Depeche Mode luchó contra problemas técnicos en La Plata

Dave Gahan, una bestia pop indomable
Dave Gahan, una bestia pop indomable Fuente: RollingStone - Crédito: Rodrigo Alonso
Pantallas gigantes apagadas y los vaivenes del sonido marcaron la tercera presentación en Argentina de la banda de Dave Gahan
Oscar Jalil
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25 de marzo de 2018  • 15:32

El inconfundible riff de “Revolution” en los parlantes anuncia el comienzo de una noche fantástica. Ni la lluvia tenue que salpica el campo del Estadio Único de La Plata puede afectar tanto fervor devocional. Desde temprano miles de fanáticos muestran el más variado abanico de remeras de Depeche Mode, son señas de identidad a un legado sensible que convive con otros monstruos sagrados de los ’80: hay modelos de Joy Division, The Cure, The Smiths y The Jesus & The Mary Chains que desfilan en una enorme procesión de trapos negros. Suena “Going Backwards”, el tema que abre Spirit, el vitalista último disco de la banda de Basildon. No es la mejor elección para agitar estadios, aunque el groove electrónico abre el show aparte de Dave Gahan: serpenteando por el escenario como un bailarín pasado de vueltas, parece una síntesis entre Mick Jagger y Freddie Mercury, pero en versión chongo futurista, con bigote finito y gesto lujurioso. Un gigante. El magnetismo que ejerce el cantante contrasta con la clásica posición de perfil bajo que asume Martin Gore o el efecto decorativo que ocupa Andrew Fletcher, arengando con los brazos como un robot de la fábrica Kraftwerk. Más activos aparecen los músicos que desde hace años acompañan las giras de la banda inglesa, Peter Gordeno en la doble función de tecladista y bajista, y el bombástico Christin Eigner desde la batería. La temperatura sube de golpe con los acordes maquinales de “It’s No Good”, el mejor Depeche de la etapa trío y con Ultra, como obra de resurrección. En ese momento, Gahan se vuelve indomable y mete en sus bolsillos a 45 mil personas. De pronto, justo en medio de “Barrel of A Gun” -con la cita hip-hopera a Grandsmaster Flash-, se apagan las tres pantallas gigantes y, lo que parece una falla momentánea, se convierte en el peor escollo para disfrutar del show pensado al detalle -ya con Juana Molina, encargada de abrir la tercera presentación de DM en Argentina, el sonido y las pantallas habían dado señales de alarma-.

Gahan al frente y Martin Gore en el fondo. El show de Depeche Mode quedó disminuido por los desperfectos técnicos en pantallas y sonido
Gahan al frente y Martin Gore en el fondo. El show de Depeche Mode quedó disminuido por los desperfectos técnicos en pantallas y sonido Fuente: RollingStone - Crédito: Rodrigo Alonso

Con ese inconveniente encima, la banda continuó con una carga extra de entrega, pero sin salirse del libreto que marca el Global Spirit Tour, que comenzó en mayo del año pasado en Estocolmo con un set-list que se repitió con escasos cambios a lo largo de la gira. Excepto para los que estaban cerca del escenario, lo que siguió fue un viaje a tientas desde las plateas y buena parte del campo. Sin embargo, esas miniaturas animadas lograron lo imposible. En la primera mitad del show, DM no apostó a los hits y empezó a dialogar con el paladar negro de sus fanáticos, con nuevas versiones para esas cumbres tristonas con bases electrónicas y estribillos de perfección pop enmarcadas en “Useless”, “Precious” y “World in My Eyes”. Una buena antesala para el momento Martin Gore y su convincente rol de cantante dramático al estilo Scott Walker. Nada más que piano y voz en la sentida interpretación de “Insight” junto a un coro gigante de la gente, que el compositor de la mayoría de los temas de DM dirigió desde la pasarela que cruzaba el campo de juego. Una ovación de gol futbolero saludó el regreso a la vida activa de las pantallas, pero duró poco. El resto fue pura garra y corazón de Gahan, como en la renovada versión de “Everything Counts”, aquel hit de synth-pop industrial que puso a Depeche en el mapa de preferencias argentinas allá por 1984. La sucesión de hits con “Stripped”, “Enjoy The Silence” y “Never Let Me Down” sacudió la memoria emotiva a pesar de los vaivenes del sonido y esa falla técnica imperdonable, que privó a la multitud de contemplar todos los movimientos de un show decididamente físico y que cobra sentido en los efectos visuales, los videos y el expresionismo de sus intérpretes.

Los bises sumaron más bronca a una noche destemplada. El segundo momento acústico de Gore con “Strangelove” puso al show en una meseta que la desinflada versión de “Walking in My Shoes” tampoco pudo mejorar. Mientras el recuerdo al enorme “Black Celebration” marcado por la usina electro de “A Questions of Time” mostró un poquito más de Gahan comiéndose el escenario con bailes endemoniados y gestos de seducción. Al igual que en toda la gira, “Personal Jesus” cerró la fecha, casi como una síntesis de un sonido con casi 40 años de historia: música electrónica marcada por una actitud rockera, que en situaciones de emergencia puede convencer a una muchedumbre que se quedó sin ver esos detalles legendarios de un concierto de Depeche Mode.

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