Fórmula 1: Ferrari se va victoriosa de Melbourne sabiendo que todavía es menos que Mercedes

Vettel y Hamilton compartieron podio en Melbourne
Vettel y Hamilton compartieron podio en Melbourne Fuente: AP
Pablo Vignone
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25 de marzo de 2018  • 23:59

Doscientos Grandes Premios, 48 victorias, cien podios. Sebastian Vettel reunía sobrados motivos para celebrar ampulosamente su triunfo en el GP de Australia pero, sin embargo, había algo de preocupación en el alemán a la hora de evaluar el éxito. "Es una gran motivación para lo que viene, pero todavía no estamos donde queremos estar, no siento el auto como debiera". El alemán sintetizó el pensamiento de Ferrari, que se va de Melbourne sabiendo que, aunque renovó la batalla con Mercedes por el título mundial, desde el punto de vista técnico está probablemente un escalón más debajo de lo que había terminado el campeonato anterior.

Mercedes arrancó una derrota de las fauces de la victoria: el campeón Lewis Hamilton había vapuleado a los coches italianos en la clasificación, gracias en especial al comportamiento del Mercedes W09 en las veloces curvas del circuito del Albert Park, pero resultó derrotado en el Gran Premio inaugural del 2018 por una combinación de errores propios y fortuna ajena.

El equipo campeón del mundo empezó a perder la carrera cuando Valtteri Bottas, su piloto número 2, destruyó su auto en un despiste a 190 km/h en clasificación. Hamilton marcó la pole por siete décimas de segundo sobre Kimi Raikkonen, pero estaba en desventaja táctica respecto a las Ferrari: desde el puesto 15° de partida, Bottas no podía colaborar con el inglés.

Así sucedió: cuando Raikkonen, que había perseguido al británico desde la largada, inició la ronda de detenciones en el giro 18, Hamilton paró una vuelta después para ponerse a resguardo. De esa manera, Vettel quedó solo en punta sin otro Mercedes que cubriera las posibilidades estratégicas del alemán. "Nosotros tenemos dos coches (entre los 5 primeros), ellos uno y tenían que picar el anzuelo", subrayó después de la carrera el ingeniero español Iñaki Rueda, el estratega de Ferrari, confirmando la movida. La fortuna hizo el resto.

Los Haas equipados con motor Ferrari ( "son Ferrari en todo menos en el nombre", se quejó el ex campeón mundial Alain Prost, asesor de Renault) sufrieron el mismo problema: una pistola neumática defectuosa devolvió a pista con una rueda floja a los coches de Kevin Magnussen (la trasera izquierda) y Romain Grosjean (la trasera derecha); el segundo no llegó a los boxes y de la neutralización obligada salió ganando Vettel, que aprovechó la reducción del ritmo general para completar su parada y regresar a la pista en la punta.

Mercedes admitió una falla en su software. "Nos indicaba que con 15 segundos de ventaja era suficiente (para mantener la punta)", informó Toto Wolff, el director deportivo. Hamilton viajaba 11s detrás de Vettel cuando el alemán se detuvo. "El software que hemos estado usando durante cinco años nos acaba de dar un número equivocado", se lamentó Wolff.

La escuadra campeona siempre tiene durante la carrera a una veintena de personas en su base de Brackley (Inglaterra) siguiendo las alternativas y trazando posibles escenarios para alertar al equipo en el circuito; esta vez, ni siquiera esa herramienta funcionó. El inglés tenía potencial suficiente para ampliar la ventaja sobre las Ferrari en esas primeras 18 vueltas de la carrera y ponerse a salvo: nunca se lo pidieron.

Hamilton había asombrado en clasificación y muchos se quedaron con la idea de que el "Modo Fiesta", ese plus de potencia que el motor Mercedes dispone en la instancia en la que se busca el mejor tiempo de largada, había hecho la diferencia. Pero Ferrari cuenta con los datos reales. Y no son satisfactorios.

En su mejor vuelta de clasificación (1m21s828, 664 milésimas más lento que el británico), Kimi Raikkonen fue tres décimas más veloz que el Mercedes en las rectas, pero en las curvas perdió poco más de un segundo. En la curva 1, el coche plateado dobló 11 km/h más rápido que el auto escarlata, en la curva 6 fue 16 km/h más veloz.

Más larga entre ejes que la versión 2017 para poder doblar a mayor velocidad, esta Ferrari SF71H no está cumpliendo con las expectativas con la que fue diseñada. En cambio, la nueva suspensión delantera del Mercedes W09 parece haber solucionado algunos problemas de puesta a punto que afectaron a Hamilton en el torneo anterior.

Las características del circuito del Albert Park que, se asegura que es el segundo circuito más difícil del calendario para superar rivales después del callejero de Mónaco, colaboraron con la tarea de Vettel para mantener a la Ferrari delante del Mercedes de Hamilton. En las últimas vueltas, el campeón eligió conservar el motor, de acuerdo al reglamento de este año, que solo permite usar tres impulsores a lo largo de los 21 Grandes Premios. "Confiamos en las computadoras y en los datos; en algunos casos, prefiero seguir mis instintos", se lamentó Hamilton.

Más allá de Ferrari y Mercedes, los RedBull confirmaron su lugar pero parecen lejos de la pelea. El doctor Helmut Marko confirmó que el motor Renault que los equipo posee un déficit de 30HP. Daniel Ricciardo quedó a menos de un segundo del podio, y se apropió del record de vuelta (a más de 222 km/h), pero Max Verstappen arruinó su difusor trasero en la sexta vuelta y por eso se desdibujó, sin poder contra un renacido Fernando Alonso, que acabó quinto, la mejor posición desde que regresó a McLaren en 2015, tras penar tres torneos con el frágil motor Honda. "Es otro panorama, podemos defender y atacar", afirmó el asturiano.

En Sakhir (Bahrein), escenario del próximo GP dentro de dos semanas, un circuito con largas rectas y sin curvas veloces, Ferrari podría verse mejor que Mercedes, pero al campeonato le quedarán después otros 19 Grandes Premios. En Maranello volvieron a sonar las campanas de la iglesia, como cada vez que gana un auto de la Scuderia, pero hasta el cura párroco sabe que el equipo que conduce Maurizio Arrivabene no debe confiarse si pretende ganar este año su primer título desde 2007.

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