final de Brasil 2014. No hay vueltas que darle: sin Messi, la Argentina se iba eliminada en la primera rueda de aquel inolvidable Mundial. Y con Messi, que al igual que Maradona no estuvo especialmente brillante ante Alemania, no fue suficiente para ganar la final. Se extrañó al lesionado Di María, que bien podría haber sido el Burruchaga del Maracaná, algo que tampoco estuvo al alcance de un disminuido Agüero.

¿Quién podría ser en Rusia ese jugador con la marcha extra, con el toque divino, la rebeldía y el talento suficientes para romper defensas, sacudir redes y sacar a flote a la Argentina si fallara la joya que responde al nombre de Lionel Andrés Messi?

Suena muy lógico pensar en Paulo Dybala, y suena muy ilógico el debate de los últimos días. Es muy comprensible que Jorge Sampaoli intente encender la chispa de la rebeldía en el cordobés, que no rindió en la selección al nivel que lo hace en la Juventus, pero el encendedor mutó casi en lanzallamas ("pensábamos que Paulo era un jugador top en la selección (.) Dybala pagó el costo de no acomodarse").

Aquello fue el jueves. Un día más tarde, tras el engañoso 2-0 sobre Italia, Sampaoli se moderó en diálogo con TyC Sports.

- ¿Está Dybala fuera de la selección?

- Paulo no está ahora, pero estamos viendo todos los partidos de Paulo para la comparación en la lista de los 23.

-¿Pero tiene chances?

- Sí, sí, como todos.

Es bien cierto: Dybala puede darle bastante más a la selección que lo que le dio en sus escasas apariciones. También Gonzalo Higuaín, que el viernes mostró despliegue, ganas y solidaridad en el juego pero falló ante el gol, ese don que lo hace tan necesario para la selección. Y en todo caso, ¿no le sucedió al mismísimo Messi eso de no poder mostrar con la Argentina el mismo nivel que con Barcelona? A Dybala, piedra preciosa del fútbol argentino y envidia de cualquier selección (por eso no es "como todos"), hay que ayudarlo y esperarlo. Sacudirlo en el buen sentido, si fuere necesario, pero no dejarlo fuera de los 23, porque ahí la Argentina arriesga demasiado.

El año pasado, Wanda Nara comentó desolada a sus más cercanos que el problema era que a su marido no le pasaban la pelota. La verdad es que no era el único ni el principal inconveniente, y por eso sería un error aplicar la misma receta a los casos de Mauro Icardi y Dybala, que no pueden ir en el mismo paquete. Es cierto que la selección tiene abundancia de delanteros, y ahí bien puede optarse por no contar con el capitán del Inter, una decisión de peso de todos modos. Pero a la Argentina no le sobran los "Dybalas", porque Dybala, como Messi, y sin obviar las distancias, hay uno solo.

¿Qué pasa si Messi se lesiona en el Mundial (y se toca madera por el tiempo que sea necesario)? ¿Tiene sentido cambiar la disposición táctica y los automatismos de una selección que Sampaoli armó en torno al rosarino y pretende transformar en "un equipo"? ¿O se le puede dar al cordobés la responsabilidad de ser un "falso Messi" y un auténtico Dybala?

¿Qué sucedería si Messi decidiera que no tiene ganas de jugar Qatar 2022 (aunque él y su gente sepan perfectamente que ya está en su calendario)? ¿Se hace debutar a Dybala en seco en un Mundial? Los diferentes, dicen los que saben, tienen que estar siempre. Y Dybala lo es. Como Ronaldo (el auténtico), que en 1994 no jugó un minuto y en 2002 lideró a Brasil hacia el pentacampeonato.

El viernes nos asomamos al abismo de una Argentina sin Messi. Y sin Dybala. Dejar al cordobés fuera de Rusia sumaría una excentricidad más en el país que ya está en el primer escalón del podio por ser el que más despreció al mejor jugador del mundo. Un jugador tan inteligente que seguro que también quiere tener a Dybala entre los 23.

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