Una pésima designación en la Cámara de Diputados

El nombramiento de Leopoldo Moreau al frente de la Comisión de Libertad de Expresión constituye una ofensa al periodismo argentino
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27 de marzo de 2018  

La designación del diputado Leopoldo Moreau como presidente de la Comisión de Libertad de Expresión de la Cámara de Diputados de la Nación ha causado desagrado y desaliento en las entidades representativas de la prensa nacional.

El presidente de la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA) y representante de La Gaceta de Tucumán, Daniel Dessein, expresó la alarma en una entrevista con LA NACION. En otros medios se creyó también del caso señalar la desafortunada participación del diputado por Unión Ciudadana, la alianza electoral justamente promovida por la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, entre los ecos que produjo la agresión de que había sido víctima el periodista Julio Bazán, de TN. Como se sabe, este fue herido de consideración por patotas que se movilizaron contra la aprobación de la reforma previsional, a fines de año. En uno de los pastiches verbales con los cuales trata de salir del paso después de meterse con regularidad en situaciones de provocación, Moreau reconoció que Bazán había sido atacado por "un grupo de inadaptados". Pero no por eso se rectificó; buscó, en cambio, el atajo de decir que el veterano periodista había sido, en definitiva, "víctima del grupo donde trabaja".

¿Está en condiciones de comprender la gravedad de sus palabras este legislador por la corriente política que más daño ha pretendido inferir a la prensa independiente en la Argentina contemporánea? ¿Ha reflexionado sobre lo que significa asignarle a Clarín, el grupo periodístico con el cual colabora Bazán por libre decisión, responsabilidad alguna en lo que ha sido la acción indisimulada de una turba que se apoderó de las calles? Aceptarle a Moreau sin reproches esa tesis es dejar abiertas las puertas para que frente al ejercicio del terror o la intimidación contra cualquier periodista alguien como él pueda deducir que la culpa la tendrá el medio de comunicación en el que se desempeña el profesional afectado.

Aquellos incidentes en cuyo desarrollo se perpetraron las acciones contra Bazán son parte de un cuadro más que conocido en los grandes centros urbanos, y sobre todo en Buenos Aires. Ningún ingrediente falta entre los cuadros de quienes con frecuencia se apoderan de los espacios públicos para asimilarlos a las descripciones de manual de lo que es propio de mafias que matan y hieren. No ocultan, sino que ostentan, los instrumentos apropiados para actuar con violencia, como sucedió en las adyacencias del Congreso, a fines de año.

Hasta la última escoria de la sociedad, con sujetos salidos de barras bravas profesionalizadas del fútbol argentino, integra el sórdido cortejo habitual en desplazamientos callejeros que culminan en trances de la mayor violencia. Las declaraciones de Moreau quieren desviar la atención de donde debe estar puesta. ¿Quiere situar al mismo nivel de lo deleznable en el campo social y político a uno de los principales grupos periodísticos del país?

Resulta penoso el papel del nuevo presidente de un tipo de comisión legislativa que tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado de la Nación contó con figuras que de verdad se interesaron por la libertad de prensa, como José Antonio Romero Feris y Silvana Giúdice.

En la distribución anual de la presidencia de comisiones, la mayoría de los legisladores toma decisiones sobre la base de que en última instancia el plenario de cada cámara reencauzará por la senda de lo razonable los desvíos eventuales que produzca alguno de sus grupos de trabajo. Con respuestas de esa índole se quisieron amortiguar en el oficialismo las observaciones críticas hechas al concederse la presidencia de la Comisión de Libertad de Expresión a la facción política que tanto hostilizó durante 12 años al periodismo reacio a medrar con las millonarias prebendas que repartía.

No ha sido poco y resulta absurdo el premio otorgado de tal modo a quien venía de ser expulsado máxima sanción partidaria de la Unión Cívica Radical. La sanción corrió por cuenta del tribunal de ética partidario. Se fundó en la adscripción al kirchnerismo de quien había sido vicepresidente del bloque de diputados nacionales en tiempos del presidente Raúl Alfonsín. El tribunal argumentó que el kirchnerismo había configurado "un régimen populista, autoritario, oportunista, corrupto, impostor e ineficiente".

Ninguna voz se levantó en la UCR en favor del militante desplazado y protagonista en 2003 de una candidatura presidencial que solo obtuvo el 2,34% de los votos emitidos y llevó al partido a una derrota tan abrumadora que de ella pudo decirse que ni siquiera los correligionarios la habían acompañado.

La prensa argentina no siente que la inesperada presidencia de Moreau en la Comisión de Libertad de Expresión de la Cámara baja sea un resguardo en defensa de intereses estratégicos de la sociedad. Por el contrario, advierte que con la misma vehemencia con la cual Moreau, al poco tiempo de ocupar una banca, se involucró en el recinto en incidentes que procuraron dañar la institución legislativa, en cualquier momento puede renovar desde aquella comisión las hostilidades que avaló al asumir los postulados de un régimen que resultó nefasto para el periodismo argentino.

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