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Música

Rolling Stones y Bob Dylan: 20 años de un encuentro "Monumental"

Martín Graziano
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29 de marzo de 2018  • 00:10

A dos mil años luz de casa nace una estrella. El brillo es su signo de partida. Un segundo después comienza su viaje a través de la galaxia, hace una larga parábola y, poco a poco, parece corregir su dirección camino a nosotros. No hacia la Tierra: hacia los sesenta mil tipos que, amontonados en el estadio de River, miran la pantalla oval como si fuera una ventana abierta al cosmos. Un ragga indio sube por las torres de sonido, se enciende una bengala, el impacto es inexorable. Ahí viene. Ya está aquí. La explosión deja un telón de humo que, apenas se disipa, ofrece la primera aparición: Keith Richards, de gafas negras y tapado de leopardo, dispara el riff de "Satisfaction". Oh, oh: vienen en son de paz pero, todo parece indicar, aún no están satisfechos.

Es el domingo 29 de marzo de 1998 y, solo tres años después de su primera visita, los Rolling Stones están de vuelta entre los argentinos. Tienen por delante cinco conciertos en el Monumental, algunas reuniones sociales y, posiblemente, una fecha para marcar en los anales dorados del rock & roll. Todo está en las manos de Bob Dylan . Pero su agenda, como es fama, permanece cerrada e inviolable. Y, pase lo que pase, no revelará el misterio.

"Después del paso del Voodoo Lounge Tour, la sensación y la realidad era que si queríamos hacer diez shows en lugar de cinco, podíamos hacerlos –dice Daniel Grinbank–. De toda la gira, Buenos Aires había sido la ciudad donde había asistido mayor cantidad de espectadores. No se podía extender porque ya había compromisos asumidos y tenían shows en Chile, pero había quedado claro que, cuando salieran otra vez de gira, Buenos Aires iba a entrar rápidamente en el mapa".

El 29 de septiembre de 1997 se editó Bridges to Babylon y el video de "Anybody Seen my Baby", protagonizado por Angelina Jolie, comenzó a rotar intensamente por MTV y los canales de música. Los Stones ofrecieron una conferencia debajo del puente de Brooklyn para anunciar el comienzo de una nueva gira mundial y, en los barrios de la Patria Stone se escuchó el tronar de muchas alcancías. "Un dato bastante importante es que la gente que manejaba a los Rolling Stones era la misma que manejaba a U2 –apunta Grinbank–. Y la banda de Bono, para esa misma época, tenía en sus planes venir por primera vez a la Argentina con el Popmart Tour. Se me junta una abundancia. Con menos de un mes de diferencia viene por primera vez U2 y de golpe los Rolling Stones, que no venían nunca, están de vuelta menos de tres años después de su primera visita. Y no había otro período para hacerlo. Tuve que lidiar con la saturación que podía llegar a generarse".

Rolling Stones

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Así sucedió. Los días 5, 6 y 7 de febrero, U2 montó el célebre limón gigante del Pop Mart Tour y una montaña de merchandising atiborró los pasillos del Monumental. Menos de dos semanas después, los Rolling Stones se subieron a su avión privado y recorrieron el globo en reversa: desde Osaka hasta Buenos Aires. El lunes 23 de marzo, apenas pasado el mediodía, desembarcaron en el aeropuerto de Ezeiza y se dispersaron. Charlie Watts y su esposa Shirley se instalaron en la mansión del Hotel Hyatt. Jagger viajó intempestivamente al Uruguay para visitar la casa de Marcos Gastaldi y Marcela Tinayre y cenar en algunos restaurants locales como Cipriani y Gitana. Acompañados por sus familias, Keith Richards y Ron Wood decidieron pasar unos días en una estancia de Lobos para saborear la gastronomía de la pampa profunda. "Hay un señor que se llama Néstor –contaba Richards-. Realmente sabe cómo silenciar un cordero".

Para el sábado 28 ya estaban todos de regreso en sus suites del Hyatt. En patas y con las ventanas abiertas de par en par, Richards ponía viejos discos de reggae y Miles Davis con el volumen lo suficientemente bajo como para seguir escuchando a los chicos que gritaban desde afuera. Por la tarde se vistieron de elegante sport y, frente a una entusiasta marea de periodistas y curiosos con contactos, ofrecieron una conferencia de prensa de veinte minutos. Jagger, de saco fucsia y modos de entertainer, confirmó la buena nueva: el sábado 4 de abril ofrecerían un nuevo concierto, esta vez con Bob Dylan como número central de apertura. Richards ofreció su sonrisa de bandolero y bajó a ofrecer algunas entrevistas con su célebre vaso de vodka y naranja. Tres hielos, para ser precisos.

Encuentro Monumental: Bob Dylan y los Rolling Stones interpretaron juntos
Encuentro Monumental: Bob Dylan y los Rolling Stones interpretaron juntos Fuente: LA NACION - Crédito: archivo

La reserva ecológica del rock and roll

La mañana del 29 de marzo, las inmediaciones del Monumental amanecieron con los fans más radicalizados haciendo cola con su entrada encanutada en los calzoncillos. Era un día soleado del primer otoño. Hacia el mediodía treparía hasta los veinte grados y comenzarían a subir los cantitos de cancha: "Ohhh, los Stones, los Stones, vamos los Stones". Algunos vendedores ambulantes caminaban junto a la fila de varias cuadras promocionando como la revista de los Rolling Stones al primer número de la edición argentina del medio de Jann Wenner: Rolling Stone. Era un buen anzuelo. Después de todo, su doble portada llevaba a Jagger de un lado y a Charly García del otro.

A las 18:30 se abrieron las puertas del estadio y los primeros chicos, en carrera frenética hacia el vallado, divisaron el escenario dorado: todas esas torres, cortinados y estatuas babilónicas que, ya entonces, resultaban un poco kitsch para el ojo diurno. A las 19:30, con el estadio aún incompleto, Viejas Locas subió al escenario. Piti Álvarez aun no era una celebridad tóxica, sino el frontman ocurrente del cuarteto de Villa Lugano. Expandidos con dos vientos recorrieron las canciones de su disco debut y los temas del flamante Hermanos de sangre.

Luego fue el turno de Meredith Brooks, la cantante de Oregon que llegaba precedida por una nominación a los Grammy como Mejor Cantante Femenina de Rock. Se topó con la tolerancia cero: indiferencia, monedazos, alguna botella. "Fue una mala sugerencia del sello discográfico –recuerda Grinbank–. Nosotros planteamos que era una locura poner a Meredith Brooks. Había sacado un primer hit que había pegado mucho, pero conociendo el espíritu del público de los Stones iba a ser difícil que fuera aceptado algo que no fuera auténticamente rollinga. Pero bueno, se probó y se cumplió lo que nosotros decíamos".

Fuente: LA NACION - Crédito: archivo

A las 22:05 se apagaron las luces y, guiada por las linternas, se apostó en su sitio la banda completa. Más allá de los cuatro Stones y el bajista Darryl Jones, se trataba de una verdadera orquesta de rock and roll: Chuck Leavell (teclados), Bernard Fowler y Lisa Fischer (coros), Andy Snitzer (saxofón), Michael Davis (trombón), Kent Smith (trompeta) y el histórico Bobby Keys (saxofón). El repertorio inicial siguió el derrotero pautado por toda la gira ("Satisfaction", "Let’s Spend the Night Together", "Flip the Switch", "Gimme Shelter"), pero mecharon una versión deslucida de "Sister Morphine" y el elegido del público fue "Under my Thumb". Por fortuna, privilegiaron su arreglo original con marimbas.

Luego, tras el segmento solista de Richards ("Wanna Hold You" y la preciosísima "Thief in the Night"), sobrevino el punctum de la noche. Un puente, agazapado al borde del vallado, desplegó sus 46 metros rumbo al Stage B: un pequeño escenario ubicado en el centro del campo. Los Stones caminaron literalmente sobre el público y, reducidos a una formación arquetípica (los cuatro más Jones y el tecladista Chuck Leavell), arrancaron con una versión de Chuck Berry: "Little Queenie". En un abrir y cerrar de ojos dejaron algo claro: si bien ya eran una de las bandas más tributadas del planeta, no podían ser imitados. Eran –siguen siendo- un puñado de tipos unidos por un ideal imperfecto –pero absolutamente original– de la música. Es decir que no hay truco posible: hay magia.

La noche siguiente fue el turno de la apertura de Las Pelotas. Meredith Brooks, que había aprovechado el lunes para recorrer San Telmo en busca de algún atuendo más "argentino", salió al ruedo con la casaca de la selección. No fue suficiente: duró solo un tema más. Arrojó la camiseta contra el piso y se fue sin saludar, con los ojos vidriosos de la bronca. Exactamente a las 22 horas, Roberto Pettinato abrió la transmisión de Telefe apostado en una de las plateas bajas y de espaldas al escenario: "¡Son la reserva ecológica del rock & roll!", dijo.

En los primeros shows de los Stones fue un rumor y en la noche del 4 de abril una confirmación: Bob Dylan abriría los últimos dos shows de Jagger y Cía en River y tocarían juntos
En los primeros shows de los Stones fue un rumor y en la noche del 4 de abril una confirmación: Bob Dylan abriría los últimos dos shows de Jagger y Cía en River y tocarían juntos Fuente: LA NACION - Crédito: archivo

Al margen de los asuntos sociales retratados por Gente (la charla entre la Mona Jiménez y Juanse, las quejas de Charly García: "Richards me invitó a tocar con ellos y ahora no me dejan pasar"), el tercer show coincidió con un nuevo aniversario de la Guerra de Malvinas. Ni el público ni las bandas soportes fueron ajenas a la fecha. Piti dedicó el show de Viejas Locas "a la gente que participó en Malvinas, a los de abajo, a los pibes como nosotros" y, antes de cerrar su performance, invitó al escenario a veinte ex combatientes. Los ascendentes Turf, por su parte, le dedicaron su set "a los chicos de Malvinas".

"Recién habíamos sacado el disco y habíamos ganado como Banda Revelación en una encuesta del Si de Clarín –recuerda Leandro Lopatín–. Éramos un poco como La Nueva Gran Cosa. Nosotros éramos más Kinks y más Who, pero teníamos algo stonecito. Fue una locura cuando nos avisaron. Estábamos recontra copados. Después nos enteramos que había tocado Meredith Brooks y le habían tirado una botella de cerveza de litro, una locura de esas que vivimos en Argentina en esa época de recitales. Nos llamaron de la Rock & Pop y nos dijeron que estaban preocupados. Nos preguntaron si queríamos hacerlo y nosotros dijimos que obvio que sí y fuimos para adelante con todo. Llegamos y los camarines eran en las aulas de la escuela de River Plate. Tengo unas fotos en las que estamos al costado del escenario, antes de salir a tocar, y las caras son una locura: todos muy pendejitos, muy cagados y nerviosos por tocar en la cancha de nuestro querido River Plate. También tengo fotos del después: unas caras extasiadas y sonrientes, festejando con una alegría de locos. Al final, nos fue muy bien y nos dijeron «toquen uno más». Nos quedamos un rato en los camarines con los amigos de Viejas Locas comiendo sanguches y, en un momento, un chabón empezó a los gritos. La gente se corrió, los vimos pasar".

Una infografía de la puesta del show, los músicos y todos los detalles de la gira, aparecida en el suplemento Vía Libre de LA NACIÓN
Una infografía de la puesta del show, los músicos y todos los detalles de la gira, aparecida en el suplemento Vía Libre de LA NACIÓN

Reunión cumbre

Es solo dinero, pero nos gusta. Aunque el River de Ramón Díaz debía jugar de local frente a Unión de Santa Fe, la productora local pagó un canon superior y trasladaron el partido a la cancha de Vélez. Bob Dylan postergó unos shows en Florida y todo se duplicó: además del sábado 4 de abril, la reunión cumbre se celebraría también el domingo 5. Rápidamente, Rock & Pop anunció que quienes ya habían asistido a los primeros shows podían comprar su entrada con descuento presentando una ¡fotocopia! de aquel primer ticket.

Las apuestas corrieron como un reguero de pólvora. Solo un par de años antes, la banda había grabado una versión de "Like a Rolling Stone" y había compartido el escenario de Montpellier con el trovador de Minnesota. "No habíamos anunciado ni vendido el encuentro, pero se había generado una gran expectativa alrededor de ese posible encuentro y todo el mundo suponía que podía suceder –dice Grinbank–. El problema es que las cosas no son siempre como se supone que tienen que ser".

Fuente: LA NACION - Crédito: archivo

La tarde del sábado comenzó nuevamente con Viejas Locas y, durante el set de Las Pelotas, Fernando de la Rúa –entonces Jefe de Gobierno porteño- le entregó una plaqueta como ciudadano ilustre de Buenos Aires a Dylan y cada uno de los Stones. A las 20.30, un Dylan circunspecto subió al escenario y descargó munición gruesa: "Maggie’s Farm", "Lay Lady Lay", "Cold Irons Bound". A las 21:45 cerró su concierto con "Highway 61 Revisited", bajó las escaleras y se encerró en su camarín. "En el backstage todos estábamos viendo si ocurría o no… hasta que sucedió ahí mismo –apunta Grinbank–. Diez minutos antes del show, Keith rompió el hielo y fue al camarín de Bob para acercar posiciones entre Dylan y Jagger. Lo invita a tocar y ahí se acuerda en que harán juntos ‘Like a Rolling Stone’".

Así fue. Después del jugueteo erótico con Lisa Fischer en "Miss You", Jagger se recompuso y presentó al trovador sin rodeos. El encuentro se produjo exactamente a partir de las 23.13. "Desajustado, con apenas unos minutos de ensayo y el contraste entre una actitud y otra visto en pantalla gigante, el clásico fue el mayor temblor de la noche", escribió Daniel Amiano en LA NACIÓN.

Stones y Dylan

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Aunque sin demasiadas modificaciones en el programa, el domingo 5 de marzo tuvo el sabor de la despedida. Dylan reunió a su cuarteto (Tony Garnier en bajo, David Kemper en batería, Bucky Baxter y Larry Campbell en guitarras) en el centro del escenario y arrancó con "Absolutely Sweet Marie" como si estuviera en un bar del Lejano Oeste. Excepto la rendición de "When the Whip Comes Down", los Stones repitieron el mismo repertorio del primer show de la serie. A su manera, una forma de unir las puntas del mismo lazo.

Al día siguiente partieron en su avión privado rumbo a Río de Janeiro. El ala contable arrojó algunos números (los habían visto 271.766 personas; la recaudación era de 14.819.850 pesos) y el ala artística dejó una frase marcada con flúo: "Son el mejor público del mundo". Ya en noviembre, cuando los primeros cínicos comenzaban a minar su credibilidad, la edición de No Security rubricó el gesto con un regalo. El booklet del disco no solo incluía el registro fotográfico de su paso por Buenos Aires, sino que las versiones de "Saint of Me" y "Out of Control" estaban tomadas de su show del 4 de abril, en el Monumental.

En ese preciso momento, todos juntos ahora, miles de argentinos pusieron el disco y repitieron la misma frase: "Yo estuve ahí". Faltaba casi una década para su regreso, pero al menos tenían un souvenir. Y se sabe: no siempre podés tener lo que querés.

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