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Una experiencia inusual con los espectadores

HIstorias excéntricas y susurradas
HIstorias excéntricas y susurradas
Mercedes Méndez
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26 de marzo de 2018  

¿Querés ser feliz o tener poder?. Dramaturgia y dirección: Cecilia Propato Carriére. Elenco: Charlie Bulsara, Julián Felcman, Julio Rolleri, María Alejandra Granada Cortázar, Javier Piazza, Melina Fernández Guzmán, Hugo Gottschalk, Sasha Zelasco, Analía Farfaglia, Julián Mardirosian y elenco. Música: Agustín Konsol. Sala: Espacio Aguirre, Aguirre 1270. Funciones: sábado 21.30 hs. Duración: 70 minutos. Nuestra opinión: buena

En un momento de la historia, el teatro era para las personas un rito que jamás podría estar separado de la vida. Casi como una necesidad espiritual, los espectáculos eran celebraciones que se hacían al aire libre y sin distancias entre la escena y el público, que además intervenía y formaba parte de lo que se representaba de una manera vital para el hecho teatral. Con el tiempo esta comunión comenzó a distanciarse, hasta que en el siglo XIX aparece el telón como un gran símbolo de la separación entre espectadores y escenario, una barrera que las grandes renovaciones del siglo XX comenzaron a romper.

Este esquemático resumen sobre la relación entre público y teatro sirve para introducir y tratar de entender todos los intentos que ya en el tercer milenio se hacen por devolverle al espectador un lugar de protagonismo que en algún momento tuvo y luego perdió. En este contexto, se estrenó en el Espacio Aguirre ¿Querés ser feliz o tener poder?, una obra escrita y dirigida por Cecilia Propato, que propone recuperar esa experiencia en la que el público también es parte fundamental de la escena.

En la propuesta, 20 actrices y actores están divididos en cubículos enfrentados. De un lado, se representan micromonólogos que parten de profesiones poco comunes que están atravesadas por el poder y del otro por la felicidad. Según un número que le asignen, cada espectador podrá escuchar de manera individual un lado de las historias y no más de tres. Mientras tanto, habrá interrupciones y situaciones que se desarrollan en el medio de la escena y que convocan a todos por igual: público y actores, en el mismo espacio y presenciando las mismas situaciones.

Esta propuesta retoma también el viejo hábito del relato, contar una historia que se vuelve más intensa por la cercanía que se produce entre espectador y actor, quien puede susurrar y hasta contarle algo al oído al que lo escucha. Frente a este experimento, también es muy posible que el público se encuentre aturdido por lo que pasa en escena, que deba esperar para que llegue su turno de escuchar un monólogo o que el mismo bullicio y movimiento que se genera en el espacio, generen que no pueda sentirse del todo parte de lo que sucede. En un formato ideal, la obra no debería ser más que para 20 espectadores, así, todos pueden sentirse en una relación de igual a igual y dejarse atravesar por un mundo de historias excéntricas y casi susurradas, que esperan en cada cubículo negro y con un personaje detrás.

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