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Sin pantallas, con las canciones como única herramienta

Fuente: LA NACION - Crédito: Soledad Aznarez
Sebastián Ramos
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25 de marzo de 2018  • 03:17

Depeche Mode. Músicos: Dave Gahan (voz), Martin Gore (guitarra, teclados y voz), Andy Fletcher (teclados), Peter Gordeno (teclados y bajo) y Christian Eigner (batería). Función: anteayer, en el Estadio Ciudad de La Plata. Nuestra opinión: bueno

A pelo, que le dicen. Así fue lo de Depeche Mode anteanoche, en el Estadio Único de La Plata, ante 45.000 personas y en su tercera visita al país. Un rodeo difícil, con la lluvia amenazando desde temprano, como se preveía, y una falla técnica que dejó sin pantallas todo el show, en situación inesperada. Fue una pena no poder disfrutar de la puesta de una banda de estadios pionera en eso de ofrecer mucho más que un espectáculo musical y, al mismo tiempo, una demostración de cuánto puede cubrir la música todos los espacios sensoriales. Con puntualidad inglesa, a las 21 se apagaron las luces del estadio y, desde los parlantes, la versión acelerada del "Revolution" de los Beatles anticipó la salida de D. M. En penumbras, uno por uno los músicos se ubicaron en sus puestos dejándole a Gahan la entrada triunfal a través de una pasarela, en lo alto del escenario. Así, con un fondo de pantalla multicolor (el único recuerdo visual memorable de la puesta que quedará de la jornada), la sombra del cantante comenzó a balancearse y con cada uno de sus movimientos se adueñó de la noche, que pronto sería más oscura.

Depeche Mode salió al ruedo con "Going Backwards", de su último álbum, Spirit, pero rápidamente se apoyó en uno de sus discos más influyentes, Ultra. De allí sonaron "It's No Good" y "Barrel of a Gun", una doble dosis del poderío sonoro de esta demoledora máquina de entretenimiento, con Dave Gahan a la altura de su leyenda. El cantante se retuerce, gira sobre su eje, extiende los brazos para alcanzar al público y vuelve a probar un paso mickjaggeriano. A partir de ahí, un desperfecto técnico dejó a la banda sin pantallas, en un hecho inédito para un grupo de esta envergadura. Pero el show debe continuar, a pesar de que desde lejos no se vea y que algunos intenten un "silbido de protesta" entre tema y tema.

La banda que hizo de la electrónica y el tecno una aventura popular, encontró en su madurez su versión más rockera y oscura. Y lo mejor de todo es que le sienta bien. De allí que el quinteto pueda maniobrar en penumbras ante una multitud sin perder su esencia y apoyándose en lo más recordado de trabajos como Playing The Angel (2005), Violator (1990) y, nuevamente, Ultra (1997).

Sin el efectismo que la tecnología permite hoy en día para este tipo de conciertos multitudinarios, Depeche Mode tuvo que salir a ganarse a su público con canciones que ya son himnos y con un Gahan fuera de serie, que se mueve de aquí para allá y canta como si su carrera recién empezara y la vida misma se le fuera en ello. Puro drama y gestualidad desenfrenada. A su lado, Martin Gore le saca blues a su guitarra para temas pop. Sin dudas uno de los secretos mejor guardados de este grupo que siempre aparenta una cosa, pero es otra, a veces incluso diametralmente opuesta a lo que uno puede imaginar.

Llega "Insight" para el primer momento Gore (el cerebro musical de la banda canta, micrófono en mano, en plan intimista) y una intensa versión de "Home" que deja nuevamente en evidencia la relevancia de Ultra en la carrera de esta banda de sobrevivientes.

Tras "Where's The Revolution" (primer single y tercero y último tema que representarán de Spirit), entonces sí la banda se sube a la máquina del tiempo para regalarles a sus fans una seguidilla de hitos de cuando se convirtieron en reyes del synth pop: "Everything Counts", y "Enjoy the silence" trasladan a los argentinos más fanáticos a aquella noche de 1994, en el debut porteño del grupo en el estadio de Vélez.

La coreografía de manos que se mueven de un lado a otro se repite como un rito y por un instante el público parece olvidarse de que pagaron una entrada por un show que terminó siendo a medias y a oscuras. La arremetida final con "Never Let me Down Again" fue otra caricia al alma de los seguidores de la banda.

Al regreso para los bises, Gore sorprende con una versión sanguínea de "Strangelove", en voz y piano. Pero será otra vez Gahan el que guíe al público hacia el cierre del show, con una entrega difícil de olvidar, con sus gestos desafiantes y ese bigote anchoa perverso que solo los que estuvieron más cerca del escenario pudieron ver. "Walking in my Shoes" y "Question of Time" marcaron a fuego el camino que, inevitablemente, conduce a "Personal Jesus". "Yo te haré un creyente", canta Gahan y no queda otra que creerle a este pastor de ovejas descarriadas del rock.

Fuente: LA NACION - Crédito: Soledad Aznarez

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