Juan José Campanella: "Estamos avanzando, aunque no de la manera en que soñamos"

Juan José Campanella: "Es una pena la continuidad e la grieta"

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Jorge Fernández Díaz
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27 de marzo de 2018  

  • ¿Qué está haciendo?
  • Está preparándose para filmar una remake de Los muchachos de antes no usaban arsénico, el clásico del humor negro de su maestro, José Martínez Suárez
  • ¿Por qué nos importa?
  • Es un activo director y escritor de cine y televisión, pero también un hombre influyente en el mundo de las redes sociales, con una especial sensibilidad política. Ha participado en encarnizadas polémicas y mostrado gran lucidez
  • La entrevista completa hoy, a las 23.30
  • DirecTV, 715/1715 HD Cablevisión Digital, 19/618 HD y Flow TDA, 25.3 Telecentro Digital, 705

Es una voz de enorme influencia en las redes sociales y ha participado de encarnizadas controversias a lo largo de los últimos cuatro años. Heredero de directores de fuerte impronta social, como su admirado Frank Capra, ha estudiado la política en los libros y en el terreno. Y tiene una preocupación constante por la evolución de la democracia republicana. Juan José Campanella habla aquí de la pobreza, los engaños del populismo, la grieta y los aciertos y los errores de Cambiemos.

-Últimamente estuviste metido en el teatro. ¿Qué hacemos con Walter? es una obra muy interesante, para reírse, pero también plantea asuntos muy serios acerca de la clase media y los pobres, y cómo cada uno de nosotros tiene una visión muy diferente del problema?

-A mí lo que me preocupa mucho es esta especie de brecha que se fue armando entre las clases. Quizás asistimos al fin de la movilidad social. O por lo menos, digamos que en este momento está muy comprometida. Se ha logrado una separación muy grande entre la clase media, que ha empezado a tener ciertos valores a veces muy buenos, pero también medio reaccionarios, y un atrincheramiento de las clases bajas con poca opción a la movilidad social, como una especie de búsqueda de valor o de rebeldía. De todo eso nos reímos mucho en la obra de teatro. Pero también, como vos apuntaste en tu crítica, un rato después pensamos un poquito?

-Estás con Toty Flores en la provincia de Buenos Aires, en un proyecto de escuela de oficios digitales. Te instalaste en el conurbano bonaerense, ¿qué impresión te da ese vasto territorio gobernado durante 28 años ininterrumpidos por el Partido Justicialista?

-Lo conocía desde chico. Y conozco muchísima gente que se crio en el conurbano. Mi familia entera es de ahí. Lo que te encontrás en el conurbano profundo es una cosa muy distinta: el progresismo de la Capital no lo entiende, no lo conoce. Y por los diarios a veces da la impresión de que es una tierra muy salvaje, aunque en realidad vos ves muchísimos más rasgos de humanidad, de querer sobreponerse a eso. Únicamente parecería que el conurbano aparece en los diarios cuando hay un hecho violento. Violencia y atraso. Que existen también, por supuesto, pero que conviven con las ganas que hay en una enorme cantidad de gente de sobreponerse, de educarse, de participar de la sociedad de otra manera. Por supuesto, cuando existe una situación de debilidad hay personas que se aprovechan, y mucho. Hay gente incluso que ha tenido un canto de sirenas al estilo "te vamos a ayudar, te vamos a hacer mejor, a empoderar", cuando en realidad lo único que les daban eran unos mangos por mes y ninguna herramienta para mejorar por cuenta propia. Esto creó una situación de... ¿esclavitud? "Esclavitud" es una palabra fortísima. Pongamos semiesclavitud. Dependencia de esos pocos pesos, de pensar que si no hacen lo que les dicen se los van a sacar y no van a tener nada, y en muchos casos eso es cierto. Ese fenómeno es lo que hay que reemplazar con hechos, con esperanza, con obras, con educación y con una redefinición de lo que yo creo que es la dignidad. Hemos hablado en los últimos años de los "valores villeros": eso fue algo muy perverso. Fue confundir la dignidad de las personas con la dignidad de sus condiciones de vida. Les machacaban: "A vos te dicen que vivir en la villa está mal, que vivir sin los servicios básicos está mal, cuando en realidad sos digno". ¡Claro que sos digno! Pero las condiciones de vida no son dignas de vos. Esto es un discurso muy finito, pero que ha calado en mucha gente y que hay que ir desarmando. Yo he oído aquí en Capital críticas a las cloacas, minimizando esas obras...

Fuente: LA NACION - Crédito: Santiago Filipuzzi

-Recordemos que el 60% de la población del Gran Buenos Aires carece de cloacas después de múltiples despilfarros?

-Sí, hay muchísima falta de agua potable, y está lleno de calles en las que llueve y se embarra. "Cuando te vengan con esa estupidez de las cloacas vos tenés que contestarles tal cosa", les dicen los militantes. A mí me gustaría que la gente que habla de "la estupidez de las cloacas" se tuviera que levantar a las cinco de la mañana para ir al baño en una palangana a la intemperie o durante una noche de seis grados bajo cero. Me gustaría que vivieran esa experiencia durante unos días para saber cuán estúpidas son las cloacas.

-Claro, los que dicen eso son los progresistas "pitucos" de acá, de Palermo Hollywood.

-Sí, y después se sorprenden. No se habla mucho de cómo se está transformando todo esto y después se sorprenden con los resultados de las elecciones. Pero si estás ahí, en el barro, no te causa ninguna sorpresa.

-Vos y yo pertenecemos a la misma generación. En el 72, cuando éramos pibes, nos parecía que la Argentina no era un gran país, pero entonces teníamos 2% de pobreza. ¡Hoy tenemos 30%! ¿Qué nos pasó?

-Muchas cosas. Quizá fuimos complacientes con nosotros mismos. Sí, "¿te acordás que cuando éramos chicos? Acá nadie se moría de hambre". Cuántas veces hemos escuchado eso. Bueno, ahora acá se muere gente de hambre y hay personas que no tienen trabajo. Las cosas fueron empeorando notablemente en lo económico. En otros rubros mejoramos: en la democracia, claro, en lo institucional. ¡Tampoco hay que abogar, en ese sentido, por los años 70! Pero en estos tiempos que pasaron se ha relajado la impunidad, que es lo peor que seguimos teniendo: la Justicia, el "roban pero hacen". Aceptar eso sin castigar, ni siquiera cuando te agarran... Ahora es "roban mucho y hacen poco". Después es "roban demasiado y hacen muy poquito". Y, finalmente, será "roban pero roban y además no hacen".

-¿Por qué pensás que al progresismo, un colectivo muy afín para nosotros, de repente le parece que la megacorrupción de Estado que hemos tenido no es importante?

-Creo que eso lo tendría que explicar un psicólogo social: debería poner en el diván a la sociedad y ver por qué hay tanta gente que niega las evidencias más rotundas. ¡Ni siquiera tienen la mínima duda! Claro, ya lo decía Mark Twain: "Es más fácil engañar a la gente que convencerla de que fue engañada".

-Hablemos de la grieta...

-Es una pena. Siempre hubo diferencias de opiniones. Pero antes se mantenía la amistad. La novedad es pelearse. Esta rebeldía, este enojo mío, es a raíz de un concepto nuevo. Antes uno pensaba: esta persona que opina distinto está equivocada, es ingenua, tiene errores, no leyó lo suficiente. Hoy funciona de esta manera: este que piensa diferente es mala persona; apoya a los chorros, a los fascistas, a la dictadura, es un impedimento para que el pueblo viva bien. Esto provoca violencia en el que lo anuncia, rebeldía en el que lo recibe y reacción de todos. Es una de Montescos y Capuletos, y ya no se sabe quién empezó. Y ya los dos lados son culpables y víctimas de lo mismo.

-¿Cómo experimentás estos dos años de gobierno de Cambiemos, las broncas y las esperanzas?

-Es muy difícil juzgar procesos que son históricos, porque se juntan muchos factores: algunos que tienen que ver con la famosa herencia recibida, otros están relacionados con procesos globales, como la revolución digital. Muchos trabajos están desapareciendo y ese problema acá se mezcla con un momento político. Estamos avanzando en muchos sentidos, aunque no de la manera que soñábamos. Antes de las elecciones de 2015 hablé con dirigentes muy encumbrados de distintas posiciones y todos pensaban que acá había que cambiar el enfoque y que iban a llover las inversiones. No es así: las cosas son más difíciles y dependen más de nosotros que del afuera. Bienvenidos los que quieren invertir, pero creo que depende más de los que amamos este país y de los que no tenemos más remedio que vivir acá por una cuestión emocional, porque nos moriríamos en otro lado.

-Vos dudaste en algún momento de si te ibas a Estados Unidos o te afincabas en la Argentina. Y finalmente tomaste la decisión de quedarte...

-Viví 20 años en Estados Unidos. Yo tomé esa decisión de quedarme aquí por lo que se cuenta en Luna de Avellaneda: uno es socio vitalicio de acá. Vos y yo la podemos pasar fantástico afuera, como cuando nos reciben muy bien en España, pero hay algo del terruño de acá que tira. Me doy cuenta por cómo sufro el lugar más que por cómo lo disfruto, porque uno la puede pasar bien en muchos sitios, pero cuando alguien que no sos vos la está pasando mal y vos lo sentís como si ese dolor fuera propio? ¡ese es tu lugar!

-Si tuvieras que hablarle por teléfono al Presidente, ¿qué le dirías?

-No, sería como cuando un crítico me pregunta: "¿Por qué no filmaste esto de tal manera?". Y yo le respondo: "Mirá, estaba bajando el sol y tenía una hora para hacer la toma". ¿Te acordás que en el primer año se criticaba mucho el tema de que iban a ensayo y error? ¡Como si hubiera algún lugar en el mundo donde te enseñaran a ser presidente de la Argentina! Creo que si acá ponés un comité de Pericles, Winston Churchill y Mahatma Gandhi, al mes te están pidiendo por favor que los saques porque esto es inmanejable. Nunca critiqué lo del ensayo y error, pero sí es cierto que hubo muchas cosas en las que se manejaron mal, como el tema de las tarifas. Es muy importante corregir la comunicación: creo que hay un gran error de no explicar las medidas que se toman; por qué y qué significan exactamente. Dejan mucho lugar a la mala interpretación y han permitido instalar, a mi juicio injustamente, que este es un gobierno para ricos... Mirá, creo que la generación de trabajo es más importante que la generación de planes. Si bien los planes no se han cortado -todo lo contrario, han crecido-, veo con alegría que hay un proyecto de que la gente reciba esos subsidios directamente desde el Gobierno y no por medio de punteros u organizaciones, y espero que esto se lleve a cabo. Pero hay cierto tipo de cosas que están muy mal explicadas, como lo que ocurrió con las jubilaciones. ¿Cómo no se ve venir que cualquier cosa que tenga que ver con las jubilaciones nos toca en el corazón? Ese tema hay que explicarlo minuciosamente. Es decir, si el camino es atravesar el desierto, necesitamos a Moisés que nos esté explicando las cosas, porque si no, hace mucho calor, no hay agua y entonces la gente se rebela.

-¿Macri no sabe ser ese Moisés?

-Me refiero al liderazgo. Me parece que durante tiempo todo esto no lo han visto como un problema. Todo lo contrario, se creían genios de la comunicación. Hay muchos problemas que he tenido públicamente en mi rubro y que resultaron cosas mal manejadas o mal comunicadas.

-¿A la oposición cómo la ves?

-Para este proyecto de república que queremos se necesita una buena oposición. Y la alternancia. Porque si no, inevitablemente, empiezan los excesos. Creo que va a demorar un tiempo; me parece que todavía la oposición no ve exactamente lo que pasó, no hace un buen diagnóstico de lo que sucedió y no soy yo el que se lo va a hacer. Acordate de cómo se desarmó el radicalismo en el 2001, que era históricamente la principal oposición, y los años que le llevó articular un nuevo liderazgo. Creo que la actual oposición (el peronismo) no se da cuenta de que tiene que generar un nuevo liderazgo. Entonces está poniendo toda su energía en hacer que esto se caiga rápido. Y así siguen fallando y fallando en vez de tratar de hacer algo sólido y un mejor análisis .

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