Todavía se cuenta con una ventaja táctica

Daniel Gallo
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25 de marzo de 2018  

Tres cuerpos aparecieron calcinados en el sector más controlado por los narcos en la villa 31. Dos semanas después, otro triple crimen se registró en una casa utilizada como puesto de venta de cocaína en la zona sur de Rosario. Se trata de dos síntomas visibles de un problema estratégico que la sociedad argentina apenas percibe. Es un movimiento telúrico del mercado local de drogas que hace sentir las tensiones de su crecimiento.

Dos recientes informes oficiales dieron pautas para fijar la real magnitud del fenómeno narco más allá de los asesinatos. Por un lado, el Ministerio de Seguridad pudo definir que la circulación de cocaína y marihuana en la Argentina representa un mercado mayor a los $22.000 millones. La Sedronar, a partir de los datos obtenidos en la encuesta nacional 2017, estableció que el 35,5% de la población recibió una oferta para consumir drogas, evidenciándose el aumento del movimiento de sustancias prohibidas al conocerse que en 2010 -en la anterior encuesta nacional- esa ilegal propuesta había alcanzado al 20,5%. El mercado crece por la demanda.

La Argentina tiene todavía una ventaja táctica para hacer retroceder el impulso narco. Es que aquí no hay carteles dominantes que puedan hacer valer el peso económico de miles de millones de pesos obtenidos de manos de los consumidores. Los grupos son clanes territoriales que ni siquiera buscan proyección más allá de buscar la conquista de un barrio cercano. Un cartel local que manejase ganancias netas anuales de unos $8000 millones -cifra estimada al restarse las pérdidas por decomisos y la inversión en la compra de droga- se volvería incontrolable.

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